OMEGA y los Juegos Olímpicos – 2

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En nuestro anterior artículo sobre OMEGA y los Juegos Olímpicos vimos la fascinante evolución de los sistemas de cronometraje, especialmente enfocados hacia el atletismo. Hoy vamos a centrarnos en la natación, otra de las grandes disciplinas que no sería lo que son hoy de no ser por las aportaciones tecnológicas de Omega.

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Los antiguos egipcios ya tenían competiciones de natación. La dependencia del ser humano y su interacción con el agua desde el principio de su existencia hizo que dominarla fuera una necesidad, y el mero hecho de poder cruzar un río podía significar llevar a mejores lugares a la tribu, por ejemplo para sobrevivir al invierno. En la anterior y extensa entrada (que te aconsejo que leas) veíamos cómo en 1932 Omega y los Juegos Olímpicos comenzaban su fructífera interacción, cronometrándolos por primera vez e incluyendo también las pruebas de natación. Hasta 1960 el cronómetro de Omega y el ojo del juez de meta decidieron la medallas.

Pero hubo un problema.

ROMA 1960: EL DILEMA LARSON-DEVITT

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Final de los 100 metros libres en Roma 1960

La final de los 100 metros libres de los juegos romanos supuso uno de los momentos más polémicos en los que se vieron implicados Omega y los Juegos Olímpicos. El americano Lance Larson y el australiano John Devitt llegaron a la meta parejos, tras una competidísima y emocionante carrera que se puede encontrar en YouTube. En aquel entonces sólo existía un aparato semiautomático para el conteo de tiempos llamado Swim-Eight-O-Matic que Omega había presentado en los Juegos Olímpicos de Melbourne de 1956. Pero se usaba sólo como respaldo, quedando la decisión en manos -y ojos- de los jueces de meta.

Omega Swim-Eight-O-Matic

Omega Swim-Eight-O-Matic

Había tres cronometradores para cada calle y nadador, cada uno con un cronómetro en su mano. Los de la calle de Larson le dieron unos tiempos de 55,0, 55,1 y 55,1 segundos, mientras que el Swim-O-Matic le daba 55,10. Los tres cronometradores de Devitt, en la calle 3, le marcaron un tiempo de 55,2 segundos, mientras que el Swim-O-Matic le daba un tiempo de 55,16.

Parecía por tanto que el ganador debía ser Larson. Pero había tres jueces para decidir el primer puesto y otros tres para decidir el segundo. Los tres primeros votaron 2-1 a favor de Devitt, mientras que los del segundo puesto votaron 2-1 a favor de Larson. Empate a 3, por tanto. En vez de dejar que fuera el Swim-O-Matic el que decidiera, el juez principal, Henry Runströmer de Suecia, saltándose las normas, decidió él personalmente que el ganador era Devitt (quien por cierto al salir de la piscina, antes de conocer el resultado, había felicitado a Larson como ganador). El caso supuso un escándalo que se prolongó durante 4 años más por las apelaciones del equipo estadounidense (infructuosas, por cierto). Omega se dio cuenta de que había que hacer algo para que no se volviera a producir algo así.

Y lo hizo.

1967: TOUCHPADS

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La respuesta de Omega al asunto de Roma significó uno de los mayores avances en el cronometraje deportivo de todos los tiempos. Los touchpads o paneles de presión eliminan la posibilidad de error humano, ya que cada nadador para su propio tiempo al tocarlo. Los touchpads responden a la presión del cuerpo del nadador, pero no del agua. Esto es porque el panel tiene un grosor de 12 mm y el nadador debe presionarlo 2 mm con una presión de 1, 5 y  2,5 kilos. Los touchpads fueron presentados por Omega en los Juegos Panamericanos de Winnipeg en 1967, y desde entonces son ellos los silenciosos jueces de la carrera.

Pero tampoco los touchpads se han librado de la controversia.

PEKÍN 2008: EL CASO PHELPS Y CAVIC

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Nuevamente una final de 100 metros, en este caso estilo mariposa. Dos casi eternos rivales, el serbio Milorad Cavic y Michael Phelps, se enfrentan en el agua en una carrera que comienza claramente a favor de Cavic, absoluto favorito. Cavic nadaba embutido en su traje de natación completo, mientras que Phelp sólo lo lleva en las piernas. La polémica sobre los trajes venía de largo, y Phelp decidió no llevar la parte superior. De esta manera si ganaba, era su mérito. Si perdía, parte de la culpa podría echarse al traje del rival.

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Sea como fuere, Phelps fue remontando y en el último momento Cavic se confió y se dejó “deslizar”, mientras que Phelps pudo dar una última medio-brazada que a la postre le haría quedar el primero por una centésima de segundo. Hubo nuevamente mucha polémica porque, como incluso el propio Phelps dice, a simple vista el ganador era Cavic. Se llegó a decir que como el norteamericano era embajador de Omega, los jueces le habían favorecido. Pero esta vez nadie discutió la decisión del touchpad de Omega, y Phelps aumentó -aún más- su leyenda.

Pero hay más avances tecnológicos de Omega presentes en la piscina que veremos tras el salto, incluido un vídeo.