En la muñeca: A. Lange & Söhne Lange 31 con un mes de reserva de marcha

 

Una de las bases de la relojería moderna es conservar los usos antiguos pero con tecnología punta para adaptarlos a los niveles de exigencia actuales. Sin embargo el Lange 31 de A. Lange & Söhne toma un uso relojero completamente desfasado e innecesario y lo convierte en una obra excelsa. Como de costumbre.

 

Los relojes de bolsillo no tenían bien resuelto el mecanismo de cuerda. Para hacerlo tenían que insertar una llave en la parte trasera y hacer la girar, como ocurre con los relojes de pie. A menudo también era necesario para cambiar la hora, como en la foto de aquí arriba. En ese caso el pivote de giro podía estar en la parte trasera o delantera. En los relojes de pie no hay problema porque son relojes grandes con llaves grandes y agujeros grandes donde insertar la llave, y a menudo protegidos por una puerta.

En un reloj de bolsillo la cosa no es tan sencilla. El menor tamaño del agujero y de la llave podían provocar un mal encaje de esta que a su vez podría a su vez forzar el mecanismo y dañarlo. Al principio para insertar la llave había que exponer el mecanismo entero, lo que lo hacía peligrar tanto a efectos de golpes como de polvo. Después se cubrieron (de nuevo como en el reloj de aquí arriba), pero el agujero seguía siendo una puerta de acceso a polvo y partículas que dañaban el mecanismo. Y además las llaves se perdían.

El asunto se arregló con el diseño de la corona de remonte, un paso de gigante que llevó a las llaves al olvido. Pero como en relojería uno de los motores de creación es el de “porque puedo”, Lange decidió dar un último homenaje a las llaves y creó el Lange 31, un reloj que necesitaba la inserción de una llave para conseguir la impresionante marca de 31 días de reserva de marcha. El reloj se lanzó por primera vez en 2007 en platino y en el SIHH 2017 Lange nos presentó la nueva versión, esta vez en oro blanco.

Esta nueva versión del Lange 31 tiene un diámetro de 45,9 mm, y una altura de 15,9. Muy lejos de las medidas contenidas a la que nos acostumbra ALS, desde luego. Y sin embargo el reloj no parece tan grande. Quiere decirse que tiene una presencia notable, pero no tanto como para que no se pueda llevar durante esos 31 días que garantiza la reserva de marcha.

La altura se debe, claro, a que hay que hacer hueco para los dos barriletes. Ambos tienen 25 mm de diámetro y alojan sendos muelles reales de 1.850 mm de longitud. Esta medida es aproximadamente 10 veces mayor que los muelles habituales. Uno pensaría que dar cuerda a estos gigantes sería una labor tediosa, y sin duda lo sería si se hiciera a través de la corona.

Pero el Lange 31 integra una llave de acero que genera un par de torsión extra y desmultiplica el giro, lo que reduce el trabajo necesario y por tanto el número de giros, que se limita a ¡31 vueltas! Un Rolex, por poner un ejemplo arquetípico, necesita unos 50 giros de corona. También tiene un trinquete que limita el giro para que no se pueda romper el mecanismo. Si se da la vuelta al reloj se puede apreciar el agujero de inserción de la llave, reforzado como se vería en cualquier instrumento de ingeniería que va a sufrir uso mecánico. De esta manera se minimizan los posibles golpes y raspones que pueden darse si no se acierta a insertar limpiamente la llave.

Los barriletes cargado a tope tienen un par de fuerza de 20 N-mm. Para hacernos una idea de la carga, el Lange 1 tiene sólo 5 N-mm. Esto presenta un doble problema: si la entrega de fuerza no se regula el mecanismo se dañaría seguro, porque la fuerza sería brutal. Pero aún siendo capaz de regularla, el segundo efecto sería que dicha entrega caería dramáticamente al irse destensando los muelles, lo que resultaría en una cronometría fallida.

Lange solucionó el problema desarrollando un sistema único de fuerza constante. En el Lange 31, este mecanismo entre el doble barrilete y el escape ejerce de cuerda intermedia que proporciona cada diez segundos siempre la misma cantidad de energía al escape y órgano regulador y hace que el volante oscile en consecuencia siempre con la misma amplitud ideal. El resultado no es otro que la más alta precisión desde el primero hasta el 31° día, que es cuando un dispositivo de parada detiene el mecanismo del reloj.

La esfera antracita contribuye sin duda a hacer del reloj una pieza que puedes llevar todos los días. El color es particularmente discreto, y sus tonos oscuros reducen la sensación de tamaño. La disposición de los elementos de la esfera es sobria y armoniosa. Destaca por supuesto el gran indicador de reserva de marcha, dividido en días. También la clásica gran fecha, debajo de la cual se ha escrito Monats-Werk, literalmente “trabajo de un mes”. En la esquina superior de la ventana, el corrector de fecha.

Por último, la correa de aligator integra una hebilla desplegable especial que en un extremo se separa fácilmente de la correa. De esta manera se permite un acceso perfecto al mecanismo de cuerda. El Lange 31 pertenece a la colección Saxonia, que es la más asequible de Lange. No es el caso, ya que el reloj cuesta en Alemania 142.300 euros. Quien pueda permitírselo entrará en el club de los 100 afortunados poseedores de esta colección limitada. Más información en A.Lange&Söhne.com.