En la muñeca: Drive de Cartier, el nuevo icono masculino. Modelos y precios

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El Drive de Cartier se presentó el pasado enero en el SIHH 2016 y fue toda una sorpresa, y además largamente esperada: un reloj decididamente masculino, con distintas complicaciones, calibres de manufactura y en dos metales para alcanzar a todo el mundo. En dos palabras: un exitazo.

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Por supuesto que Cartier tiene una larga, larguísima, lista de relojes masculinos, pero cuando el año pasado apareció el Clé de Cartier (que presentamos en este artículo) los sentimientos fueron encontrados: la manufactura lo presentó como un reloj de hombre, pero en realidad era -es- más unisex, hasta el punto que también se presentaron modelos femeninos a la vez que los masculinos. A mí el diseño del Clé de Cartier me parece un prodigio de estilo, pero es verdad que sus matices se deslizan más hacia lo femenino (aunque el éxito entre el público masculino es, a decir de la marca, incontestable). Esta ambivalencia no ocurre con el Drive de Cartier.

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La versión más sencilla de tres manecillas y fecha se presenta en oro rosa y acero, con esfera blanca o gris (en la caja de oro) y blanca o negra (en la versión de acero). La forma de la caja, un coussin (cojín) muy estilizado, está acentuada por la de la esfera que, en vez de ser circular como ocurre habitualmente, sigue la forma de la caja, creando ángulos vivos que refuerzan la personalidad de la carrura. El ancho es de 41 mm, mientras que el largo es de 40. Cuando juntamos ambas medidas en una forma de cojín el resultado visual es mayor que en una caja circular, así que el reloj impone.

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Sin embargo la caja del Drive de Cartier tiene tan solo 11,25 mm de altura. No es un reloj extraplano, pero es una altura contenida perfectamente compatible con un los puños de camisa de un traje. Además la integración de las asas con la caja y la caída que tienen (otros relojes quizá la tendrán igual de lograda, pero mejor desde luego que no) estilizan aún más su perfil. Éste combina además el satinado -que recorre de una punta del asa al extremo de su opuesta- con la base de la caja en espejo, con efecto maravillosamente elegante. La corona octogonal recuerda la forma de la caja y tiene, como es tradición en Cartier, una espinela (sintética) engastada.

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La caja es también el bisel, que sujeta un cristal con forma de domo para crear una ligereza de líneas de una armonía incontestable …y de paso complicarme mucho la vida para fotografiar el reloj por los reflejos que crea su forma curvada, especialmente la esfera negra. La superficie pulida a espejo del frontal de la caja y la fluidez de sus líneas hacen del reloj una pieza sumamente elegante.

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Como decía antes la esfera es una extensión de las formas de la caja y, al seguir sus líneas, el  reloj adquiere un dinamismo que le sienta de maravilla porque rompe con la idea de reloj de vestir, plantándose -en la versión de acero particularmente- con una traza muy viril que llama a combinarlo con ropa de calle y  no sólo en la oficina. De ahí por cierto la única pega que le pongo al reloj: sólo es hermético hasta 30 metros, lo que de manera efectiva significa que como mucho le puede caer alguna salpicadura. Yo creo que los 100 metros deberían ser ya un estándar de la industria. ¿Es motivo como para no comprar el reloj? Eso sería una ridiculez, pero sí es verdad que el reloj es tan bonito que quieres llevarlo todo el rato.

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Otra cosa: yo creo que los números romanos los inventó Cartier. Tiene tal maestría para manejarlos que deja de ser ese elemento serio e inmediatamente asociado a lo más clásico para convertirlo en un componente maleable que obedece las órdenes del diseñador y siempre queda bien. Cómo si no se puede hacer un reloj de buceo con numerales romanos y que quede estupendamente en la muñeca (el Calibre Diver de Cartier que repasamos en vídeo). O que forme parte del calibre, como en el Rotonde de Cartier Astrotourbillon Skeleton que se puede ver aquí.

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En el Drive de Cartier los numerales forman el anillo más ancho de la esfera, con la presencia monopolizadora que siempre tiene en la casa. Pero el dial ofrece mucho más: el grabado es en flinqué, una decoración en forma de olas concéntricas que recorre el fondo de la esfera hasta llegar a la caja.

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La ola flinqué pasa por debajo de dos secciones satinadas: una la de los numerales y otra la de la minutería. Ambas repiten la forma de la caja y, en la versión en oro, cambia además a un color grisáceo para remarcar más los numerales pintados. La decoración se ve interrumpida también por la inevitable ventana de fecha -que quizá hubiera quedado mejor a las 12- y la subesfera del pequeño segundero, remarcado por un bisel físico, una sección de índices elegante y una decoración circular. El borde es, en su simplicidad, muy atractivo.

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El hecho de que las olas mueran contra la caja en una pequeña sección entre los numerales y el borde de la esfera es un detalle muy bonito que además añade profundidad al conjunto. La legibilidad es impecable, gracias a unas manecillas de espada (las de horas y minutos) bien proporcionadas. En la versión de oro son de acero azulado, al igual que la de los segundos -que tiene forma de hoja-. En la versión en negro las agujas son de acero pulido, al igual que los numerales. En la versión de oro y esfera blanca el brazo delgado de la V del siete se convierte en el nombre de la casa. Son estos detalles los que hacen ver la exquisitez de los relojes de la marca.

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El Drive de Cartier se mueve gracias al calibre automático 1904-PS MC, un movimiento de manufactura que vio la luz hace ya unos años y que ha mostrado su fiabilidad en los Tank y los Calibre. Es un motor que late a 4 hercios y tiene 48 horas de reserva de marcha, robusto y fiable. Y sobre todo muy bien decorado y visible a través del zafiro posterior.

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Pero todo lo bueno que tiene constructivamente un reloj se viene abajo si no se siente bien en la muñeca. Conseguir que un reloj se haga parte de la muñeca es un arte sutil, y cuántas veces nos hemos puesto un reloj ansiosamente porque nos gusta mucho y en el momento de atarlo nos damos cuenta de que algo no funciona. Que hay una pequeña reacción alérgica en algún lugar entre la piel, los ojos y los sentimientos.

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No es, desde luego, el caso del Drive de Cartier, que cae sobre la muñeca como un guante, ocupando ese cotizado espacio del brazo de tal manera que lo sientes como parte consustancial de ti inmediatamente. En cuanto cierras la hebilla desplegable te das cuenta de que has tomado la decisión correcta. Además la altura de la caja es perfecta para que el reloj se disfrute sin molestar.

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Cartier dijo en su lanzamiento que el reloj está inspirado en los automóviles clásicos. A mí se me ha olvidado mencionarlo y seguro que nadie lo ha echado de menos, porque el reloj es precioso de por sí sin necesidad de atarlo a otras referencias (aunque también entiendo que por algún lado hay que comunicarlo). De lo que sí estoy convencido es de que el Drive de Cartier se sale de la línea habitual de la casa y va a atraer a un público más joven que nota en los demás modelos de la casa demasiado peso del diseño tradicional. Aquí se encuentra algo mucho más contemporáneo, con un perfecto equilibrio entre elegancia y masculinidad.

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El Drive de Cartier ya está disponible en las boutiques de la marca, y con unos precios muy interesantes: el modelo de acero, tanto con la esfera blanca como negra, tiene un precio de 6.050 euros. La versión en oro rosa, que tiene o bien la esfera blanca que hemos visto aquí o bien una esfera en antracita, alcanza los 18.800 euros. ¡Qué ganas de tener las dos versiones! Más información en Cartier.es.

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