En la muñeca: Rado Hyperchrome Chronograph Automatic

Seguramente la marca que menos ruido hace de todo el grupo Swatch es Rado, y eso que tiene unos relojes muy interesantes. Un ejemplo sin duda es este Hyperchrome Chronograph Automatic que vamos a repasar con fotos en vivo y precios.

 

Alguien que no conozca la marca podría pensar que este Hyperchrome Chronograph es un reloj más que se suma a la moda de los nuevos materiales. Pero ahora que la cerámica se ha convertido en uno de los materiales modernos más usados en relojería, conviene recordar que Rado lleva tres décadas utilizándola en sus relojes: lanzó su primer reloj a base de óxido de circonio en 1986. Desde entonces está investigando nuevas aleaciones cerámicas y creando una extensa gama de relojes con la más alta tecnología. Aunque no se sepa como debiera.

Yo creo que el problema fundamental reside en que la marca ha estado siempre demasiado callada sobre su propios avances, y al final cuando se habla de relojes de cerámica de “hace ya tiempo” nos acordamos más de Chanel y sus J12 de primeros de siglo, que fueron los que popularizaron el material. Rado, sin embargo, ha ido reduciendo cada vez más su comunicación sobre el aspecto técnico para centrarse en ofrecer simplemente relojes atractivos que, además, están hechos de cerámica. De hecho si se mira la página de las colecciones de la marca hay una que se llama “Cerámica”, de manera que el que lo ve intuitivamente piensa que los únicos relojes que hay de cerámica son, lógicamente, los que están en esa colección y los demás son “normales”. Y nada más lejos de la realidad.

Este Rado Hyperchrome Chronograph Automatic está, desde luego, hecho de cerámica, utilizada de la manera más tradicional. Quiero decir que el tratamiento de la cerámica es tal que uno diría que estamos ante un reloj de titanio, por ejemplo, por el aspecto metálico que tiene. En ese sentido es un reloj muy clásico, pero cuando te lo pones notas la diferencia. Para empezar la ligereza, que es sorprendente; aunque se podría argumentar que eso también nos lo da el titanio, aquí la experiencia es aún mejor.

Lo que sí es exclusivo es el tacto, algo difícil de describir. Uno diría que la cerámica tiene un sensor térmico que hace que en el momento en que te pones el reloj en la muñeca se adapta a tu temperatura. Es cálido sin ser caluroso, fresco pero no frío. Es una experiencia muy especial. Además el tratamiento que tiene la cerámica hace que desprenda unos tonos levemente marrones, que lo hacen aún más bonito y que se notan especialmente en el brazalete.

La caja, monobloque, es de 45 mm de diámetro, pero no se nota en absoluto grande. Ello es gracias a la curvatura de la caja, que hace que se adapte muy bien al brazo del portador. En este caso la carrura está adornada con unos resaltes en PVD de oro rosa. Es una estética que gusta o no, pero no cabe duda de que hay mucha gente a la que le gusta los bicolores. En este caso no se impone el PVD porque sólo aparece en los laterales. Sí que llama la atención lo bien que están diseñados los pulsadores del cronógrafo, con aire automovilístico y con una línea que se integra perfectamente en la del reloj.

En la esfera se repite el PVD dorado para resaltar todos los elementos que se asientan sobre el dial: manecillas e índices. También el bisel de los registros del cronógrafo y el pequeño segundero, lo que añade profundidad al diseño. Además, como las subesferas se entrecortan la presencia es más vivaz, más joven, dentro de la idea de cronógrafo-de-vestir que que quiere transmitir el reloj. Sin embargo este abundante uso del dorado tiene como consecuencia que las manecillas no destaquen todo lo que debieran. No en la oscuridad, sin embargo, porque el tratamiento con SuperLuminova permite una lectura adecuada.

Hay que destacar otro detalle que a menudo pasa desapercibido: el ancla encima del nombre, justo debajo de las 12, se mueve con los vaivenes de la muñeca. No tiene una función específica que no sea la estética, pero es un detalle que a mí me gusta y que puede pasar desapercibida cuando se mira al reloj. De hecho casi en cada foto de este artículo el ancla está en una posición distinta.

El reloj se mueve gracias a un calibre ETA, por supuesto. Es el 2894-2, en realidad un 2892 para el que ETA diseñó específicamente un módulo cronógrafo. Por eso la altura del calibre no es excesiva y los botones del crónógrafo están alineados con la corona, al contrario de lo que pasa con los cronógrafos modulares. Además está bien decorado, resaltando especialmente el rotor negro con forma de ancla. Tiene una reserva de marcha de 42 horas y el volante late a 4 hercios. Es de agradecer que Rado haya incluido un cristal de zafiro para poder verlo, sin que afecte su hermeticidad de hasta 100 metros.

Ya he mencionado antes el brazalete, pero me gustaría añadir lo bien que está personalizado. Tal como está realizado quedan huecos entre la caja y los eslabones iniciales, lo que le da un aspecto aún más lujoso. Pero sobre todo el porte elegante del que puede presumir, que se extiende hasta el cierre. Repito: hay que ponerse uno de estos relojes para inmediatamente apreciar sus virtudes, porque puesto en la muñeca mejora exponencialmente lo bueno que pueda parecer en las fotos. La sensación es mucho más delicada de lo que se piensa en un principio.

Este Rado Hyperchrome Chronograph Automatic está destinado a un público más bien joven que quiere tener un reloj polivalente, tanto para el trabajo como para el ocio. Tiene un problema con el precio: cuesta 4.600 euros. No es un precio descabellado porque muchos otros cronógrafos con este calibre (o el casi equivalente 7750) tienen estos precios, pero como digo hay que conocer la marca para saber que te está ofreciendo una excelente calidad y ese plus añadido de la cerámica, que te garantiza una presencia que no se deteriora con el paso del tiempo y es absolutamente resistente a arañazos. Pero si se sabe qué se tiene entre manos, Rado es siempre una opción muy a tener en cuenta. Más información en Rado.es.