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Pre-SIHH 2017: Montblanc 1858 Collection Bronce

 

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Volvemos a presentar más novedades pre-SIHH 2017, pero esta vez como más nos gustan: con fotos en vivo de los relojes, que es como más se disfrutan. En este caso es la nueva Montblanc 1858 Collection Bronce, que trae a su familia más vintage un material que también lo es y que en estos últimos tiempos ha vuelto a cobrar carta de naturaleza: el bronce. Vamos a ver los tres modelos, sus características y precios.

 

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MONTBLANC 1858 CHRONOGRAPH TACHYMETER LIMITED EDITION

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Sin lugar a dudas el más importante de los tres relojes que por ahora componen esta nueva colección Montblanc 1858 Collection Bronce es el cronógrafo monopulsante, gracias a su maravilloso calibre Minerva. Todo el que haya seguido a Montblanc en estos últimos años (y quien se llame a sí mismo “aficionado a la relojería” sin duda lo ha hecho, por su propio bien), sabe lo mucho y muy bien que está jugando en la primera división del mercado relojero, y lo importante que fue la decisión de Jérôme Lambert de poner a trabajar juntos a la sede de Le Locle con la de Villeret (donde se encuentra Minerva). El 1858 Chronograph Tachymeter es un hijo directo de esta colaboración, de los que hemos conocido dos ejemplares anteriores: el primero lo vimos en 2105 (y analizamos en detalle aquí). El segundo, en azul, se presentó este año en el SIHH, y ahora llega la versión de bronce.

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1858 Chronograph Tachymeter Limited Edition

El reloj está basado en un antiguo cronógrafo monopulsante de Minerva, y sobre él se ha construido el nuevo calibre MB16.29 (basado en el calibre de bolsillo 17.29), que es una maravilla de contemplar porque reúne todas las exquisiteces que se esperan de un calibre de la casa de la diosa. Tiene un diámetro de 38,4 mm, por lo que no es de extrañar que la caja tenga 44: hay que dejar espacio suficiente a esta fiera relojera. Integra el puente asimétrico que Minerva patentó en sus primeros años, así como las fluviales curvas del embrague y los brazos del cronógrafo, uno de los cuales acaba en punta de lanza -otro de los símbolos históricos de la manufactura-, y llevan a la rueda de 5 pilares.

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El volante se mueve a unas tranquilas 18.000 alternancias a la hora (2,5 hercios), lo que permite disfrutar de la respiración del espiral y del movimiento del tren de ruedas. La platina está realizada en alpaca chapada en oro rojo (4N) con perlado en ambos lados, mientras que la decoración de los puentes, también de alpaca chapada en oro, es de Côtes de Genève. Por su parte los engranajes son dorados, con brazos facetados y superficies de diamante pulido. Todo ello visible gracias al zafiro posterior. El metal que lo rodea, por cierto, no es bronce para evitar problemas de alergia, sinto de titanio coloreado. La estanqueidad es de tan solo 30 metros, pero nadie en su sano juicio querría meterse con este reloj en el agua.

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La caja y el bisel del por ahora único cronógrafo en la Montblanc 1858 Collection Bronce tiene todo el conjunto satinado menos la sección vertical del bisel, con una corona en forma de cebolla que incluye el pulsador del puesta en marcha, paro y reseteo del crono con el logotipo en relieve. El cristal de zafiro abombado, muy de época, hace que la altura total del reloj se eleve a unos perfectamente llevables 13,15 mm.

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A juego con la caja, la esfera es de color champán, lo que termina por rematar el aspecto furiosamente vintage del reloj. Además, al ser decoración rayos de sol la gama colores varía con el movimiento, haciéndola aún más atractiva. Del contraste se encargan las manecillas tipo catedral chapadas en oro rojo de 18 quilates, rellenas de SuperLuminova beige, al igual que los numerales (aunque en realidad el brillo es el verde tradicional).

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A las 3 horas aparece el registro de 30 minutos del cronógrafo, mientras que a la izquierda encontramos el pequeño segundero. El toque de color lo proporcionan la punta de la trotadora del crono y los números 60 y 30, todos en rojo. Por último la esfera está rodeada en el exterior por una escala taquimétrica, que ejerce de singular minutería de ferrocarril.

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El reloj queda particularmente bien en la muñeca porque la ligereza de sus tonos no le hace parecer grande y además está muy bien construido, de manera que se asienta muy bien sobre el pulso. Se cierra con una correa de aligátor color cognac creada por la Peletería Montblanc y una hebilla chapada en bronce satinado.

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El 1858 Chronograph Tachymeter es una edición limitada a 100 unidades que imagino ya estarán todas reservadas, por lo que será muy difícil ver alguna fuera del Salón de Ginebra. Su precio es de 27.500 euros que, francamente, me parece un chollo para un reloj así.

MONTBLANC 1858 AUTOMATIC DUAL TIME

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El segundo reloj en importancia dentro de la Montblanc 1858 Collection Bronce es el 1858 Automatic Dual Time. Es un reloj que mezcla un calibre  automático base (Sellita SW 300, de 4 hercios y 42 horas de reserva de marcha) con una complicación creada en la propia Montblanc y que hace muy sencillo usar la función GMT. La manecilla de GMT permanece escondida bajo la de las horas hasta que llega el momento de utilizarla. Mediante la corona se hace un ajuste rápido de la hora en destino porque la aguja de las horas va saltando en incrementos o decrementos de una hora. Pero durante el tiempo de ajuste ni el segundero ni el minutero se detienen, por lo que no se pierde exactitud en la medida del tiempo.

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Además la ventanilla de fecha se mueve en conjunción con la hora de destino, mientras que el indicador de día/noche, justo debajo del logotipo de la casa funciona con la hora de origen. De esta forma sabes si en casa es de día o de noche, evitando sobresaltos por una llamada a horas intempestivas. La manecilla de la hora local está esqueletada para ser lo más discreta posbile, pero Montblanc ha tenido el detalle de pintar la punta con SuperLuminova para poder leerla por la noche.

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La caja también es de 44 mm de diámetro, lo que hace que la ventanilla de fecha quede muy hacia el centro (porque el calibre tiene sólo 25,60 mm de diámetro y se pierde en una caja tan grande). Pero está bien disimulada porque se recoge dentro de la esfera del pequeño segundero y además es del mismo negro que el resto del dial. En este caso sólo el bisel es de bronce, mientras que la carrura es de acero satinado. La hermeticidad es de 30 metros.

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Esta complicación ya la habíamos visto en el Heritage Chronométrie Dual Time (lo vimos en vídeo aquí), pero yo creo que  este 1858 Automatic Dual Time es más atractivo. Al igual que sus dos hermanos de colección el reloj lleva una correa color cognac, pero en este caso de piel de becerro y hebilla de acero satinado. Su precio es de 4.990 euros.

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MONTBLANC 1858 AUTOMATIC

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El último miembro de la Montblanc 1858 Collection Bronce es este 1858 Automatic, que comparte la misma construcción (carrura de acero y bisel de bronce) y diámetro (44 mm) que el Dual Time. También tiene la misma esfera -salvo las complicaciones, claro-. Es llamativo que este reloj, aún usando el calibre automático Sellita SW260-1, que incluye segundero, prescinda de él. Yo creo que tener un segundero central le habría venido muy bien, porque de esta manera la esfera queda demasiado estática, y es más difícil de vender. Eso sí, la trasera del reloj está muy bien decorada, con el edificio de Minerva grabado sobre el acero.

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Y como también es el más delgado (11,10 mm) es el que mejor se puede enfrentar a las situaciones formales sin pelearse con los puños de la camisa. Y en la oscuridad sigue siendo igual de atractivo que sus hermanos más complicados.

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También se beneficia de la correa vintage de piel color marrón y la hebilla de ardillón en acero, haciendo de este reloj -si obviamos la ausencia del segundero- una pieza atractiva y fácil de combinar.El precio del reloj es de 3.490 euros.

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Esperemos a ver qué más novedades nos presenta Montblanc en el SIHH que, a la vista de este aperitivo, seguro que no defrauda. Como siempre. Más información en Montblanc.es

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Nuevo Bell & Ross BR 01 Instrument de Marine: Fotos en vivo y precio

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Bell & Ross nos sorprende con una nueva variación de su icónica caja BR 01. Pero en vez de pilotar aviones la caja se viste de nuevos materiales y se sube a un barco para rendir homenaje a los cronómetros marinos, y en concreto al creador del primero de ellos: John Harrison. Es el nuevo BR 01 Instrument de Marine, que he tenido la oportunidad de probarme y del que os traigo fotos en vivo y precio.

 

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UN POCO DE HISTORIA

longitud y latitud

John Harrison es uno de los inventores que de verdad contribuyeron a que el mundo que conocemos pueda ser como es. Hasta que él irrumpió en la Historia los viajes marítimos eran una lotería en la que muchos números sólo ofrecían un premio: la muerte. Previamente en los viajes marinos se podía calcular la latitud, pero no la longitud. Las naves tomaban como referencia la costa, pero una simple niebla, un mar movido o una marea hacían que se perdiera dicha referencia y los barcos se desviaran irremediablemente de su camino, y con frecuencia no volvían a encontrarlo. Los viajes transoceánicos, sin referencia alguna, eran aventuras que incluían entretenimientos a bordo tan excitantes como escorbuto, inanición, canibalismo y suicido.

Barco en Apuros Junto a Una Costa Rocosa, de Ludolf Backhuysen

Barco Naufragando Junto a Una Costa Rocosa, de Ludolf Backhuysen (1667)

De ahí que desde el principio de la navegación se intentara dar con un método fiable para calcular la posición real de los barcos. Para ello se tomaban referencias de la luna, de las estrellas o del Sol, pero las inclemencias meteorológicas y la propia inexactitud de la relación de movimiento entre nuestro planeta y los astros hacían de éste un modelo propenso al fallar. Se llegó a pensar incluso en poner puestos a lo largo del mar con cañones para guiar a los barcos mediante sonido; tal era la desesperación. El remate tuvo lugar el 4 de noviembre de 1707, cuando una escuadra de la Marina británica -4 grandes barcos- se hundió al estrellarse en las Islas Sorlingas (a tan sólo 45 km de Cornualles y donde han ocurrido numerosos naufragios a lo largo de los siglos) con unas pérdidas humanas de entre 1.400 y 2.000 marineros. El peor desastre de la Royal Navy sin considerar las acciones de combate.

Las Islas Sorlingas

Las Islas Sorlingas

La consternación fue tan grande en Inglaterra que 7 años después el parlamento británico  aprobó el “Acta de Longitud”, que establecía el “Comité de Longitud” y ofreció una recompensa de 20.000 libras (varios millones de hoy día) a quien pudiera lograr que un barco llegara a las Indias Orientales tras 6 semanas de navegación y con una desviación no mayor a 30 millas náuticas. Como una milla náutica equivale a 1.852 metros, estamos hablando de pisar tierra a 55 kilómetros del punto de llegada deseado. Esa distancia significaba dos horas a caballo a galope tendido y sin parar, y por tanto más de un día si hay que transportar en carros las mercancías y las personas. Y aún así era una fantasía conseguirlo.

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John Harrison, un carpintero que ya había fabricado relojes de madera para edificios públicos e iglesias que aún hoy funcionan, presentó su primer reloj al Consejo en 1737. Si bien este H1 ya probó su fiabilidad, el Comité lo rechazó. Durante un período de tiempo que abarcó hasta 1772 John fabricó 5 cronómetros, de los cuales el H4 y el definitivo H5 fueron relojes de bolsillo. El H1 tenía el tamaño de una mesilla de dormitorio, pesaba 34 kg y medía casi un metro de ancho. El H2 (1741) estaba realizado en bronce y pesaba 39 kg, aunque era algo menor que el H1. Pero el propio Harrison convenció al Consejo de que la pieza no estaba acabada porque se dio cuenta de que determinadas maniobras del barco podían afectar la exactitud del reloj, así que nunca se probó. El H3 (1758) seguía con la disminución de tamaño y de peso -27 kg-. El año pasado se le sometió a pruebas de cronometría y sólo desviaba 1 segundo al día, lo que es francamente asombroso.

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El H4, de 1760, era ya un reloj de bolsillo con 127 mm de diámetro y 1,360 gramos de peso. Sólo se retrasó 15 segundos en 80 días en un viaje a las islas Barbados. Es decir, 0,18 segundos al día, mucho menos de la desviación permitida por la Junta de Longitud. Por último, y tras las quejas de John Harrison ante el rey Jorge III por el injusto trato recibido de la Junta, fue el mismísimo rey el que probó el último reloj, el H5, que era una versión mejorada del H4. Tras diez semanas de pruebas diarias (entre mayo y julio de 1772) el rey amonestó al Parlamento por el mal trato dispensado a John Harrison y le instó a que le diera el premio que le correspondía. Nunca recibió el premio completo (sólo 8.750 libras), pero entró por la puerta grande de la Historia como el responsable de salvar miles y miles de vidas gracias a su tenacidad y por hacer que el mundo pudiera ser como es hoy, ya que sin la navegación marítima la sociedad no habría avanzado.

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Los cronómetros marinos se convirtieron en un elemento indispensable para la navegación tanto civil como militar (quien lo tuviera ganaba una ventaja inmediata sobre los buques enemigos), y su coste era tal que suponía hasta el 30% del valor total de un buque. Con la llegada del cuarzo en los años 60 del siglo pasado los cronómetros marinos (y sus compañeros, los relojes de observación) quedaron desfasados, pero siguen siendo una presencia habitual en navíos de todo tipo, por su tradición marina y por su belleza. Por eso en Horas y Minutos hemos hablado ya varias veces de los cronómetros de Thomas Mercer.

En la siguiente página veremos qué nos ofrece el BR 01 Instrument de Marine.

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En la muñeca: Tudor Heritage Black Bay Bronze

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El Heritage Black Bay Bronze de Tudor ha sido sin duda alguna uno de los pocos relojes que realmente han levantado expectación en la feria de Baselworld 2016, porque une lo mejor de los Black Bay con una presencia distinta y cautivadora. Nos lo hemos puesto para saber si responde al revuelo causado.

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En dos palabras: ¡desde luego! El Tudor Heritage Black Bay Bronze es seguramente la iteración más atractiva del modelo. Y eso a pesar de que todos guardamos un sitio especial en nuestro corazón para el Black Bay original con bisel granate que apareció en 2012 para crear una historia de amor y pasión que sigue igual de potente 4 años después. Dedicaré un artículo específico a los nuevos Black Bay con calibre de manufactura más adelante para poder centrarnos ahora en esta pequeña joya de seducción.

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Empecemos por la caja: 43 mm de diámetro, dos más que sus hermanos de familia. Pero no es enteramente de bronce, sino que está creada a partir de una aleación de bronce y aluminio. El bronce es un metal que se oxida al contacto con el aire porque su principal componente es el cobre, y va creando una pátina -conocida también como cardenilloverdín- que varía de color según los componentes del aire que lo oxida; así, termina teniendo un color que puede ir desde el gris al verde brillante o incluso al morado o el negro, pasando por diversas tonalidades de azul, marrón u ocre. Esta paleta de colores tiene su reflejo incluso en el nombre: verdín hace referencia al verde, cardenillo viene de cárdeno que es morado, y los ingleses utilizan la palabra verdigris y los franceses vert de gris (verde de gris). Curiosamente el origen de ambas era también francés, pero se decía Vert de Grece, verde de Grecia. Verdegrís se puede encontrar también en escritos en español (con acento en la i final), pero en realidad la RAE no lo admite porque ya hay tres palabras perfectamente válidas para definicir el concepto. Todos estos nombres para un mismo elemento dan una idea de cómo evoluciona el metal según donde esté. Y, sin duda, el ejemplo más conocido es el de la Estatua de la Libertad de Nueva York.

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Además ocurre que la pátina no siempre es uniforme, con lo que el resultado puede no ser todo lo estético que a su dueño le gustaría. Ese es el motivo por el que la manufactura decidió alear el bronce con el aluminio: éste último actúa como nivelador y hace que la pátina sea uniforme en toda la caja del Tudor Heritage Black Bay Bronze. El metal está perfectamente satinado en su totalidad, incluida las asas. Sobre la carrura se alza el bisel marrón con numerales en un color oro viejo muy bonito, abrazando al cristal de zafiro abombado como corresponde a un reloj de inspiración vintage. La “Rosa Tudor”, la flor heráldica de la dinastía inglesa, está grabada en una corona del mismo gran tamaño que la original de 1958.

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La esfera es preciosa. El color marrón, que pasa de un tono chocolate mate a uno más cálido y rojizo según la luz que reciba, necesita muy pocos segundos para encandilar irreversiblemente a quien lo mira. Su borde exterior lo forman los minutos, pintados en un tono dorado a juego con el del bisel y que también se utiliza para la leyenda sobre las 6 (metros y pies de hermeticidad y certificación de cronometría) y bajo las 12. Aquí la Rosa Tudor ha sido sustituido por el escudo de la marca y la ciudad de Ginebra. Conviene recordad que Hans Wilsdorf, fundador de Rolex y nacido en Alemania, se nacionalizó británico, por lo que aunque su producción se trasladó a Biel (Suiza), no es de extrañar que utilizara el nombre de Tudor como homenaje a su patria de adopción. De hecho la marca registrada no es sólo Tudor, sino The Tudor; así, en inglés.

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Al contrario que sus hermanos de colección este Tudor Heritage Black Bay Bronze presenta numerales arábigos a las 3, 6 y 9, particularmente queridos por los coleccionistas.  Salvo el gran triángulo isósceles invertido a las 12, las demás horas están señaladas por grandes círculos aplicados, a juego con el que aparece en el bisel. Y, por supuesto, están también las manecillas “snowflake” (copo de nieve) características de los relojes de submarinismo de Tudor. Todos con un excelente tratamiento SuperLuminova para una perfecta lectura en la oscuridad, como ya vimos en la presentación del Black Bay Black (que se puede leer aquí).

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El reloj se mueve gracias a una de las versiones del calibre de manufactura introducido por Tudor el año pasado en el modelo North Flag (que presentamos en este artículo). Concretamente es el MT5601 de 33,8 mm de diámetro (sus hermanos llevan el 5602 de 31,8 mm) y 70 horas de reserva de marcha. El calibre no se ve porque va tapado con una rosca hecha en acero con un PVD que anticipa la pátina que tendrá la caja y hace -o hará- juego con ella.

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Cuando Tudor entregó numerosos relojes a la Marina francesa las unidades iban sin correa, de manera que muchos de sus usuarios se hicieron la suya de manera artesanal. Una de ellas estaba hecha con un material elástico de un paracaídas, que a la postre sirvió para inspirar el Tudor Heritage Black Bay Bronze:

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Tudor Oyster Prince Submariner Marine Nationale de 1977 con correa hecha de un trozo de paracaídas

 

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Por eso una de las dos correas que Tudor entrega con el modelo es de tela, inspirada en la francesa. Tudor ha conseguido imitar perfectamente el aire rudo y simple de la original, con una hebilla sencilla pero muy efectiva que queda muy “auténtica”, por así decir.

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A mí personalmente me gusta más la otra: una gruesa correa de cuero envejecido que le va pintiparada al reloj para aumentar su fascinante presencia. La máquina se asienta como un guante sobre la muñeca, y su aspecto es inmejorable. Se mira mucho la hora en este reloj, y no precisamente para saber el dato: es simplemente para recrearse en él.

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El Tudor Heritage Black Bay Bronze llega a las tiendas entre mayo y junio si se cumplen las previsiones de la marca. Yo auguro que por lo menos durante un tiempo va estar siempre escaso de stocks, porque la demanda va a ser enorme. Tiene un precio de 3.780 euros, que a cambio te da un reloj con calibre de manufactura y una de las estéticas más personales y atractivas entre los divers de estos últimos años. Un exitazo, vaya.

Más información en Tudor.com.

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Nuevo Tudor Heritage Black Bay Bronze

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Tudor sigue su marcha triunfal. Desde que en 2012 lanzara los modelos Black Bay y Pelagos sus años se cuentan por éxitos y su imagen pública no hace sino crecer y crecer. Hoy anunciamos el lanzamiento de un modelo que va a tener aún más éxito: el nuevo Tudor Heritage Black Bay Bronze.

El bronce siempre ha estado presente en los relojes (hace poco presentamos este de Oris), pero siempre de manera minoritaria, seguramente porque las marcas no están muy seguras de la reacción del público mayoritario ante un material que no permanece igual que en el momento de la compra sino que va evolucionando y cambiando de brillo e incluso color. Pero a quienes sí les gusta, les gusta mucho. Y sin duda eso mismo va a ocurrir con el Tudor Heritage Black Bay Bronze.

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La caja es de 43 mm de diámetro -dos más que sus hermanos de colección (que se pueden ver en esta entrada)- y el cristal abombado están inspirados en modelos históricos de la marca. La corona Big Crown, es idéntica a la de la referencia 7924 de 1958. Está realizada en una aleación de bronce y aluminio que también evolucionará a una presencia distinta, dependiendo de dónde resida y lo que haga con la pieza su dueño. Y por supuesto las agujas conservan la famosa forma de Snowflake (copo de nieve). Su origen está en un modelo que se entregó a la Marina francesa en los años 70, una variación estilística que ha acabado por ser idiosincrática. También heredero de su tiempo es el grueso bisel, necesario para poder girarlo con los guantes de buceo y que hoy le da esa apariencia tan única. El conjunto se perfecciona con una esfera chocolate que mezcla perfectamente con los tonos beige del bisel, las manecillas y la minutería.

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Dentro se mueve el calibre MT 5601. Es una variación del calibre de manufactura diseñado y construido por la propia Tudor (no, no por Rolex) que pudimos ver en dos modelos de la casa: el Pelagos (aquí) y el North Flag (aquí), que fue el primer modelo en incorporarlo. El movimiento ostenta 70 horas de reserva de marcha, se mueve a 4 hercios (28.800 alternancias por hora) y está regulado por un volante de inercia variable con una espiral de silicio. Un puente transversal lo mantiene en una posición estable y garantiza, además, su resistencia. Y para rematar su buen hacer, el movimiento dispone de la certificación oficial del COSC.

Los relojes que recibió la Marina francesa iban sin correa, por lo que muy a menudo cada usuario se hacía la suya propia. Una de estas se encontró, después de muchos años, y resultó que estaba hecha en tela de paracaídas, con un nervio central amarillo. Esta es la inspiración para la correa -que ahora llamaríamos NATO- que presenta el Tudor Black Bay Bronze y que enamora a primera vista. Se suministra junto con la “estándar”, una correa de cuero envejecido también preciosa.

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El Tudor Black Bay Bronze se pondrá a la venta a lo largo del 2016 y tendrá un precio de 3.800 francos suizos IVA incluido, unos 3.500 euros. Ese es el precio de uno de los relojes más atractivos y exitosos de año. Seguro.

 



Oris Carl Brashear Limited Edition

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Oris retoma su Divers Sixty-Five para presentar un atractivo homenaje a Carl Brashear, uno de esos personajes cuya historia, desconocida para la mayoría, merece ser recordada. Carl Brashear, un buceador de la Marina Norteamericana, es un ejemplo de superación que trágicamente debe su fama a su trabajo en España. Su espíritu está detrás del Oris Carl Brashear Limited Edition.

SUPERANDO LA SEGREGACIÓN RACIAL

Carl Brashear fue el sexto hijo de ocho y nació en 1931 en Elizabethtown, Kentuky. Por supuesto en aquel entonces el segregacionismo estaba plenamente vigente y Carl lo padeció en toda su extensión: casa sin electricidad ni agua corriente, clases separadas para negros, últimos asientos en el transporte público… todo lo que ya conocemos por las películas y que no deja de ponernos los pelos de punta. A los 17 años decidió ingresar en la Marina donde en 1948 obtuvo el grado de camarero, el grado que podían aspirar los graduados negros.

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A bordo de una nave de escolta Carl solicitó en numerosas ocasiones entrenarse como buceador, petición que le fue concedida en 1954. A pesar de las amenazas de sus propios compañeros por ser negro, Carl Brashear finalmente se graduó y comenzó a ponerse el traje de bujo Mark V, reconocible por el casco de bronce que pesaba casi 23 kilos. Siguió estudiando para convertirse en buceador de primera, lo que implicaba estudios de matemáticas, física, química y medicina; mucho más de lo que su limitada educación de niño negro le había proporcionado. Finalmente en 1963 obtuvo su título.

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Carl Brashear felicitado en su graduación. A su lado, la característica escafandra de bronce

LA BOMBA DE PALOMARES

En enero de 1966 dos aviones de la Fuerza Aérea Americana sobrevolaban la costa española. El B-52 Stratofortress -que llevaba 4 bombas nucleares B28- necesitaba combustible para volver a su base de Carolina del Norte. Un KC-135 Stratotanker con más de 150.000 litros de combustible a bordo se aprestó a realizar la operación.

Boeing Stratotanker de combustible recargando un Boeing B-52G-75-Stratofortress

Boeing Stratotanker de combustible recargando un Boeing B-52G-75-Stratofortress como los que se vieron envueltos en el Incidente de Palomares

Sin embargo, cuando estaban a unos 8 kilómetros de la costa de Palomares los aviones chocaron e hicieron explosión en el aire. Tres de las bombas cayeron al suelo de Palomares, produciendo una contaminación sobre el terreno que todavía hoy no se ha limpiado del todo; la otra cayó al mar. El pescador Francisco Simó (desde entonces conocido como “Paco el de la bomba”) observó el accidente y fue una pieza clave para que la Marina estadounidense pudiera localizar el sitio exacto y comenzara las maniobras para su recuperación.

Foto de la bomba atómica sumergida con su paracaídas

Foto de la bomba atómica sumergida con su paracaídas

Carl Brashear era el encargado de la operación de rescate, que se llevó a cabo impecablemente. Un aparato de tres patas enganchó la bomba y la subió lentamente hasta la superficie, alrededor de las 5 de la tarde. De repente el mar roló e hizo girar el barco, desequilibrando la carga. El cable que sostenía la bomba se partió. Una de las sogas se rompió por el peso de la bomba y en su movimiento de látigo arrancó el tubo de la cubierta al que estaba atado, golpeando a Carl por debajo de la rodilla y volteándolo por el aire. Cuando cayó sobre la cubierta trató de ponerse de pie y correr y entonces se dio cuenta de lo dañada que tenía la pierna.

Hospital de la base de Torrejón de Ardoz en Madrid en los años 60

Hospital de la base de Torrejón de Ardoz en Madrid en los años 60

Tras ver su estado estaba claro que había que trasladarlo a un hospital. Se dejó caer la bomba de nuevo y se le subió a un helicóptero para llevarlo al hospital de la base aérea americana de Torrejón, en Madrid. Trágicamente con la confusión el helicóptero no había sido repostado y tuvo que aterrizar lejos del hospital. Para cuando por fin ingresó, a las 9 de la noche, Carl había estado sangrando durante horas, y el médico pensó que estaba muerto. Sin embargo antes de enviarlo a la morgue el médico volvió a auscultarle y notó un leve pulso. Traerle a la vida necesitó de 9 litros de sangre (el cuerpo humano tiene de media 6 litros), pero su pierna no tuvo tanta suerte. Tras dos meses luchando contra la gangrena, cuatro operaciones dejaron su pierna cortada hasta debajo de la rodilla.

Aunque la Marina le quería dar la baja el insistió en que quería volver a su trabajo. El mismo consiguió engañar a las autoridades hospitalarias firmando una orden para que fuera trasladado a la Escuela de Inmersión Profunda, en la que se puso a entrenar con su pierna ortopédica. No sólo corría y levantaba pesos: lo hacía incluso con el traje de buceo puesto, que pesaba unos 90 kilos. Su preparación física y técnica y la superación de todas las pruebas de inmersión le hicieron convertirse en el primer Master Diver de la Armada negro, ¡y amputado! Un Master Diver es un buceador cualificado para sumergirse a cualquier profundidad, un título al que muy pocos lograban acceder. Finalmente Carl Brashear se retiró del servicio activo en 1979.

Carl Brashear entrenando con su prótesis de pierna

Carl Brashear entrenando con su prótesis de pierna

Carl-Brashear

Foto oficial de Carl Brashear

Éste es el hombre. Ahora vamos a ver el reloj que le rinde homenaje.



Aquatimer Cronógrafo Edición “Expedition Charles Darwin”

IWC Aquatimer Cronografo Edicion Expedition Charles Darwin IW379503Caja:

  • Caja de bronce
  • Diámetro 44 mm, altura 17 mm
  • Bisel giratorio exterior-interior con sistema SafeDive de IWC
  • Cristal de zafiro, abombado, antirreflejos por ambos lados
  • Fondo de la caja grabado
  • Corona atornillada
  • Hermético hasta 300 metros

Esfera:

  • Negra
  • Elementos luminiscentes en las agujas, la esfera y el bisel giratorio interior

Funciones:

  • Horas y minutos
  • Pequeño segundero con dispositivo de parada
  • Indicación de la fecha
  • Cronógrafo

Movimiento:

  • Calibre de manufactura 89365 automático
  • 28.800 alteranancias/hora
  • 35 rubíes
  • 68 horas de reserva de marcha

Correa:

  • Correa de caucho negra
  • Hebilla de bronce
  • Sistema de cambio rápido de la correa o del brazalete de IWC