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En la muñeca: Hublot Classic Fusion Italia Independent

 

Esto sí que es afortunado: si es difícil atrapar un Hublot porque son visto y no visto, mucho más complicado es echarle mano a una serie limitada. Esta vez ha habido suerte y he podido disfrutar de cuatro Hublot Classic Fusion Italia Independent. Vamos a verlos más de cerca.

 

Los Hublot Classic Fusion Italia Independent son el fruto de la colaboración entre la manufactura y Lapo Elkann. Lapo Edovard Elkann, de 40 años, es el nieto de Gianni Agnelli, el casi mítico propietario y director general de Fiat. Lapo trabajó en la empresa de su abuelo, pero su vida se ha visto reflejada en los periódicos más por sus escándalos que por su trabajo, y al final dejó Fiat para aventurarse por otros derroteros.

En 2008 fundó Italia Independent S.p.A., dedicada a la venta de gafas de sol. Lo más destacado de sus gafas es el uso de materiales innovadores, lo que sin duda despertó el interés de Hublot. Recordemos que el nombre de estos relojes es Classic Fusion Italia Independent, y es que Hublot siempre ha destacado su preferencia por la fusión de modas, de estilos y, sobre todo, de materiales. Así que era cuestión de tiempo que la marca del código Morse K (raya punto raya) se entendieran. La primera colaboración de Hublot y Lapo tuvo lugar en 2014.

El logotipo de Italia Independent, grabado sobre el zafiro del reloj

La especialidad de Lapo Elkann es el marketing. De hecho en Fiat coordinaba el marketing de los Fiat Punto y Fiat 500, así que ha tenido libertad absoluta para crear estos Classic Fusion Italia Independent. Lapo ha querido seguir el espíritu ecléctico y atrevido de Hublot y ha buscado la fusión de materiales, algo que como ya he dicho le viene de sí. De este modo, para las cajas de los distintos modelos de la colección ha utilizado titanio pulido y satinado, cerámica y King Gold, el oro de Hublot.

Classic Fusion Italia Independent Pieds-de-Poule King Gold

Classic Fusion Italia Independent Prince de Galles Ceramic

Classic Fusion Italia Independent Pieds-de-Poule Titanium

Classic Fusion Italia Independent Tartan Ceramic

Pero para decorar los relojes Lapo fue más allá: se puso en contacto con la Sartoria Rubinacci, el epítome de la elegancia italiana. La elección de la Sastería Rubinacci no fue fruto del azar: desde 1932 tres generaciones de Rubinacci se han relevado a la cabeza de esta institución del buen gusto y la elegancia masculina: Gennaro, el abuelo fundador; Mariano, el padre, que actualmente dirige la firma napolitana; y, por supuesto, Luca, uno de los hombres más fotografiados del planeta gracias a su estilo único, y que además es el director de la boutique de Milán. Entre los tres han vestido al Duque de Kent o al cantante Bryan Ferry, pasando, naturalmente, por la familia Agnelli.

En sus archivos la casa Rubinacci posee la colección más hermosa que existe de telas antiguas. Ahí, entre los 60.000 m2 de preciosas patas de gallo, tweeds y terciopelos de todo tipo, Hublot y Lapo Elkann encontraron una colección de tartanes –tejidos de lana con cuadros de colores– que datan de los años 70, y a los que han dado una segunda vida integrándolos en la versión cronógrafo del Classic Fusion Italia Independent.

En la parte que corresponde exclusivamente a Hublot, los relojes son los ya conocidos Classic Fusion Chronograph (como el que vimos aquí). Eso significa una ca de 45 mm de diámetro sobre la que se asienta un bisel satinado, debajo del cual sobresalen -a izquierda y derecha- las ya conocidas “bisagras”. La corona lleva el logotipo de la casa grabado y está flanqueada por los pulsadores del cronógrafo, con buen tamaño y de tacto agradable.

La caja es hermética sólo hasta 50 metros, pero en este caso es más que suficiente. No concibo a nadie con un reloj así que quiera meterse en el agua con él para arruinar la tela de la correa. En la parte trasera un cristal de zafiro permite ver el calibre HUB1143.

En realidad el HUB1143 es el calibre automático Sellita SW300 al que se le ha acoplado el módulo cronógrafo de Dubois Depraz, una combinación muy habitual (y más aún con el ETA 2892). El movimiento sólo tiene 25,60 mm de diámetro y por eso se ve tan pequeño en el reloj. Tiene 42 horas de reserva de marcha, cambio rápido de fecha y parada de segundero. En cuanto al cronógrafo sólo mide los segundos y 30 minutos, ya que la subesfera a las tres es para el pequeño segundero.

Aunque la caja tiene 13,05 mm de altura el reloj está muy bien equilibrado, y parece más pequeño de lo que en realidad es. Se ata a la muñeca con una correa de caucho hipoalergénica con un cierre plegable muy conseguido para transmitir la idea estética de Hublot.

A mí los relojes me han encantado, la verdad. Y me parece encomiable el deseo de Hublot de ir más allá, de ofrecer algo distinto. Si cada vez queremos que lo que ahora se llama “la experiencia de usuario” sea lo más personal posible, estos Classic Fusion Italia Independent cumplen el objetivo a la perfección.  No son relojes para todo el mundo, de acuerdo, pero quedan muy bien en la muñeca y son elegantes, mucho más de lo que las fotografías atestiguan.

Y son aún más personales porque son una edición limitada.  El reloj de titanio está limitado a 100 unidades, con un precio de 14.800 euros. La versión en cerámica y tartán está limitada a 50 unidades, y tiene un precio de 15.900 euros, mientras que la versión Príncipe de Gales está limitada a 100 unidades, con el mismo precio.

Por último, la versión en King Gold y Prínciple de Gales está limitada a 50 unidades, con un precio de 34.600 euros. La colección completa incluye dos relojes más, en oro y en titanio, que desafortunadamente no he podido fotografiar. Los he incluido en una foto de stock de la marca. Sus precios son los mismos que las versiones que hemos visto aquí. Más información en Hublot.es

 



Los nuevos Bulgari Octo Roma, con fotos en vivo y precios

 

Los Bulgari Octo Roma se han presentado este año como una variación más fácilmente llevable del Octo, el gran reloj masculino de la casa. Vamos a a ver las variaciones y lo bien que quedan en la muñeca.

 

La línea Octo apareció en 2012 y, como contaba cuando se presentó el repetición de minutos (aquí), su forma se inspira en el encofrado de la Basílica de Majencio, en el Foro Romano. La mezcla de líneas rectas y curvas otorgan al Octo una presencia única, absolutamente reconocible y muy elegante. De esta manera Bulgari consiguió uno de los objetivos más preciados: conseguir destacar sin perder la elegancia de un reloj de vestir.

Por otro lado, Roma tiene un significado especial para la casa: no sólo es la ciudad de fundación (en 1884) es, si nos ceñimos a los relojes, el origen de una de las colecciones más exitosas de la casa: la  Bvlgari Bvlgari. Pero es una colección muy de su tiempo y no a todo el mundo -si hablamos de clientes masculinos- le acaba de gustar.

Es verdad que también están los Diagono (como estos que vimos aquí),  pero su aspecto más deportivo los aparta de los ambientes serios. Por otro lado Bulgari es Bulgari y si llevas algo de la casa se tiene que notar, aunque sea en los parámetros del vestir formal. Por eso el Octo es un producto tan brillante: combina excelencia mecánica con elegancia y con una afirmación de estilo.

Ahora bien: aunque los Octo tienen un diámetro de 41 mm, su apariencia se hace demasiado sólida en algunas muñecas. Por eso aparecen estos Bulgari Octo Roma, que han suavizado su perfil para hacerlo más ponible. Creo que lo mejor es ver juntas las dos versiones para apreciar las diferencias.

Bulgari Octo

Bulgari Octo Roma

¿A que así se aprecia mejor? Básicamente lo que estamos viendo es una estructura mucho más ligera que la del Octo ya conocido. Aunque sigue habiendo numerosas líneas rectas (58 facetas, de hecho), el reloj parece ahora más redondo. El trabajo de adelgazamiento se ha centrado en las cuatro esquinas: han desaparecido esas, digamos, hombreras que le daban un aire más rocoso. Las asas también se han estilizado y han reducido su ancho. Sin embargo la caja sigue manteniendo los 41 mm de diámetro anteriores.

Aunque la casa no especifica la altura, el Bulgari Octo Roma es un reloj desde luego delgado que no tiene ningún problema en darle palique a los puños de las camisas. Hay un atractivo juego de superficies pulidas y satinadas -particularmente el bisel-, rematado por una elaborada corona con una inserción en cerámica negra. Aunque en la página web de la casa se dice que la estanqueidad es de 100 metros, en realidad es de sólo 50. No es el primer reloj en el que piensas cuando buscas un compañero de piscina, así que no es una falta grave.

El Bulgari Octo Roma se ofrece en acero, oro rosa o bicolor. Los colores de esfera disponibles son el negro, blanco y un precioso marrón que según le dé la luz desprende matices incluso burdeos. Éste es el único color -cuando menos por ahora- que está disponible para combinarlo con la caja de acero o con la de oro (que es la que mejor le queda, sin duda).

Es interesante la versión bicolor porque le da un toque de lujo a la versión de esfera blanca pero sin tener que pagar todo el precio de la caja de oro. Sólo el anillo bajo el bisel es de oro, lo justo para elevarlo de nivel sin las implicaciones de un reloj totalmente de oro. Las manecillas y los índices aplicados también lo son, al igual que la corona. Debo reconocer que al principio no reparé demasiado en él, seguramente porque tengo cierto desapego al bicolor. Pero una vez que te lo pones y te lo ves puesto el reloj te dice mucho más de lo que pensaba al principio.

En todas las versiones los índices tienen una estructura también facetada muy elegante. La parte superior está satinada, reforzando la sensación de lujo que todo el conjunto transmite. Las proporciones con respecto al Octo estándar han variado muy ligeramente. La configuración de la esfera es en realidad sobria, lo que es una buena idea: todo lo llamativo va en la caja, así que la misión de la esfera es ser el contrapunto elegante. Y por cierto con excelente lectura.

El Bulgari Octo Roma integra un calibre de manufactura. Es el BVL 191 Solotempo, un movimiento automático que se mueve a 4 hercios y aguanta 42 horas sin necesitar recarga. Está decorado con Côtes de Genève en el rotor y los puentes, bordes achaflanados y acaracolado en la platina.

A decir verdad el diámetro del movimiento, 25,60 mm, es demasiado pequeño para la caja en la que se aloja y por tanto se ve mucho metal. Pero en este caso no le queda mal, porque está a tono con la presencia sólida del reloj.

Con las nuevas medidas el reloj se lleva muy bien en la muñeca. Ya lo hacía antes, y ahora aún más. En verdad es uno de los relojes de hombre más atractivos del mercado, aunque sin duda habrá quien prefiera otras formas más conservadoras. Los precios varían según el modelo, pero no demasiado. Si escogemos la versión de acero con correa de aligátor, el precio es de 5.800 euros. Si preferimos la versión con brazalete de acero (que a mí me gusta mucho), el precio es de 6.380 euros. Es sorprendente una variación tan escasa de precio de la piel al brazalete. Normalmente el salto es mucho más notable.

La versión bicolor tiene un precio de 6.950 euros y, si nos decidimos por la versión de oro, el precio pasa a 18.300 euros. Basta mirar por ahí para darse cuenta de que el Bulgari Octo Roma no sólo es un reloj fantástico; es que también tiene unos precios muy competitivos. Más información en Bulgari.es.

 

 



Tres exclusivos Longines Flagship Heritage by Kate Winslet, a subasta

En su boutique, ubicada en la Rue du Faubourg Saint-Honoré de París y con la participación de su Embajadora de la Elegancia Kate Winslet, Longines presentó el reloj Longines Flagship Heritage by Kate Winslet. Tres modelos de este exclusivo reloj de oro se subastarán online a favor de una organización benéfica cofundada por la actriz británica, la Golden Hat Foundation.

 

Como ya avanzamos en este artículo del pasado enero, Longines ha querido lanzar una actualización de su Flagship Heritage por su 60 aniversario, un reloj con la tecnología más puntera de entonces ya que era un cronómetro antimagnético, con espiral irrompible y protección antigolpes. La reedición se lanzó en oro amarillo y rosa y en acero, en edición limitada: sólo hay 60 piezas de cada una de las versiones de oro y 1957 de acero. Va a ser difícil verlas, desde luego.

El Flagship Heritage en versión de acero

El sábado 10 de junio, en su boutique ubicada en la Rue du Faubourg Saint-Honoré de París, Longines, junto a Kate Winslet (su Embajadora de la Elegancia desde 2010), presentó su nuevo y exclusivo reloj en edición muy limitada: el Flagship Heritage by Kate Winslet, que cuenta con la misma esfera que el Flagship Heritage – 60th Anniversary 1957-2017.

El reloj Flagship Heritage by Kate Winslet es el resultado de un proyecto común en beneficio de The Golden Hat Foundation, una organización benéfica cofundada por Kate Winslet y dedicada a cambiar la forma en que se percibe a las personas afectadas por trastornos del espectro autista. Durante una visita a la sede de la marca en Suiza el año pasado (que se recoge en el vídeo de arriba), la actriz escogió la esfera, la caja y la correa del reloj. Cinco piezas de oro han sido producidas por la embajadora de la marca y llevan su nombre. Longines lleva colaborando con The Golden Hat Foundation desde 2015.

Los modelos con los números 2/5, 3/5 y 4/5 se subastarán en beneficio de la fundación. La subasta se llevará a cabo online en https://www.longines.com/auction del 10 de junio a las 18h CEST al 30 de junio de 2017 a las 17:59h CEST. Uno de los modelos restantes se entregará como regalo a Kate Winslet, y el segundo se conservará en el Museo Longines, situado en la sede de la empresa, en Saint-Imier, Suiza.


La galardonada actriz, que se unió a Longines en la capital francesa para presentar el nuevo modelo, compartió su entusiasmo sobre su iniciativa común para la Golden Hat Foundation: “Me permitieron escoger un reloj, que fue diseñado específicamente para la Golden Hat Foundation. El diseño del modelo me resultó muy atractivo, y me dejó enamorada de inmediato. Todos los beneficios recaudados con la venta del modelo se destinarán directamente a la Fundación. Este proyecto junto a Longines está contribuyendo a concienciar sobre una causa que tiene una especial importancia para mí. Gracias al compromiso de Longines y a la generosidad de los benefactores, la Fundación continuará trabajando para conseguir sus objetivos”.

Juan Carlos Capelli a la derecha de Kate Winslet

Juan-Carlos Capelli, vicepresidente de Longines y director de marketing internacional de la marca, dijo: “Longines está orgulloso de haber colaborado con la Golden Hat Foundation. Esperamos sinceramente que los clientes que adquieran los relojes Flagship Heritage by Kate Winslet se sientan igual de orgullosos de poseer un reloj exclusivo de Longines, así como de contribuir con la causa de la organización benéfica. Los valores de nuestra marca siempre nos han llevado a colaborar con objetivos filantrópicos. La responsabilidad social continúa siendo hoy una de nuestras prioridades. El inspirador compromiso de Kate Winslet representa a la perfección nuestro lema y nuestra filosofía: La elegancia es una actitud”. Más información en Longines.es.

Kate Winslet en la boutique de París



Nuevo A. Lange & Söhne 1815 Chronograph con esfera negra

 

Jaque mate. Si estabas pensando en qué cronógrafo deberías comprar que te sirviera también para cualquier otra situación, ve reconsiderando tus opciones. El nuevo A. Lange & Söhne 1815 Chronograph viene a competir en todas las categorías y apunta a ganador.

 

La colección 1815 rinde homenaje al año de fundación de A. Lange & Söhne. Por tanto, como nos recordaba Tino Bobe en nuestra charla con él (aquí), son los más clásicos de la manufactura. Recuerda a los relojes de bolsillo de la época, tanto en la forma de la caja como en los elementos de la esfera: la minutería de ferrocarril, los numerales romanos, los tres puntos sobre los cuatro puntos cardinales.

El 1815 Chronograph apareció por primera vez en 2004. Era básicamente un Datograph (como éste) sin la fecha ni la reserva de marcha. Pero la existencia del Datograph (nació en 1999) no le quita ningún mérito al cronógrafo puro. Más aún, tiene una ventaja importante: al tener menos complicaciones la caja es más delgada, y no poco: pasa de 13 a 11 milímetros. Dos milímetros que son muy bienvenidos por los puños de la camisa.

En ambos se puede ver el mismo calibre, ya que el mecanismo de la fecha del Datograph va por debajo de la esfera. El L951.5 es una de esas maravillas a las que Lange nos tiene acostumbrados. Trescientas seis piezas que caben en 30,65 mm y que componen una sinfonía relojera fascinante, remarcada por los acabados excepcionales de Lange. Se mueve a 18.000 alternancias a la hora y tiene 60 horas de reserva de marcha (el modelo original sólo tenía 36). Sigue siendo un de los cronógrafos (flyback, además) más bonitos del mercado, si no el más.

Algo que sí tenía el original era un pulsómetro, un guiño a tiempos pasados en los que la complicación era realmente útil. Después se abandonó y en 2015 se recuperó para la preciosa versión exclusiva de boutique. La nueva versión del 1815 Chronograph vuelve a incorporar el pulsómetro y por tanto el aire decididamente retro.

Aunque ya había existido una versión con la esfera negra y subesferas blancas, no se conocía una versión completamente en negro y con oro blanco. El resultado combina perfectamente para crear un cronógrafo tan elegante que se puede pasear por la más seria de las situaciones sin ningún complejo. Sobre todo porque aunque el diámetro de la caja es de 39,5 mm su forma redonda y por supuesto el negro lo hacen parecer más pequeño.

El 1815 Chronograph no estará disponible hasta finales de año. Y eso las primeras unidades, porque estoy seguro que se van a empezar a acumular pedidos y los afortunados que lo puedan adquirir van a tener que esperar unos cuantos meses. Su precio es de 49.000 euros. Siempre digo lo mismo: los Lange no son caros, para todo lo que te dan. Más información en A.Lange&Söhne.com.



En la muñeca: Vacheron Constantin Patrimony Moon Phase And Retrograde Date

 

A veces se trata sólo de pureza. De armonía. De retar el estilo tradicional con gestos atrevidos pero igualmente elegantes. Eso es el Vacheron Constantin Patrimony Moon Phase And Retrograde Date, y lo vamos a ver en su versión de oro rosa.

 

Patrimony Retrograde Day Date

Fue en 2007 cuando Vacheron Constantin lanzó el Patrimony Retrograde Day Date que vemos aquí arriba y antecesor del que hoy nos ocupa. Los Patrimony basan su arquitectura en los relojes de mediados del siglo pasado y todos tienen las mismas características: comparten la misma forma de la caja, las manecillas, los índices y los marcadores de minutos. Son los que mejor cumplen con el papel de “reloj de vestir”, si bien éste es un término cuyas fronteras son, desde hace ya algunos años, un tanto esponjosas. Buena prueba de ello es el Retrograde de aquí arriba y también el Patrimony Moon Phase And Retrograde Date.

En la caja hay muy poco de revolucionario: de oro rosa pulido a espejo, sus formas sin aristas, sus asas estrechas y la corona poco prominente nos indican que estamos ante un reloj para moverse en ambientes más bien serios. Su altura es de 9,7 mm, lo que le permite llevarse bien con los puños de camisa (salvo los de anchos más exigentes). Sin embargo el diámetro se rebela claramente contra los márgenes tradicionales: 42,5 mm supera en medio centímetro el máximo permitido por los códigos no escritos sobre los relojes de vestir, y dota a la pieza de mucha más presencia.

Y el centro de las miradas, la esfera. La base es muy tradicional: sobre una base opalina con un graneado muy delicado se asientan los índices -de formas clásicas- y unos indicadores de minutos perlados, que son rasgos distintivos de la colección Patrimony.

Sin embargo se le ha dado a la fecha retrógrada una preponderancia máxima que seguro hará chascar la lengua a los puristas. Es tan destacada su presencia que incluso se ha recortado la longitud de la manecilla de las horas para que se vea mejor. Podría parecer que, en comparación, la ventana de fase lunar es pequeña. Pero yo creo que si fuera más grande el reloj sería demasiado chillón.

Y es que en esta iteración la complicación más lírica ha venido a sustituir a los días de la semana del Day Date para darle un equilibrio mucho más conseguido. Al fin y al cabo en el Day Date, como la longitud del nombre de los días varía notablemente, tenían cada uno su propia grafía para conseguir un borde exterior uniforme. El resultado era un tanto extraño, con la dificultad añadida de ese incompleto Thu para el jueves, que era casi insalvable. Todo eso desaparace en este Patrimony Moon Phase And Retrograde Date que, ahora sí, tiene unas proporciones perfectamente equilibradas. Eso no quiere decir que el Day Date desaparezca de la colección Patrimony; pero ahora tiene un competidor más clásico, por así decir.

La representación de la luna es la tradicional, con un disco de oro rosa sobre un fondo azul estrellado. Tradicional, pero no por ello menos bonita. A su alrededor se han marcado hitos de la edad de la luna, que como ya sabemos dura exactamente 29 días, 12 horas y 45 minutos. Las indicaciones hacen que sea muy fácil ajustarla. Si es que es necesario, porque en principio sólo hace falta hacerlo una vez cada 122 años. Por cierto que todos los ajustes se hacen desde la corona, sin pulsadores adicionales en la caja.

Digamos por cierto que este avance se ha trasladado al ya existente Day Date: al modificar su calibre 2460 R31R7 para hacerlo más delgado (4 mm nada menos), se ha integrado el mecanismo de ajuste mediante la corona. Más aún, la caja se ha modificado para tener las mismas hechuras que este Moonphase y la misma delgadez de 9,7 mm. Una actualización importante, la verdad.

Esto lo consigue el calibre automático de manufactura 2460 R31L, con 275 piezas y que se mueve a 4 hercios durante las escasas 40 horas que dura la reserva de marcha. Sólo tiene dos pegas el movimiento: como sólo tiene 27,2 mm de diámetro se ve mucho metal y poco calibre. Además el rotor es tan grande que apenas se ve nada de un motor con todos los acabados que exige el sello del Punzón de Ginebra. A cambio, la masa oscilante de oro es una auténtica belleza.

El resultado es un reloj de vestir distinto, con mucha personalidad en la muñeca. A mí me parece que los relojes -incluidos los de vestir- deben estar entre los 40 y los 42 mm de diámetro porque nuestras muñecas no son las mismas que había en los años 50. Ni siquiera las que había en los años 90. Así que los relojes deben con su época, y éste lo hace. El Vacheron Constantin Patrimony Moon Phase And Retrograde Date se ha lanzado tanto en oro rosa como como en oro blanco (con índices, manecillas y disco lunar a juego). Ambos tienen un precio de 43.600 euros, y se pueden encontrar en los distribuidores de la marca. Más información en VacheronConstantin.es.

 



Chopard Mille Miglia 2017: fotos en vivo y precios

 

Hoy termina la conocida como “la corsa più bella del mondo” (la carrera más bella del mundo), que recorre Italia desde Brescia a Roma y vuelta.Y un año más el cronometrador oficial lanza sus Chopard Mille Miglia, con dos modelos: uno en acero y otro en oro.

 

Karl F. Scheufele, presidente de Chopard, en la Mille Miglia 2017

Supongo que todos los seguidores de la marca conocen la pasión del fundador de Chopard, Karl-Friedrich Scheufele, por los coches, hasta el punto que él mismo participa en la carrera italiana. Por eso cada año presenta una nueva versión de los Chopard Mille Miglia.  Y como este año la carrera celebra su 90 cumpleaños uno de los dos modelos lanzados es una edición aún más limitada en oro, sin duda la más interesante de las dos. Analizaremos la versión de acero, que no hay que perder de vista, en la siguiente página.

CHOPARD MILLE MIGLIA CLASSIC XL 90TH ANNIVERSARY

La Mille Miglia nació como una prueba de velocidad y paso a serlo de resistencia. Y en sí misma es un ejemplo de lo que eso significa, porque llegar a 90 años no es cualquier cosa. Para celebrarlo se ha lanzado esta versión en el metal de los ganadores: tiene una caja de oro rosa de nada menos que 46 mm de diámetro. La sensación de tamaño es mayor por la esfera blanca y porque integra una corona muy grande (para poder ser accionada incluso con guantes) y unos pulsadores del cronómetro con forma de pistón, que es lo que requiere un reloj así.

Con 13,12 mm, la altura del reloj es también notable. Sin embargo esa altura le ayuda a estar mejor proporcionado, y desde luego sobre la muñeca se equilibra perfectamente. La verdad es que aunque sea un cronógrafo dudo mucho que alguien se lo vaya a poner para conducir porque el oro rosa está perfectamente pulido a espejo, así que mejor no exponerlo a arañazos. Es un oro rosa muy bonito que de hecho tiende al rojo, sobre todo en el reverso. Las formas clásicas de la pieza están perfectamente logradas. Si a ello le unimos la impecable ejecución de la esfera, estamos ante un reloj que no pasaría desapercibido hace décadas (salvo por su anchura, claro).

La esfera está realizada de tal manera que recuerda a los antiguos diales de porcelana. No lo es, pero el efecto está magistralmente conseguido, y además acentuado por los numerales de estilo retro. Está también impecablemente hecha la “rotura” de arábigos provocada por los registros interiores. Otro buen detalle es haber escrito Horas y Minutos sobre las subesferas del cronógrafo, como aparecía en los antiguos tableros de mandos de los coches. Las subesferas están remarcadas por un borde dorado, al igual que las manecillas. Tanto los numerales como las agujas están impregandos de SuperLuminova con una suave tonalidad azul.

Para animar un reloj aniversario de la carrera que tanto gusta al presidente de la casa Chopard no se iba a conformar con cualquier movimiento, así que ha integrado lo mejor de la casa: el calibre manual cronógrafo flyback L.U.C 03.07-L. Como ya descubrimos cuando visitamos la manufactura (en este artículo), los calibres L.U.C son la gama alta de la casa y reciben toda la sabiduría de sus relojeros, tanto en su desempeño como en decoración.

Está fabricado en alpaca, aleación que permite un trabajo muy preciso y unos biselados extraordinarios. Las piezas más profundas del movimiento están perladas y doradas. Las piezas superiores, las que dan movimiento al cronógrafo, están fabricadas en acero o rodiadas. Además el calibre -que se mueve a 4 hercios y tiene 60 horas de reserva de marcha- ostenta el sello del Punzón de Ginebra, lo que garantiza su nivel de acabados. Y además está certificado por el laboratio COSC como cronómetro.

A pesar de su tamaño el Chopard Mille Miglia Classic XL 90th Anniversary Limited Edition se asienta perfectamente sobre la muñeca gracias a la correcta proporción entre anchura y altura, así como a una buena correa de becerro barenia con un tratamiento especial que con el tiempo va adquiriendo una pátina que acentúa su aire de época.

Como su nombre indica el reloj es una edición limitada. En este caso, y en conjunto con el aniversario que conmemora, solo se harán 90 unidades. Su precio es de 38.420 euros, y se puede encontrar en las boutiques de la casa. En la siguiente página vemos el otro modelo dedicado a la carrera.

 



Patek Philippe Aquanaut 20th Anniversary: el mejor de la familia

 

El Patek Philippe Aquanaut 20th Anniversary celebra el vigésimo cumpleaños del reloj deportivo de Patek simplemente con lo que la manufactura sabe hacer: un reloj impecable en su ejecución y absolutamente arrebatador, distinto a sus hermanos de colección. Vamos a ver por qué.

 

El Aquanaut nació en 1997 con la idea de ofrecer a los clientes de la marca un reloj deportivo pero elegante. Además, gracias a su fabricación en acero y su correa de caucho, el reloj tenía unos precios ciertamente más moderados. Este hecho, unido a una presencia más dinámica y menos “seria” abría la puerta a atraer a nuevos clientes, más jóvenes pero con gusto por las cosas bien hechas.

Sin duda como reloj deportivo ya existía el Nautilus, cuyo 40 aniversario se celebró por todo lo alto el año pasado (aquí está uno de los dos modelos creados para la celebración), pero el Aquanaut venía a insuflar un aire fresco con su presencia más informal, si bien es innegable las herencias estéticas del diseño de Gerald Genta. En 1997 el Aquanaut nació con una caja de 35,6 mm, pero ya el año siguiente se lanzó con 38,8 mm. Diez años después de su nacimiento, en 2007, creció 2 mm hasta los 40,8 mm, subrayando su estilo deportivo. Ahora el Aquanaut 20th Anniversary aumenta su tamaño hasta los 42,8 mm.

Si abres la foto de aquí abajo en una ventana nueva podrás ver a gran tamaño la historia completa del modelo.

Y la verdad es que el aumento de tamaño le ha sentado estupendamente, porque el reloj tiene un aplomo sobre la muñeca mucho más marcado, pero sin perder su aire distinguido (dentro de que sigue siendo un reloj deportivo). Pero como el Aquanaut 20th Anniversary es un modelo de celebración, se ha sustituido el acero original por el oro blanco; de ahí su referencia, 5168G. No es la primera vez que se usado el oro para el Aquanaut, pero sí es la primera vez que aparece el oro blanco.

Por supuesto se mantiene el precioso satinado vertical del bisel, que combina deliciosamente con los pulidos del canto y de la parte superior de asas y carrura. El satinado se vuelve a aplicar en los laterales de manera que el conjunto presenta una panoplia de juegos con la luz que, al surgir de la superficie de oro, resulta particularmente atractivo y refinado. Y además el reloj sigue manteniendo su hermeticidad de 120 metros.

Hay que recordar que un Aquanaut es una persona -normalmente un científico o un académico- que permanece bajo el agua respirando a la presión ambiental al menos 24 horas. Es lo que se conoce como “buceo de saturación”. Por tanto la conexión del modelo con el agua es muy clara, y el uso de la correa de caucho perfectamente justificada.

Y, por lo mismo, el nuevo color azul le queda perfecto. Más aún, parece que es el color que tenía que haber estado siempre ahí. Porque además no es un simple color azul, sino que está hecho en degradado, de tal manera que es más claro en centro y en los bordes de la esfera es prácticamente negro. El resultado no es sólo excelente, es que para mí es el mejor que he visto (¡y mira que estaba enamorado del marrón!).

El degradado realza las curvas de la esfera, potenciando su estilo deportivo. Sobre ella destacan los ya conocidos numerales arábigos  y las manecillas de bastón, todos impregnados de SuperLuminova. A las 3 horas, como siempre, la ventana de fecha. En el caso de este Aquanaut 20th Anniversary, al haber crecido dos milímetros la ventana ya no está tan el borde de la esfera, pero aún así queda perfectamente integrada.

Ello es porque el calibre utilizado es el mismo 324 SC que ya incorporaba el 5167A (40 mm) desde 2008. Es un movimiento de 3 agujas con importantes argumentos para mantenerse ahí: automático, -3/+2 segundos al día, volante Giromax y espiral antimagnético Spiromax, además del sello de calidad de Patek Philippe. Todo contenido en un calibre de 27 mm de diámetro y  sólo 3,3 mm de altura, lo que da como resultado un reloj deportivo muy delgado: 9,2 mm.

En resumen este Patek Philippe Aquanaut 20th Anniversary referencia 5168G es, para mi gusto, el mejor de los Aquanaut existentes. Uno de esos relojes que una vez puestos notas como se integra en la muñeca como si lo hubieran hecho a tu medida. ¡Qué gran manera de celebrar un cumpleaños! El reloj tiene un precio de 34.000 francos suizos (aproximadamente 31.000 euros), IVA incluido. Más información en PatekPhilippe.es

 

 



Las exportaciones de relojes suizos crecen por primera vez desde 2015

 

Las exportaciones de relojes suizos en marzo crecieron por primera vez en 21 meses, poniendo fin -al menos temporal- al declive de ventas de la industria.

 

Nada menos que un 7,5%. Eso es lo que subieron las exportaciones de relojes suizos en marzo, hasta los 1.600 millones de francos suizos. Eso son casi 1.500 millones de euros con el cambio de hoy. El resultado se benefició también de las dos jornadas laborales extra, sin las cuales el resultado hubiera caído un 2,6%.

El aumento de la demanda de relojes de Rolex, Omega y Cartier dieron un impulso a la economía helvética, para la que las exportaciones de relojes supone aproximadamente un 10% del total. La tendencia en Asia parece haber invertido su curva: Hong Kong tuvo un crecimiento sobre el año pasado de un 18,1%, poniendo fin -por ahora- a las vertiginosas caídas de los últimos 25 meses.

En Estados Unidos el crecimiento fue del 15,6%, aunque su tendencia a medio plazo es claramente negativa. Aunque las exportaciones de relojes suizos a Japón creció un 8,3%, el país sigue la misma tendencia negativa que E.E.U.U. También aumentó el turismo chino en Europa, mientras que el consumo interno creció nada menos que un 37,7%.

En Europa el Reino Unido sigue siendo el motor del lujo, con un crecimiento del 6,4%. A ello contribuye por un lado la debilidad de la libra, que hace más atractiva si cabe la capital británica. Pero también los atentados en Francia, que desvían a los turistas hacia Londres.

Aunque los metales preciosos siguieron su caída en marzo, otras categorías tuvieron un crecimiento notable: el acero subió un 12,5% y los bimetales un 15,1%, mientras que los otros materiales pegaron un salto del 49% positivo.

Las exportaciones de relojes suizos entre 200 y 500 francos (precio de exportación) crecieron por encima del 20%. Los productos por debajo de los 200 francos disminuyeron levemente su valor (-2%), pero con mayores volúmenes (+6,2%). Los relojes por encima de los 500 francos aumentaron acordes con el crecimiento general.

Las acciones del Grupo Swatch y de Richemont se han disparado esta semana, a la espera de nuevos datos de exportación. En concreto las acciones del Grupo Swatch casi llegan a los 400 francos suizos. Es la primera vez desde mediados del 2015. Esperemos que la tendencia se mantenga y podamos hablar de una mejora generalizada y, por encima de todo, continuada.

Foto de Katarzyna Kos

 



Greubel Forsey Balancier: la sencillez complicada

 

Greubel Forsey son los reyes del tourbillon y sin embargo últimamente están presentado relojes mucho más sencillos que sin embargo conservan los genes de la manufactura. Uno de ellos es el nuevo Greubel Forsey Balancier, presentado en la feria de Baselworld 2017. Vamos a ver en qué consiste y su precio.

 

Dobles e incluso cuádruples tourbillones, a menudo inclinados en grados nunca vistos antes, alojados en cajas con un nivel de acabado igualadado por muy pocos… Eso es lo que se nos viene a la cabeza cuando hablamos de G B. Y sin embargo, como decía arriba, lleva un tiempo presentando relojes con una presencia mucho más austera. En 2015 vimos aquí el Tourbillon 24 Seconds (que ganaría el máximo premio del GPHG) y el año pasado fue el Signature 1 (que vimos en vivo aquí). Así que el Greubel Forsey Balancier no está solo en la búsqueda de la más alta cronometría pero con una faz más limpia.

El reloj sigue siendo un Greubel Forsey, de eso no cabe duda. Sobre todo porque en el lateral luce la tradicional protuberancia que caracteriza a los relojes de la marca. Está fabricada en oro y tiene un diámetro bastante contenido para lo que suele ser la casa: 43,5 mm, con una altura de 13,94 mm. Luce un bisel pulido y graneado vertical en los laterales. Como también es norma en la casa, el “riñón” de la caja a las 7 horas tiene una apertura a través de la cual se puede mirar aquella pieza que esté más cerca del zafiro.

Y en este caso lo que se ve es la pieza que da nombre al reloj: el volante (balancier en francés). Como no podría ser de otro modo, este volante se ha diseñado en la manufactura. Mide unos poco habituales 12,60 mm de diámetro y presenta 6 tornillos reguladores, oscila a 21.600 alternancias/hora y, claro, se puede parar para ajustar correctamente la hora. Lo sujeta un puente con el nivel de pulido de la casa, que es inigualable.

Está alojado en el lateral de una esfera realizada en alpaca en que las superficies -ya sean rectas o curvadas- se han pulido para obtener un lustre uniforme, con los biselados perfectamente ejecutados. Los grandes puentes están escarchados y punteados, y sobre ellos se mueven las manecillas de horas, minutos y segundos, azuladas y pulidas. También la de reserva de marcha, que es la única complicación que incluye este Greubel Forsey Balancier.

Curiosamente el movimiento no es visible, y está cubierto por una placa con una profusa literatura grabada a mano. El trabajo aquí del artesano es descomunal, pero yo creo que hubiera sido preferible dejar a la vista el calibre manual del reloj.

En resumen, el Greuble Forsey Balancier es un canto a los elementos básicos de la relojería: mostrar la hora de la manera más exacta posible. Y lo hace con una presencia elegante y a la vez con la singularidad que tienen todos los relojes de la manufactura. Es una edición limitada que sólo se podrán atar a la muñeca (con una correa de aligátor) 33 afortunados. Para ello tendrán que pagar el precio de 205.000 francos suizos (aproximadamente 190.000 euros) más IVA. Para lo que son los precios de la casa, no está mal. Más información en GreubelForsey.com.

P.D.: Las dos fotos en vivo del reloj son de Emmanuel Jutier, Regional Sales Manager de Greubel Forsey, a quien agradezco que me las haya cedido.



Chopard L.U.C XPS Twist QF Fairmined. Fotos en vivo y precio

 

Chopard sigue con paso firme su política de vender relojes que saben combinar máxima calidad con lujo y conciencia social. Y además este Chopard L.U.C XPS Twist QF Fairmined añade una estética única.

 

Lo voy a repetir una vez más: Chopard es una de las marcas de alta relojería cuyo reconocimiento no se corresponde con los méritos que tiene, que son muchos. Este Chopard L.U.C XPS Twist QF Fairmined es un buen ejemplo de cómo hacer un reloj de vestir comme il faut pero que sin embargo se distingue claramente de los demás. No es de extrañar que el reloj tenga el nombre añadido de “Twist”, porque es verdad que le da una vuelta al concepto de reloj formal.

En 2015 salió la primera versión del L.U.C XPS QF Fairmined (esta) que era mucho más formal que la que vemos hoy. Aunque aquel era sin duda un relojazo, Chopard ha cambiado algunas cosas para acentuar su capacidad de seducción mediante una presencia más sólida.

La caja ha aumentado medio milímetro su diámetro, pasando totalizar 40 milímetros. Su altura sigue siendo perfecta para no entrar en discusiones con los puños de camisa: 7,20 mm. El bisel está pulido a espejo al igual que el reverso, mientras que las caras verticales y el espacio entre las asas está satinado. Pero lo que destaca es la corona, que se ha agrandado -la anterior era demasiado pequeña- y se ha desplazado a las 4, acompañando el movimiento en rotación de la decoración del dial.

La delgadez de la caja se debe al calibre L.U.C 96.09-L, que aún siendo automático tiene una altura de sólo 3,30 mm. Y es que el movimiento integra un microrrotor de oro (variante en la que Chopard es experta) que reduce la altura total. Se mueve a 4 hercios y aporta 65 horas de reserva de marcha gracias a sus dos barriletes. Ostenta la exigente certificación de la Fundación Qualité Fleurier, lo que implica que también tiene la certificación COSC. Para ver lo que significa el sello Qualité Fleurier -la QF en el nombre Chopard L.U.C XPS QF Fairmined- sólo hay que leer la entrada sobre mi visita a la Manufactura Chopard.

Por supuesto la reina de esta fiesta es la esfera, con ese dibujo en rotación que está inspirado en el aspecto que tiene una pepita de oro al ser extraída. Sobre su color pizarra resaltan los nuevos índices con forma de diamante, muy habituales en los relojes de Chopard (por ejemplo). Se han recuperado también las tradicionales manecillas de Chopard que todos asociamos con el Art Deco y el edificio Chrysler, pero que la casa llama Dauphine-fusee; es decir, “delfín-cohete”.

Otro giro en el diseño y sin duda el gran objeto de debate es el pequeño segundero. Se ha desplazado hasta las 7 y además se ha remarcado con un un guilloché circular que rompe la continuidad de la esfera y crea asimetría con la corona a las 4. Choca ver en un reloj de vestir (lo opuesto a las locuras de diseño) una licencia estilística como esta, pero eso es precisamente lo que busca la casa: que el Chopard L.U.C XPS Twist QF Fairmined sea distinto a la vez que distinguido.

El segundo elemento añadido es el texto debajo del tradicional L.U. Chopard. Para mí sobra, pero como he dicho muchas veces la industria relojera suiza tiene esta pasión por escribir en la esfera cosas que el dueño del reloj ya sabe, por si se le olvida qué reloj ha comprado. Lo que menos me gusta es el símbolo de Qualité Fleurier: no pega con lo que significa la institución y, sobre todo, no consigo evitar que me recuerde al antiguo logotipo de Caja de Madrid (a éste me refiero). Pero, como en todo, es cuestión de gustos.

Por último, el reloj se ajusta al brazo de su afortunado poseedor con una correa negra de aligátor cosida a mano. El Chopard L.U.C XPS Twist QF Fairmined es una edición limitada a 250 unidades que hay que buscar en las boutiques de la marca (la de España está en Madrid, en la calle Serrano). Tiene un precio de 18.210 euros. Más información en Chopard.es.

 



En la muñeca: Ulysse Nardin Grand Deck Marine Tourbillon

El Grand Deck Marine Tourbillon de Ulysse Nardin es uno de los relojes que más me han gustado de los últimos años, y sin embargo se me había pasado traerlo a portada. Un fallo inexcusable que voy a compensar con fotos en vivo y precio de esta delicia relojera.

 

El Grand Deck Marine Tourbillon viene a engalanar la lista de excelentes relojes marinos de la marca, que lleva el mar en su genoma: Ulysse Nardin creó su empresa relojera en 1846 para construir precisamente -y nunca mejor dicho- cronómetros marinos. Su dedicación a conseguir la máxima exactitud está refrendada por el Observatorio de Neûchatel, donde desde 1846 a 1975 Ulysse Nardin presentó 4.504 cronómetros marinos para ser comprobados. El 95% de ellos (4.324) obtuvieron el certificado, una cantidad y un porcentaje difícil de igualar.

Sus cronómetros marinos tienen todos un aspecto muy formal (aunque muy atractivo a la vez), como se puede ver en este Marine Chronometer Annual Calendar del año pasado. Por eso  es tan llamativo y tan atractivo el Grand Deck Marine Tourbillon: sin abandonar la medida exacta del tiempo, la manufactura nos ofrece un homenaje al mundo del velero con la reproducción de una cubierta (deck, en inglés) de un yate. El casco de esta nave es de oro blanco con un diámetro de 44 mm y, como todos los barcos (y los relojes de Ulysse Nardin), lleva en el lateral una placa que lo identifica.

En la superficie del yate nos encontramos con elementos habituales en estos barcos: hay cuatro cabrestantes por el que se desliza un cordaje que mueve una botavara, de la que hablaré luego. El suelo está hecho de madera (de teca, creo yo, aunque UN no lo especifica), y los detalles están tan cuidados que incluso hay, alrededor de toda la esfera, unas barandillas para agarrarse. Me encanta.

Los nanotubos que se mueven entre los cabrestantes también son un guiño al mundo marino, ya que están fabricados en Dyneema, que es de facto el material estándar usado ahora en la fabricación de maromas para barcos. Es capaz de soportar 15 veces la tensión del acero o 4 veces la de la mejor fibra de aramida; es ligero, flota, no es tóxico, soporta los rayos ultravioletas y sólo rompe cuando la temperatura es inferior a los 150 grados bajo cero. No es de extrañar que se use incluso en la fabricación de chalecos antibalas.

Esos tubos son los encargados de mover la botavara de aluminio azulado, que es en realidad la manecilla retrógrada de los minutos: cuando se consumen la hora la manecilla vuelve tranquilamente hasta el inicio en una transición que da gusto ver, suave y sin trepidaciones.

La botavara se desliza sobre un cristal de zafiro azulado y translúcido, en el que los minutos están impresos en lo que parece una manera deslavazada. Es, en realidad, otro recuerdo marino, una referencia a cómo se plasman las brazas de profundidad en las cartas náuticas, que obviamente no mantienen ninguna regularidad. Se puede ver un ejemplo aquí, que incluso utiliza para los números un tipo de letra muy parecido al del Grand Deck Marine Tourbillon.

Bajo el ancla que sirve de logotipo a Ulysse Nardin -y que por cierto es la antigua, porque en el actual está recta- aparece una gran ventana para la hora compuesta por un doble disco. Como el movimiento de retorno de la manecilla horaria es lento, ajustar la hora a base de avanzar los minutos sería tedioso, así que el Grand Deck Marine Tourbillon integra en el calibre UN-630 un pulsador para el ajuste rápido. El pulsador está recubierto por el mismo caucho azul que rodea a la corona. El caucho tiene una doble función: hace aún más elegante al reloj y además favorece la operación (del pulsador y de la corona) porque asegura el agarre.

El calibre no le va a la zaga en belleza al resto del reloj. Hay un claro placer estético en ver un artefacto compuesto sobre todo de ruedas engranadas -que apelan a nuestro idea básica del funcionamiento de una máquina-; además la disposición de estas dentro del calibre es particularmente atractiva, con un contraste entre color dorado y metálico muy conseguido. Se nota la mano de Christophe Claret en el diseño del movimiento. El UN-630, de cuerda manual, integra dos barriletes: uno se encarga de alimentar la complicación y el segundo de mantener la correcta isocronía. Opera a 3 hercios y mantiene la marcha durante 48 horas.

Pero el calibre también añade un tourbillon volante que se sitúa a popa, decorado con un botón lacado con el ancla de la casa y encargado de marcar los 60 segundos de cada minuto. La verdad es que el juego de azules de la esfera no puede ser más perfecto. No se puede ser más náutico sin ser un reloj marino al uso.

El reloj se ata a la muñeca con una correa azul de aligátor acompañada por un cierre plegable también en oro blanco. A pesar de su presencia delicada el reloj sigue siendo sumergible hasta 100 metros, fiel a su linaje. Puesto sobre la muñeca el reloj es llamativo, elegante y provocador. Desde luego no tiene vocación de pasar desapercibido, pero resulta un verdadero placer llevarlo y mirarlo (y sí, también enseñarlo). Sólo 18 personas podrán disfrutar de él, porque esa es su limitada producción. El precio del Ulysse Nardin Grand Deck Marine Tourbillon en oro blanco es de 282.350 eurosque ojalá yo pudiera pagar. Por cierto que acaba de anunciar también una versión en oro rosa cuyo precio es de 272.250 euros, pero por ahora no va a llegar a España. Más información en UlysseNardin.com.

Versión en oro rosa

 



En la muñeca y en el oído: Chopard L.U.C Full Strike

 

En estos tiempos difíciles para la relojería (alta y baja) es refrescante y esperanzador ver que hay casas que se lanzan a crear productos realmente innovadores incluso dentro del mundo de las altas complicaciones, donde parece que nada se puede inventar. Y no me extraña que la novedad de la que hablamos hoy venga de una manufactura como Chopard, que se dedica a hacer altísima relojería a la chita callando. Señoras y señores, el Chopard L.U.C Full Strike en toda su gloria.

 

Y no es un Full Strike cualquiera: es el que lleva el propio Karl-Friedrich Scheufele, copresidente de Chopard. Así que no estamos hablando de un reloj de “carnet ATA” (las colecciones de muestra que tienen las marcas para enviarlas de un lado a otro), sino un reloj vivido y sentido.  E impoluto, a decir verdad. Es lógico que el Sr. Scheufele lleve un reloj así porque él es el impulsor de las creaciones relojeras de la casa, nacidas del profundo amor que siente por este arte y ciencia. Eso explica también que a menudo le veamos con un Ferdinand Berthoud FB 1 como los que vimos aquí, ya que son otra gran creación relojera concebida, nacida y crecida gracias a él.

Y precisamente por su pasión relojera este reloj no es simplemente una unidad funcional, que sería lo normal. Es un reloj que ha pasado todos los controles de la casa en cuanto a precisión cronométrica (el famoso certificado COSC) e incluso el ostenta el Sello de Calidad del Punzón de Ginebra, que evalúa tanto aspectos técnicos como estéticos. Es decir, yo también lo haría, qué caramba: es mi empresa, mi idea, mi reloj… pues quiero lo mejor, aunque sea más caro. ¿O no? Esto tiene una ventaja añadida: siendo seguramente el único ejemplar que va a pasar por España (que no tenga un propietario final ya designado, quiero decir), hemos podido ver hasta los más pequeños detalles decorativos, que suelen estar reservado para las unidades a la venta.

En la foto de aquí arriba se pueden ver entre la abundante literatura grabada en el reverso del reloj y de izquierda a derecha, la inscripción Chronometer (que sólo pueden llevar los relojes que han pasado las pruebas del laboratorio COSC -que ya vimos en el reportaje sobre mi viaje a la Manufactura Chopard), el Sello del Punzón de Ginebra, el de L.U.C -que testimonia que el calibre L.U.C 08.01-L es de manufactura y con las mayores exigencias propias de precisión y acabado- y por último el sello “Fairmined”, que garantiza que el oro utilizado para la construcción de la caja proviene de comercio justo, una iniciativa que la manufactura puso en marcha en 2014 y de la que se sienten legítimamente orgullosos.

Y además el reloj es perfectamente ponible: la caja tiene un diámetro de 42, 5 mm por 11,55 mm de alto. Hay por ahi relojes de tres agujas que son más altos que éste, cuyo calibre tiene 533 componentes. Así de bien hacen las cosas en Chopard y así de bien está hecho este Full Strike. Mezcla superficies pulidas y carrura satinada, una combinación elegante que siempre acierta. La poderosa corona alberga el pulsador que pone en marcha el mecanismo de sonería, con el logotipo de los movimientos L.U.C.

La esfera del reloj está parcialmente calada, lo que le da una presencia única, muy distinta de la imagen que se nos viene a la cabeza cuando pensamos en relojes con repetición de minutos (o sonería en general).  Es especialmente llamativo cómo han desaparecido las indicaciones horarias desde después de las 7 hasta casi las doce para poder admirar los enormes martillos. Afortunadamente el borde exterior de la esfera es una minutería de ferrocarril, lo que ayuda a que la lectura de la hora, cuando las manecillas se aventuran en ese abismo de maquinaria, sea precisa.

La verdad es que el conjunto de los martillos con los grandes numerales romanos, tan típicos de Chopard, crean una presencia muy poderosa, acentuada por las manecillas Art Deco (también irrefutablemente Chopard). A las tres una franja satinada subraya el doble indicador de reserva de marcha, que corresponde a las dos cargas del Full Strike: uno de los barriletes acumula la reserva de marcha del reloj, que se carga dando cuerda de la manera tradicional. El otro barrilete conserva la energía de la sonería, enrollando el muelle simplemente dando cuerda en sentido contrario a las agujas del reloj. Esta es una diferencia esencial con otros relojes de este tipo, ya que tradicionalmente al accionar el gatillo o pulsador de los relojes tradicionales se enrolla el muelle lo necesario como para que, al soltarlo, pueda mover los martillos el número suficiente de veces como para poder dar incluso la cadena más larga (las 12:59). Por tanto para repetir el proceso hay que volver a enrollar el muelle.

Con el Full Strike se puede repetir la cadena de sonidos más larga hasta 12 veces, algo nunca visto en un reloj de pulsera (que yo sepa). De ahí que tenga su propio indicador de reserva de marcha, con una manecilla en acero azulado deslizándose por por un segmento también azul.

¿Y que ocurre si, como en la foto, la reserva de marcha está agotada -o casi-? Nada. El Full Strike tiene una protección de seguridad que impide que el funcionamiento de la sonería si no tiene suficiente energía. Éste es el primero de los elementos de seguridad, pero hay dos más: se ha añadido un mecanismo que evita el arranque de la complicación si el embrague no está acoplado del todo (algo que ocurre más fácilmente en los repetidores de gatillo), y otro que evita que se pueda disparar la sonería cuando se está cambiando la hora. De esta manera el reloj está protegido de los problemas que más habitualmente hacen que el reloj tenga que pasar por el servicio técnico.

Y ha llegado el momento de escucharlo. Como ya expliqué cuando se lanzó el reloj, lo más particular del Chopard L.U.C Full Strike es que el cristal de zafiro no sólo cubre la esfera sino que se prolonga hasta la base de la caja, de manera que los martillos golpean sobre el zafiro, no sobre las habituales varillas metálicas. Por ello, como hay que hacer más fuerza para que suene el reloj, los martillos son más grandes de lo habitual. Chopard afirma que ha golpeado 1,5 millones de veces el cristal con los martillos y no se ha roto. Para hacernos una idea eso es como hacer sonar la 1 menos un minuto 45.454,5 veces. Es decir, repetir la secuencia 124 veces cada día durante un año. No parece que haya que preocuparse por la resistencia del zafiro, creo yo… Por si acaso, Chopard ha patentado la estructura.

El resultado es excepcional. Es el sonido que oímos cuando golpeamos una copa de cristal de Bohemia con un metal. Un timbre a la vez delicado, duradero y sorprendentemente potente. Vamos a escucharlo tal cual lo grabé con móvil Lumia. Aunque todos los móviles originarios de Nokia son famosos por sus buenos micrófonos, no deja de ser un móvil, así que hay que imaginarse que el sonido en vivo es aún más conmovedor.

¿A que sorprende? Pues después de oírlo unas cuantas veces te das cuenta de que hay algo que no se oye: el regulador. Es completamente silencioso y ni siquiera se oye el clic final, habitual cuando acaba la secuencia sonora. No es por señalar con el dedo, que es de mala educación, pero hay por Horas y Minutos unos cuantos ejemplos de repetidores de minutos que, puestos al lado de este Full Strike, resultan dolorosamente ruidosos.

El color de este oro de comercio justo es particularmente sobrio y cálido, nada ostentoso. La correa de aligátor, certificada por el CITES (el organismo internacional para la protección de especies en peligro) resulta excepcionalmente cómoda, y se fija cómodamente a la muñeca con la hebilla de oro. Pocas pegas se le puede poner a un reloj como el Full Strike, salvo la lejanía que su precio tiene de nosotros, pobres mortales: 265.000 francos suizos (aproximadamente 246.700 euros). El único consuelo es que sólo hay 20 unidades por lo que no creo que nos vaya a dar envidia desde una vitrina: seguro que están todas las unidades ya asignadas, o casi. De ahí el privilegio de haber podido tener uno en la muñeca, y de haber inmortalizado su sonido. Más información en Chopard.es.



Los 60 segundos de Rolex en los Oscars: otro éxito de la marca

Como supongo que nadie ignora, el domingo por la noche se celebró la esperada ceremonia de entrega de los Oscars. En lo que a nosotros concierne esta ceremonia marca el inicio de la presencia de Rolex en los Oscars como patrocinador, y para celebrar la ocasión creó un anuncio de nada menos que de 60 segundos resumiendo parte de sus apariciones en películas.

 

Goldfinger, 1964

Ver a Rolex en los Oscars resulta tan natural que parecería que estado ahí en todas las ediciones. Rolex inventó el marketing de relojes (bueno, casi podríamos decir que inventó el Marketing, con M mayúscula) y siempre ha tenido un ojo impecable para elegir qué eventos esponsorizar y con qué nombres relacionarse. Por ejemplo su patrocinio del tenis, perfectamente asimilable a sus rasgos de elegancia y por supuesto de precisión (aquí vimos su por ahora última gran aparición en este deporte). Por eso todo el mundo se sorprendió cuando pasó a ser imagen de la Fórmula 1, pero fue un golpe de genio porque la exposición es máxima sin grandes exigencias a cambio: mientras que Omega ha desarrollado (y sigue haciéndolo) excelente tecnología para medición de competiciones de la que se siente justa y merecidamente orgullosa, tal como vimos aquí y aquí, la sola presencia del nombre de Rolex y quizá un reloj convencional en la pista le sirve para que le atribuyan ese intangible de “la máxima exactitud necesaria en un evento deportivo”. No se puede lograr más con menos.

Ahora la marca coronada ha decidido esponsorizar otro acontecimiento global: los Oscars. Y por supuesto nuevamente le va que ni pintado, porque dónde mejor para encontrar un Rolex que entre el mundo del glamour y la fama en el que además se entregan muchas estatuillas que provocan innumerables momentos de felicidad. Asociar todo esto con una marca de relojes no tiene precio (bueno, seguro que lo tiene y seguro que exorbitante), y Rolex ha dado nuevamente en el clavo haciéndose con ello. Probablemente ha hecho crujir los dientes de envidia a más de una marca competidora, porque ver a los Rolex en los Oscars significa que los Oscars se van a asociar a partir de ahora con los Rolex y con nadie más.

Para remarcar aún más la idea de la toma de posesión de la marca, Rolex lanzó un montaje de 60 segundos con momentos de distintas películas en las que aparecen e incluso se nombran sus relojes. Así podemos ver a Peter Sellers, Paul Newman, Bill Paxton (triste y repentinamente fallecido el sábado) o Harrison Ford, entre otros, llevando un Rolex. Pero lo más llamativo es que no llevaban los relojes porque estuvieran patrocinados por la marca, sino que los llevaban ellos (y ellas) por su propio gusto.

Fotograma de Argo – 2012

Por supuesto no están todas las apariciones porque entonces no sería un vídeo de 60 segundos sino de 60 minutos. Por ejemplo aquí arriba vemos un fotograma de Argo, que en 2013 ganó el Oscar a la mejor película. Y, salvo el Casino Royale y Peter Sellers de 1967, no hay nada de James Bond (ni siquiera este Casino Royale se puede considerar una auténtica película de James Bond). Seguramente será un problema de copyrights. Sí es gracioso cómo en Apollo XIII, en la que como sabemos todo el protagonismo -merecido e históricamente cierto- se lo lleva el Omega Speedmaster, el vídeo ha conseguido colar un Rolex GMT Master.

En definitiva: Rolex en los Oscars es otro indudable acierto de la marca, que una vez más y de manera discreta hace saber quién manda en todo esto. Os dejo a continuación el vídeo para que podáis echar un rato tratando de averiguar qué películas y qué actores aparecen. Más información en la web dedicada de Rolex.com.



Brian Lavio, nuevo General Manager de Audemars Piguet Iberia, lleva un reloj histórico

Audemars Piguet Iberia tiene un nuevo Country General Manager. Su nombre es Brian Lavio y, cuando estuve hablando con él, me di cuenta de dos cosas: una, su extraordinaria afabilidad; dos, que su reloj personal es un interesantísimo modelo histórico de la marca: el Star Wheel. Vamos a conocer un poco más de ambos.

 

Brian Lavino fue nombrado Country General Manager de Audemars Piguet Iberia el día 1 de enero de 2017, que no es una mala manera de comenzar el año. Habla perfectamente español, con un suave acento italiano que hace más musical nuestro idioma. Según dice la nota de prensa oficial, “laureado en Marketing y con un MBA en gestión de marcas de lujo, Brian llega a Audemars Piguet con toda su pasión y espíritu emprendedor aprendidos de la creación y lanzamiento de empresas propias en el mundo del automovilismo y de lujo.

En 2014 su camino se cruza con Audemars Piguet gracias a su actividad de consultoría con importantes marcas de lujo. «Creo en la versatilidad dentro del entorno de los negocios y en la habilidad de cambiar adaptándose a las necesidades que dicta el momento, captando con rapidez el nuevo rumbo y tomando decisiones con la agilidad que la velocidad de estos nuevos tiempos dicta».

Desde ese momento Brian Lavio se ha ocupado como Brand Manager de varios mercados europeos y desde 2016 de toda la coordinación de ventas y marketing de la región. «Audemars Piguet es una empresa como pocas en el mundo. El espíritu familiar y el dinamismo que se respira fueron los principales factores que me hicieron dejar todo para dedicarme a la marca al 101%»”. Lo que no dice la nota es que además en su juventud Brian fue piloto de coches de carrera y derallies, una experiencia que le llevaría a fundar en 2010 la empresa Ellegy para la difusión del GT Open y European F3 Open.

El pasado jueves tuve la ocasión de hablar con él un rato y me di cuenta de que por encima de su amor por Audemars Piguet está su amor por la relojería, por todo lo que significa el arte y la ciencia tras ella. Prueba de ello es el reloj que lleva, que no es el calendario perpetuo que aparece en la foto oficial -y que vimos en vídeo en este artículo-. Es un Star Wheel nada menos. Parece que Audemars Piguet es sólo Royal Oak, especialmente porque en los últimos años es casi lo único que sobre lo que hace hincapié, pero la realidad es que la manufactura de Le Brassus es un maravilloso pozo de sabiduría relojera con una ingente cantidad de modelos creados a lo largo de sus 142 años de vida, muchos de los cuales sus seguidores -y los que no lo son tanto pero les gusta la relojería- estarían encantados de verles de nuevo en el catálogo de la marca.

STAR WHEEL

El Star Wheel de Brian Lavio

En 1989, tras ver un artículo en el Journal Suisse de l’Horlogerie sobre un reloj del siglo XVIII que no usaba manecillas para dar la hora sino tres discos rotativos que a su vez rotaban sobre un eje central, Audemars Piguet comenzó el desarrollo de un reloj -esta vez de muñeca- con el mismo mecanismo. Tras 18 meses de desarrollo se presentaba un Jules Audemars automático con tres finos  y trasparentes discos rotativos de zafiro, cada uno con cuatro numerales y una flecha sobre cada uno de dichos numerales. Los tres se movían sobre una rueda central que hacía una rotación completa cada tres horas.

Según gira, la rueda coloca el numeral de la hora a lo largo de un arco graduado de 0 a 60, de manera que las pequeñas flechas señalan los minutos. Una vez cada tres horas los tres discos transparentes realizan un cuarto de giro, de manera que también giran los numerales horarios. Y si hasta ahora no se te había venido a la cabeza la casa Urwerk y sus satélites horarios, es buen momento para que lo recuerdes.

Es una manera a la vez complicada, elegante y original de mostrar la hora. El de Brian Lavio es una de las versiones que Audemars Piguet produjo: un modelo decorado con hojas de acanto grabadas que apareció el mismo año que se lanzó el reloj, cuya primera versión es la que hemos visto en oro amarillo. También se lanzó una versión de bolsillo extraplana y con la misma decoración que el modelo original:

Para el 125 aniversario de la manufactura se lanzó un Star Wheel de bolsillo con dos caras, en una edición limitada a tres unidades. Una cara tenía un calendario que se mostraba al estilo Star Wheel y la otra una esfera tradicional, con manecillas y un pequeño segundero a las 6, y con el bisel con diamantes engastados. Además se lanzó una versión en platino. Y, por primera vez, el Millenary recibió un mecanismo Star Wheel, en edición limitada a 150 unidades: 125 en acero y 25 en oro rosa.

Pero sin duda el Star Wheel más original es el modelo John Shaeffer, cuya forma y nombre vienen de la pieza creada para el industrial John Shaeffer (y que ahora está en el museo Audemars Piguet). Shaeffer se dio cuenta de que su nombre y apellido sumaban 12 letras, así que le pidió a AP que le fabricara un reloj en el que las horas fueran las letras. El reloj que le confeccionó la manufactura, un repetidor de minutos, pasó a denominar a la gama de relojes con esa forma de cojín. Posteriormente se llamaron Tradition, una colección ya extinguida (aunque en relojería nunca se sabe).

El John Shaeffer Star Wheel se lanzó en 1995 en una edición limitada de 40 unidades; cinco en oro rosa, diez en platino y veinticinco en oro rosa. La característica más excepcional de este reloj, sin embargo, y que lo hace una pieza especialmente apreciada por los coleccionistas, es que incluye un repetidor de minutos.

Con la entrada en el nuevo siglo el Star Wheel se dejó de producir, desafortunadamente. Pero como digo, quién sabe si veremos alguna reedición en el futuro. Quedan 8 años para celebrar el 150 aniversario del nacimiento de la manufactura, e imagino que se celebrará por todo lo alto. ¿Quizá sería un buen momento para una reedición del Star Wheel?. Mientras tanto a mí no me queda sino felicitar a Brian Lavio por su nombramiento y desearle la mejor de las suertes. Y de paso alabarle su exquisito gusto a la hora de elegir su reloj personal. Más información en AudemarsPiguet.es.

 



Drive de Cartier amplía su club de caballeros con dos nuevos modelos

El reloj más masculino de la casa parisina incorpora dos nuevos modelos. El Drive de Cartier Moon Phases y el Drive de Cartier Extra Flat consolidan una colección que va camino de convertirse en otro gran clásico de la casa. Veamos las cuatro variaciones y sus precios, con algunas apresuradas fotos en vivo que saqué en el SIHH 2017, donde fueron presentados los relojes.

 

Cuando apareció el Drive de Cartier hubo unanimidad total a la hora de alabarlo como una gran incorporación al mundo del reloj masculino. Más aún, todos pensamos que por fin Cartier lanzaba un reloj que era exclusivamente para hombre, ya que sus otras colecciones siempre han tenido cierta ambivalencia o directamente han querido atraer tanto a hombres como a mujeres, El ejemplo más claro es el Clé de Cartier que presenté en este artículo.

El Drive de Cartier se presentó como un modelo inspirado en el automóvil, pero era una imagen que no necesitaba porque su masculinidad no precisaba de ningún subrayado. De hecho la colección presentada carecía de un cronógrafo, una complicación consustancial con el mundo automovilístico. En realidad fueron modelos mucho más de vestir: un tres agujas (que vimos aquí) y un segundo huso horario, que también tuve la fortuna de poder disfrutar y que presenté en este artículo. Ahora ese lado más formal se ratifica con las nuevas incorporaciones: un fases lunares y un extra plano.

DRIVE DE CARTIER MOON PHASES

Este Drive de Cartier Moon Phases es un tanto sorprendente: si el primer automático presentado era un tres agujas con pequeño segundero a las 6, ahora se ha suprimido el segundero para dejar todo el espacio a la complicación lunar. Esto hace que el reloj sea más estático de lo quizá gustaría, y te hace pensar si no hubiera sido mejor dejar el pequeño segundero o tener un segundero central. Además por primera vez se ha escrito la palabra Automatic, que no se había usado en los demás modelos. Está ubicada precisamente en el registro de la las fases lunares, por lo que imagino que ha sido una decisión estética, para que la esfera no tuviera una aspecto desmayado.

La caja sigue midiendo 40 x 41 mm, lo que le permite tener una esfera con elementos grandes que sin embargo quedan muy bien proporcionados. Se presenta tanto en acero como en oro rosa, y la corona -en cualquiera de los dos metales- está culminada por un zafiro. La fase lunar necesita un ajuste cada 125 años, lo que acredita lo muy en serio que se toma la relojería Cartier: seguramente podría haber desarrollado un módulo menos preciso y sin embargo sus objetivos han sido todo lo exigentes que demanda la alta relojería.

La esfera mantiene la decoración guilloché -tan querida por Cartier- que se ve truncada por la minutería de ferrocarril y que muere contra una franja satinada sobre la que se han pintado los numerales romanos. La hora la señalan dos espadas de acero azulado.

El reloj se mueve gracias al calibre 1904 LU MC, es decir, el calibre base de Cartier -tan probado como fiable- con el módulo correspondiente. Se mueve a 4 hercios y tiene una reserva de marcha de 48 horas.

 

DRIVE DE CARTIER EXTRA FLAT

Hay veces que la ocasión a la que acudimos es de rigurosa etiqueta y hay que llevar un smoking o un chaqué (o incluso un frac). En estos casos los puños de la camisa van completamente ceñidos a la muñeca y al único tipo de reloj al que le pueden dar cháchara durante la velada es un extraplano, porque cualquier otro se va a sentir señalado y fuera de lugar. Aquí es donde se va a sentir a gusto el Drive de Cartier Extra Flat, porque sólo levanta 6,6 mm, un 40% menos que su hermano el tres agujas.

Como todos los relojes de etiqueta es sólo un dos agujas, movidas por el calibre manual 430 MC. Este es un calibre basado en el 430P de Piaget, lo que tiene mucho sentido dado el prestigio de Piaget en la creación de calibres extraplanos y porque ambas casas pertenecen al grupo Richemont. Por tanto el trasvase de tecnología entre marcas de una misma familia solo puede verse como un proceso natural. El calibre se mueve a 21.600 alternancias a la hora y tiene una reserva de marcha de 36 horas, demasiado poco en estos tiempos.

El reloj se presenta en versión de oro rosa y oro blanco. Sorprendentemente no hay versión en acero, pero nada indica que no la vaya a haber. Más aún, la versión en oro blanco es una serie limitada a 200 unidades, que seguro va a ser la más solicitada. Ambas cajas son más pequeñas que sus hermanos de colección, ya que miden 38 x 39 mm. Pero la forma de cojín hace que el reloj siga pareciendo más grande de lo que es.

La esfera prescinde del tradicional guilloché y pasa a ostentar una decoración rayos de sol que hace de un modelo supuestamente muy serio y un reloj muy atractivo y sexi. No es de extrañar que para su dueño se convierta en reloj de todos los días e incluso de fin de semana, porque seguro que también le quedan bien unos vaqueros. Habrá que ver si, aparte de una versión en acero, Cartier seguriá expandiendo esta -digamos- subfamilia de Drive de Cartier extra planos con alguna complicación. Desde luego la ayuda de Piaget en este sentido puede ser inestimable.

Yo creo que el Drive de Cartier tiene mucho futuro porque es un reloj muy bien hecho y muy seductor que, por lo que hemos visto hasta ahora, mantiene su fuerte personalidad incluso con la inclusión de complicaciones (que a menudo diluyen el ADN de algunas piezas). La versión Moon Phases tiene un precio de 7.650 euros para la versión de acero, mientras que la de oro rosa se presenta con un precio de 20.600 euros. Por su parte la versión Extra flat tiene un precio de 15.200 euros, mientras que la edición limitada de oro blanco cuesta 16.300 euros. Más información en Cartier.es.



Los maravillosos A. Lange & Söhne Lange 1 Moon Phase, en la muñeca

Aunque fueron anunciados por A. Lange & Söhne como lanzamiento pre-SIHH 2017, no fue hasta que abrió el salón que pudimos verlos en vivo y confirmar lo que ya sabíamos: son una fantástica versión del modelo icónico de la casa. Vamos ver los tres modelos y sus precios.

 

Lange 1 Moon Phase en platino

El Lange 1 Moon Phase pertenece a la familia de lo que yo considero uno de los (muy pocos) relojes perfectos: el Lange 1. Prácticamente no ha cambiado desde que apareció en 1994, salvo un retoque en el bisel y las letras. Aparte, por supuesto, de otra minucia: nada menos que un calibre completamente nuevo que Lange decidió crear porque sí, porque por algo es la número uno y hace estas cosas como el anuncio: porque yo lo valgo. Lo expliqué todo en este artículo. ¿Quiere esto decir que es único Lange que hay que tener en la colección? En absoluto. Lo que quiero decir es que por lo menos hay que tener un Lange 1, y luego todos los demás Lange que se puedan (porque soñar es gratis).

Versión en oro rosa

Y como Lange va completamente a su aire hace difícil lo fácil: elegir un Lange 1 es sencillo porque la perfección no deja margen para dudar, pero como va añadiendo versiones que nunca desmerecen el original cada vez cuesta más elegir con qué perfección quedarte.

Versión en oro blanco

No es la primera vez que vemos una fase lunar en el Lange 1, pero hasta ahora había aparecido siempre en la configuración más grande, la de caja de 41,5 mm de diámetro. Esta medida se utiliza en el Grand Lange 1 (el ejemplo más llamativo es éste) o, sin el Grand, en las versiones con calendario perpetuo. Porque el diámetro tradicional del Lange 1 es 38,5 mm y, en este caso, con una altura de 10,2 mm. El Lange 1 Moon Phase además se ha lanzado en dos oros y en platino para, como digo, complicar aún más la elección.

El Lange 1 Moon Phase mantiene en la esfera la misma proporción áurea de sus hermanos de colección, y por tanto hay que tener mucho cuidado cuando se introducen elementos para no romper el equilibrio. En el caso de las fases lunares era sencillo porque ya existía la subesfera del pequeño segundero, con un tamaño ideal para ubicar allí la complicación. Pero, como es la primera vez que aparece en el icono de la casa, tenía que ofrecer algo más que simplemente la fase lunar.

Ya lleva unos años Lange usando un disco de fases lunares en el que ha incluido 1164 estrellas cortadas a láser, logrando uno de los cielos nocturnos más bonitos del mercado. Pero ahora el disco lunar sirve también para indicar el día y la noche de una manera sencilla, intuitiva y -una vez más- preciosa: la luna no forma parte del disco, sino que se mueve sobre su propio eje. En realidad son dos lunas de oro macizo, aunque sólo se ve una cada vez. La luna va siguiendo su curso normal (con una exactitud tal que sólo se desvía un día cada 122,6 años).

Por detrás se mueve un disco celeste -también de oro macizo- que efectúa una revolución completa exactamente cada 24 horas, para indicar el día y la noche. Así, durante el día se mueve una mitad delicadamente decorada con una gradación de azules, mientras que la noche se indica con el firmamento estrellado que ya he mencionado, en el que además las estrellas brillan menos que la Luna para no quitarle protagonismo. Aquí se entiende mejor:

Este mecanismo tan sencillo en realidad no lo es, ya que necesita de ¡70 piezas! para hacerlo realidad. Están integradas en el nuevo calibre manual de manufactura L121.3 que en total tiene 438 piezas, entre las que destacan el volante excéntrico antichoques con espiral de fabricación propia (Lange es de las pocas casas que fabrican su propio espiral). Oscila a 21.600 alternancias a la hora, con regulación del declive con tornillo de ajuste lateral y muelle en forma de cuello de cisne. Además, por supuesto, de la maravillosa decoración a mano de que disfrutan todos los relojes de la casa.

Si mecánicamente el reloj es excitante, cuando te lo pones la muñeca es para caerse de espaldas de lo maravillosamente bien que queda. Un reloj de 39 mm de diámetro me suele dar la impresión de bordear lo ligeramente pequeño, pero este Lange 1 Moon Phase es perfecto también es este aspecto. Parece que te ha crecido en el brazo, porque tiene una caída impecable y siempre está bien puesto. Es como un traje a medida.

Sin duda la versión más llamativa es la de oro blanco con esfera negra, pero yo me quedo con la de oro rosa o con la de platino. ¿Más tradicionales? Es posible pero, aun gustándome mucho las esferas negras, en este caso prefiero las versiones de tez clara. Pero por favor: ¡que eso no impida a nadie regalarme la versión oscura!

Los Lange 1 Moon Phase tienen unos precios en línea con los que suele ofrecer la manufactura: parecen caros -y sin duda cuestan mucho dinero-, pero cuando valoras lo que ofrecen son siempre de lo mejor en su relación calidad-precio. Tanto la versión de oro rosa como de oro blanco tienen un precio de 39.500 eurosmientras que la versión con caja de platino tiene un precio de  52.000 euros. Los precios pueden variar porque se presentaron con el IVA alemán que es del 19%, pero no creo que cambien demasiado. Más información en A.Lange&Söhne.com.



Audemars Piguet y Rolex, ganadores del Australian Open

 

A los que nos gusta el tenis este Abierto de Australia nos ha resultado particularmente atractivo porque hemos visto resurgir leyendas y sobre todo enfrentamientos que creíamos que no volverían. Además de los deportistas, de las finales han emergido dos claros ganadores: Audemars Piguet y Rolex.

 

En primer lugar, la final femenina. Nuevamente se enfrentaron las hermanas Williams, Serena y Venus. La primera vez que jugaron en Melbourne fue en 1998, llevando trenzas y aparatos bucales, pero muchas han cambiado en estos 19 años: Serena tiene 23 títulos principales y su hermana 7. Venus es la contendiente más mayor que ha jugado la final del Australian Open, con 36 años (uno más que su hermana). Y, de manera increíble, desde que cumplió 30 años Serena ha ganado 10 grandes títulos, a una edad en que la mayoría de las mujeres ya se han retirado.

El partido fue claramente para Serena, que ganó su séptimo Australian Open con un tanteo de 6-4, 6-4, que además le sirvió para volver al número 1 del ranking. Está a un título del record absoluto de victorias (24) aún en poder de Margaret Court -qué ironía, apellidarse “cancha”-.  Y ganó la final llevando en su muñeca un Audemars Piguet, de quien es embajadora.

Pero en esta ocasión no lo ha hecho llevando un Royal Oak Chronograph, como era habitual y como la vimos cuando ganó Wimbledon (en este artículo). Para la final del Australian Open lució un Millenary Rose Gold con bisel de diamantes. Los Millenary es una colección de relojes de caja oval que tiene tanto modelos masculinos como femeninos, aunque son los de mujer a los que más atención está prestando AP estos últimos años. Pero aún así están muy a la sombra de todo lo que sea Royal Oak.

No es desde luego un reloj deportivo, ni tampoco es que a Serena le importe mucho. De hecho para Audemars Piguet es una elección excelente porque le ayuda a publicitar un modelo no muy conocido entre el público. Yo imagino que la decisión de llevar este reloj fue de la propia Serena. Si es así, AP no tiene sino que aplaudir su elección. Y por supuesto felicitarla por ser la mejor tenista de la historia.

ROGER FEDERER

La final masculina del Australian Open fue aún más emotiva, porque nos permitió volver a disfrutar de uno de los grandes duelos de la historia del tenis. Seguramente el mayor enfrentamiento que ha dado este deporte: Roger Fereder contra Rafael Nadal. Dos tenistas que todo el mundo daba por enterrados -incluso ellos mismos no se veían con demasiadas posibilidades- y que sin embargo llegaron, contra todo pronóstico, a la final.

¡Y qué final! Casi 5 horas de batalla épica en la que se vio que no sólo habían resurgido los jugadores míticos, sino que lo habían hecho jugando el mejor tenis que nunca habían jugado. Por supuesto Nadal jugó todo el rato con su Richard Mille RM 27-02 Tourbillon Rafael Nadal (que vimos aquí). Roger Federer jugó sin reloj puesto, también como siempre, pero para la entrega de trofeos sí que se puso uno: el Rolex GMT Master II con bisel azul y negro de Cerachrome. El llamado “Batman”.

El reloj fue lanzado en Basilea en 2013, y fue el primer Rolex con un bisel de Cerachrome bicolor. Y es un detalle importante, porque no son dos piezas de cerámica juntas, sino una sola en la que se ha conseguido dos colores. El proceso es tan complicado que incluso está patentado por Rolex. Además, sobre la superficie pulida se inserta una fina capa de platino para formar los numerales. El bisel se asienta sobre una caja de 40 mm que además acoge el excelente calibre 3186. Todo por un precio de 8.250 euros.

En este caso yo sí creo que el modelo fue “sugerido” por Rolex, porque en las pantallas digitales que rodean las canchas era el modelo que se proyectaba, y en los cortes publicitarios también. Aunque claro, imagino que Roger no le hizo ningún asco cuando se lo dieron. Entre que por contrato había que decir el nombre de Rolex en las retransmisiones, que las pantallas continuamente mostraban el GMT Master II y la victoria de Federer, la exposición de Rolex ha sido máxima. Le ha salido redondo el Australian Open.

Felicidades al que es sin duda (y salvo que milagrosamente Nadal lograra igualar su número de Grand Slams, labor harto difícil a estas alturas) el mejor jugador de tenis de la historia.



Urban Jürgensen Reference 2340: fotos en vivo y precio

 

La mayor parte de los artículos que aparecen en una web de relojes (ciertamente en Horas y Minutos), están ligados a la actualidad, de una forma u otra. Desde luego no es el caso con este Urban Jürgensen Reference 2340, un reloj difícil de ver dado el tamaño de la manufactura y su limitada red de ventas. Pero es que la belleza hay que compartirla.

 

 

UN POCO DE HISTORIA

El árbol familiar de Urban Jürgensen

Este Reference 2340 no es sino la última incorporación (a la espera de lo que veamos en Baselworld) en la colección de una de las pocas manufacturas que han funcionado de manera ininterrumpida desde su fundación. En 1773 Jürgen Jürgensen (que significa “Jürgen, hijo de Jürgen”) creó su primer negocio en Dinamarca tras pasar por Le Locle y trabajar para Jacques-Frédéric Houriet, con cuya hija Sophie-Henriette se acabaría casando.

Jacques-Frédéric Houriet, más chulo que un ocho, y su hija Sophie-Henriette, quien, auque lo parezca, no era jorobada. Cuadro del Musée d’horlogerie du Locle

Fueron su hijo Urban (1776-1830) y su nieto Jules (1808-1877) los que se convertirían en los relojeros más famosos de la familia. Urban estudió con Breguet y con Arnold, y se ganó una gran reputación como teórico de la relojería (escribió en 1804 el importantísimo libro Principios Generales sobre la Medida del Tiempo de los Relojes), además de crear y suministrar cronómetros marinos para la Real Armada danesa. Jürgensen ofrecía una amplia gama de productos relojeros. En palabras de Søren Jenry Petersen, el actual dueño y director general de la empresa, “nuestra herencia es la de unos diseños muy contenidos, clásicos y funcionales, con especial atención a la disposición de las esferas, los guillochés, y a un uso honesto de los materiales y el trabajo artesano”.

Søren Jenry Petersen

La propiedad familiar de la marca terminó en 1912, y desde entonces el nombre más conocido fue el de “Jules Jürgensen”, que en 1936 pasó a manos norteamericanas. En los 80 sus dueños se aprovecharon de la herencia histórica de la marca… ¡para producir relojes de cuarzo! Afortunadamente el relojero y coleccionista Peter Baumberger se hizo con el nombre “Urban Jürgensen & Sønner” y volvió a crear relojes que, estos sí, eran herederos de la sabiduría relojera de la familia original danesa. En 2009 patentó un movimiento con escape de fiador, algo sólo visto en los cronómetros marinos porque el mecanismo es extraordinariamente sensible a los golpes y movimientos bruscos. En mi vídeo sobre los cronómetros marinos de Thomas Mercer (aquí) se puede ver una reproducción del escape. En 2014 la marca pasó a manos de 5 inversores, capitaneados por Søren Jenry Petersen.

URBAN JÜRGENSEN REFERENCE 2340

En realidad el nombre completo del reloj es Jules Collection Reference 2340 WG. Es una colección que por ahora se limita a dos modelos, un tres agujas y fecha (referencia 2240) y el que nos ocupa. La caja es de oro blanco (de ahí el WG del nombre, por white gold) y tiene un perfecto diámetro de 40 mm. Está realizada en tres secciones, culminadas por un bisel convexo y un cristal de zafiro arqueado. Las asas tienen un nuevo diseño para hacerlas más ergonómicas y sobre todo para darles una presencia más contemporánea, sin perder ese gusto por lo exquisito que distingue a la marca.

Uno de los forte de la manufactura, y por tanto también de este Reference 2340 WG, son las esferas. Cuando miramos el reloj nos llegan sin duda aromas de Breguet, pero también de Kari Voutilainen, quien estuvo colaborando con la marca y que, al fin y al cabo, también tiene una clara influencia de Breguet en su gusto por los guilloché, los numerales y las manecillas. Particularmente la manecilla de las horas, con esa forma de manzana hueca  tradicional de Breguet, es especialmente Voutilainen: él también la emplea, agrandando la circunferencia para darle más personalidad.

Pero la decoración de la esfera, llamada grenage, merece ser mencionada también, porque es un proceso que -salvo que esté equivocado- ya sólo usa Urban Jürgensen. El grenage tuvo su origen a finales del siglo XIX y ya está prácticamente abandonado debido a su dificultad y coste, ya que está hecho a mano. Cada esfera comienza con una platina de plata sobre la que se graban los huecos para los numerales y marcadores varios. Dichos bajorrelieves se rellenan a mano con laca, que se hornea para endurecerla. Después se pulen a mano. A continuación se depositan las distintas placas de grenage, compuesto por una mezcla secreta de plata, sales y otros ingredientes. Mediante una reacción electroquímica la superficie toma la textura final, una escarchado finísimo que sin embargo no se impone sobre el resto de los elementos de la esfera. El resultado es refinado, bello y atemporal.

En la siguiente página hablamos de los demás elementos de la esfera y el calibre.



MB&F HM7 Aquapod: fotos en vivo y precios

Uno de los relojes más comentados del SIHH 2017 ha sido, sin duda, el MB&F HM7 Aquapod, el reloj inspirado en las formas de una medusa. Vamos a ver de qué está hecho este cnidario mecánico y cuanto cuesta.

 

Ya sabemos que los relojes de MB&F surgen de los recuerdos de su fundador, Maximiliam Busser, y de todo aquello que le hizo como es. Es esto no es distinto de cualquier artista. En el caso de esta Horological Machine 7 Aquapod leemos en su web que la inspiración le vino de cuando una vez vio una medusa, estando de vacaciones con sus padres. La verdad es que debió dejarle una impresión muy vívida como para que, décadas después, le inspirara este reloj. ¡Y eso que no le picó! Por otro lado se me ocurre que, si tan fuerte fue la impresión, lo lógico hubiera sido que siguiera leyendo sobre los cnidarios y todo esa investigación le hubiera llevado, en su edad adulta, a diseñar el reloj… Pero no, la inspiración vino de esa única vez. Si él lo dice, habrá que creerlo. Siendo un hombre tan interesado en el diseño hubiera tenido más sentido que le hubiera inspirado el Aquatic Pod Suite de Hammacher Schlemmer de principios de siglo, que además es súper chulo. O incluso los conceptos visuales de las naves invasoras de La Guerra de los Mundos de H. G. Wells. Pero cada uno es cada uno, supongo.

Porque la verdad es que si no tienes en cuenta la correa de caucho y te fijas en la caja del reloj -que es al cabo lo que se va a mirar cuando el reloj está puesto- recuerda más a un platillo volante de los años 50 y 60 que a otra cosa. El Aquapod es un reloj de inspiración marina, hasta el punto que tiene un bisel unidireccional  -el anillo exterior del reloj-. Sin embargo no se puede sumergir, porque es hermético sólo hasta 50 metros. ¡Qué decepción! Es decir, por supuesto que nadie va a querer usar el reloj como instrumento de buceo, pero si ni siquiera te puedes meter en la piscina con él… como mínimo es frustrante. Dice MB&F que se debe a que las dos coronoas no van roscadas, pero es una excusa pobre: un Seiko 5 de 200 euros no tiene la corona roscada y es hermético hasta cien metros. Estamos tan acostumbrados al alto nivel de exigencia que siempre supera la marca que esto se me hace un fallo inexplicable.

Pero, si no tenemos en cuenta estos detalles, el reloj es realmente una de esas piezas que comienzan conversaciones. Se presenta en titanio con bisel azul u oro rojo con bisel negro -en mi opinión la versión más bonita-. El bisel, fabricado en cerámica para que no pierda su lustre, se sujeta a la caja gracias a cuatro brazos fijos que dan la rigidez necesaria al anillo. El conjunto tiene unas medidas de  53,8 mm × 21,3 mm. Es decir, enorme. El ancho podría disimularse porque las correas articuladas hacen que la pieza se ajuste bien a la muñeca, pero la altura es insalvable: hay que estar pendiente del reloj porque si no lo vas a golpear contra todo.

 

El reloj es así de alto porque el calibre se ha diseñado como los relojes de bolsillo del siglo XVIII: hacia arriba. Es decir, en los relojes de muñeca normales -e incluso los de bolsillo- todo se hace en horizontal para que el reloj abulte lo menos posible, pero en este caso se ha partido de la base y se ha crecido hacia arriba para culminar el reloj en el tourbillon volante de 60 segundos. Es el mismo tourbillon que vimos en el Space Pirate (en vídeo, aquí), una de las grandes creaciones de MB&F. Verlo funcionar es un verdadero placer -que por cierto me recuerda al Deep Space Tourbillon de Vianney Halter, que también repasamos en vídeo en este artículo-.

De abajo arriba, el rotor, el barrilete, los indicadores de las horas y los minutos y el tourbillon volante van montados concéntricamente sobre un eje central. La energía se transmite desde el rotor, situado en la parte inferior, hasta el tourbillon volante, en la parte superior, mediante una serie de engranajes que, a modo de escalera, permiten que el impulso avance de un nivel a otro. La masa oscilante tiene una fantástica forma de tentáculos de titanio y platino, uno de los mejores diseños que he visto.

Seguimos en la siguiente página.



Lo más destacado del SIHH 2017

El pasado viernes cerró sus puertas el Salón Internacional de la Alta Relojería (SIHH 2017) y es un buen momento para hacer un repaso de lo que más ha llamado la atención, tanto en productos como en empresas.

 

Nuevamente el SIHH 2017 ha crecido en tamaño: 30 marcas, comparadas con las 23 del año pasado y 14 del anterior. No es que me vaya a quejar de ver relojes en un marco tan magnífico como es el del Salón, pero la verdad es que para cuatro días resulta excesivo. De hecho muchas de las marcas independientes tenían un cuarto de hora para su presentación que consumían hablando del producto, no enseñando el producto. Esto es bastante frustrante porque lo que queremos ver es el reloj en vivo, no tanto los vídeos promocionales. Y debe serlo también para las marcas porque la sensación es que el mensaje, sencillamente, no cala.

Grönefeld 1941 Remontoire con esfera personalizada

En este SIHH 2017 hemos visto un interesante movimiento por parte de las marcas, que buscan un realineamiento de sus productos para adaptarse mejor a los difíciles momentos actuales (que ya expuse en este artículo). Así, se ha optado más por materiales y formas que por estrictamente movimientos. Esto tiene sentido porque la mayor parte de quien compra relojes busca un buen producto, a buen precio y de una marca reconocida, pero no está tan pendiente de los movimientos que animan dichos relojes.

Nuevo Piaget Polo S Chronograph con recubrimiento DLC

De hecho no hemos visto grandes propuestas ni siquiera entre los independientes. Entre estos seguramente lo más llamativo ha sido MB&F con su  HM/ Aquapod, un reloj con forma de medusa, y H. Moser & Cie con su Swiss Mad Watch cuya caja está fabricada con queso suizo.

Ha habido dos casas que sin duda han hecho la guerra por su cuenta: Lange, la reina sajona, y Vacheron Constantin. Lo que han presentado en este SIHH 2017 reafirma, por si a alguien todavía no le había quedado claro, que estamos ante las dos mejores casas relojeras del mundo, con diferencia. Y en el caso de VC, al menos este año, aún más porque han presentado 3 relojes con complicaciones astronómicas y 3 con sonerías. Una brutalidad.

Sin duda el Celestia Astronomical ha sido la estrella del salón con sus 23 complicaciones astronómicas: desde las mareas hasta los solsticios y el zodíaco, pasando por la ecuación del tiempo y un calendario perpetuo, por ejemplo. Y encima en un reloj que se puede poner en la muñeca. Espectacular.

También ha presentado tres Metiers d’Art Esferas Celestiales de Copérnico, basados en la teoría heliocentrista y que sirve para mostrar una vez más la excelencia técnica de Vacheron cuando hablamos de decorar esferas. Son una preciosidad los tres.

Además ha presentado un Patrimony Calendario Perpetuo con esfera color antracita. También ha presentado su primera Gran Sonería, la altísima complicación que reproduce un sonido automáticamente cada hora y cada cuarto de hora. También incluye una Pequeña Sonería (sólo suena cada hora) y un repetidor de minutos. Y como remate un modelo con tourbillon y repetición de minutos, con una decoración espectacular.

Lange ha tenido, como todos los años, su producto héroe, el Tourbograph Perpetual Pour Le Mérite, en el que aúna un cronógrafo rattrapante con un calendario perpetuo y el mecanismo de huso y cadena para proveer de fuerza constante al volante. Una maravilla que puesto en la muñeca no hace sino mejorar cada vez que se le mira.

También ha presentado un 1815 con calendario anual y el Lange 1 con indicador de día y noche: aprovecha el disco de las fases lunares para indicarlo. Una solución sencilla y muy bonita.

IWC ha relanzado la colección Da Vinci pero con caja redonda, no con forma de tonel como la conocíamos hasta ahora. Fue en los años 80 cuando tenía forma circular, y la verdad es que los relojes tienen aire muy ochentero. La manufactura hace este año mucho hincapié en los relojes de mujer, pero también ha lanzado relojes con complicaciones.

Da Vinci Tourbillon Rétrograde Chronograph

Jaeger-LeCoultre también ha lanzado relojes de mujer dentro de su colección Rendez-Vous, pero sobre todo una línea Master Control renovada y con precios atractivos que seguro le va a ayudar a llegar a clientes más jóvenes.

Otra sorpresa más que agradable nos la ha dado Baume & Mercier. Le hacía falta conectar con generaciones más jóvenes y lo quiere hacer (y yo creo que con buen criterio) con los Clifton Club, unos relojes de corte deportivo con una buena gama de colores y brazaletes y 100 metros de hermeticidad. Un nuevo contendiente en un difícil mercado, pero con buenos argumentos para triunfar.

Otro hallazgo ha sido el de Montblanc, que ha tomado el vacilante Time Walker, le ha lavado la cara y ha conseguido un reloj renovado, fresco, deportivo, atractivo y a buen precio. Al igual que los Clifton que acabamos de ver, los nuevos TimeWalker pueden dar mucha guerra en el mercado.

Por su parte Piaget está de celebración. Ya anticipamos en este artículo el comienzo de los fastos para celebrar el 60 aniversario del Altiplano y en el SIHH 2017 hemos visto numerosos modelos, preciosos, que seguro que son sólo el anticipo de muchos más.

Por último, Panerai ha presentado el LAB-ID, un modelo realmente único: la caja está hecha de CarboTech, un material que ha había usado antes, pero el calibre también está hecho a base de carbono, lo que le permite prescindir de la lubricación. Es decir, logra el Santo Grial de la relojería.

El Lab ID es una edición limitada a 50 unidades, con un precio de 50.000 euros cada uno y una garantía de 50 años. Como decía un reloj único.

Todos estos modelos -y otros que no se han mencionado- los iremos analizando en el futuro, seguramente mezclándose con los que se vayan anunciando para Basilea. ¡Otro año fructífero!



Pre-Baselworld 2017: Longines Flagship Heritage 60th Anniversary

Ya sabemos que Longines tiene más fondo de armario que el de Narnia y por tanto  siempre tiene algún aniversario que celebrar. Tampoco sorprende que cada reedición que lanza la marca alada sea un éxito. También lo va a ser este Longines Flagship Heritage 60th Anniversary, que será presentado oficialmente en Baselworld 2017, con un buen precio como siempre.

 

Leyendo el nombre Longines Flagship Heritage 60th Anniversary en la portada y por poco perspicaz que se sea es fácil averiguar que la fecha de lanzamiento del Flagship fue en 1957. Ahora nos parece un reloj absolutamente de la época (de ahí su atractivo), y es verdad. Por eso, porque nació en una época en que la gran mayoría de los relojes era así, Longines tuvo que distinguirlo de alguna forma, especialmente si iba a llamar al nuevo modelo “Buque Insignia”. Y realmente se distinguía de los demás relojes: era un cronómetro antimagnético, con espiral irrompible y protección antigolpes. Todo ello en una caja de 35 mm, como era habitual entonces.  Su avanzada tecnología quedaba remarcada por el grabado de la nave almirante en la trasera del reloj.

Modelo de 1958. Fotos de Wristchronology.com

Desde entonces el reloj ha permanecido entre las colecciones de la marca, si bien es verdad que no es la más profusa. El nuevo Longines Flagship Heritage 60th Anniversary viene a compensar esa deficiencia con tres modelos que son vivo espíritu vintage. No es nada nuevo, por otro lado: ya lo hizo en 2014 con los Longines Conquest Heritage que vimos en vídeo aquí.

El Longines Flagship Heritage 60th Anniversary ha actualizado su medida, pasando a un diámetro de 38,5 mm. El tamaño es perfecto porque se adapta mejor a las muñecas de ahora pero sin ser tan grande como para desvirtuar su inspiración retro. Se presenta en acero, oro rosa y oro amarillo. Ya sabemos que desde 2015 las marcas están tratando de volver a introducir el oro blanco y quitarle su estigma de “reloj-hortera-para-presumir”, pero no es menos cierto que, connotaciones aparte, es un metal que siempre ha tenido predicamento entre los usuarios. Y además es históricamente ajustado.

Versión de oro amarillo

La esfera, que al parecer fue elegida por la embajadora de la marca Kate Winslet de un modelo que había en Longines, luce perfectamente clásica. Incluso el uso del calibre L609 (el nombre Longines del ETA 2895/2) queda bien porque, aunque el segundero queda muy al centro del reloj, en realidad lo mismo ocurría en el modelo original. Eso sí, ahora es automático, no manual, y funciona a 4 hercios con una reserva de marcha de 42 horas. La esfera tiene un círculo central finamente graneado y rodeado de una franja satinada, muy elegante. Los índices son facetados con forma de diamante, mientras que en las manecillas Dauphine Longines ha introducido una pequeña tira de SuperLuminova, justo en el vértice de las dos caras de las agujas. Un gran detalle.

Versión de oro rosa

Aunque la marca no nos ha enviado fotos de la trasera, sí nos ha confirmado que las tres versiones del Longines Flagship Heritage 60th Anniversary volverán a tener el grabado de la carabela del almirante, como no podía ser de otro modo. Los relojes se lanzan en edición limitada: tanto la de oro rosa como la de oro amarillo serán sólo 60 unidades, mientras que  la versión con caja de acero tendrá una tirada de 1.957 piezas. Esto ayudará a disminuir la angustia de las tiendas, que a menudo tienen que negar unidades porque no hay suficientes. El precio de la versión de acero es de 1.760 euros;  para las otras dos versiones hay que esperar a Baselworld. Más información en Longines.es.

Versión en acero

 



Moser lanza el Swiss Mad Watch, hecho de ¡auténtico queso suizo!

 

H. Moser & Cie. ha lanzado el que llama el reloj más suizo del mundo, el Swiss Mad Watch, cuya caja está realizado en auténtico queso suizo (aunque no huele). Vamos a ver de dónde viene todo esto y cuánto cuesta.

 

El origen del Swiss Mad Watch es legal: quizá sea una sorpresa, pero la etiqueta “Swiss Made” no significa que el reloj esté “Hecho en Suiza”. A partir del 1 de enero “Swiss Made” para los relojes significa que el 60% de los costes de fabricación deben ser incurridos en Suiza. Esto incluye los de Investigación y Desarrollo, el tratamiento de las materias primas, el ensamblado y la inspección de calidad y certificados. No se incluyen los gastos de pilas, empaquetaje, distribuición o marketing. El 60% no se aplica sólo al movimiento (como ocurría anteriormente, que sólo se pedía que el 50% del coste del movimiento fuera suizo).

Como digo, puede ser una sorpresa. Si nos enteráramos de que el Aceite de Oliva Virgen español tiene en realidad un 40% de aceite de China (como con los relojes) sería un escándalo, pero en realidad es un problema general con los artículos de lujo: el Made in… a menudo se limita a dar el toque final al artículo en ese país, pero todo lo demás se hace fuera. Así que, en ese sentido, el aumentar un 10% va en la dirección adecuada aunque al común de los mortales nos parezca cínico que sea así, sobre todo porque se estima que la etiqueta “Swiss Made” añade hasta un 50% al precio del artículo.

Desde luego a quien sí le ha parecido mal es a H. Moser & Cie., que desde se anunció la puesta en marcha de la ley (que se propuso en 2013 y se aprobó en 2015) ha dicho muy claramente que la ley era insuficiente y hacía más daño que bien, porque venía a sancionar una práctica que en realidad es un fraude. Tal es su enfado que anunció el pasado diciembre que dejaría de imprimir la leyenda “Swiss Made” en sus esferas.

Esta idea ha sido forjada por su Director General, Edouard Meylan, que ha sido siempre muy claro expresando sus opiniones sobre la industria relojera suiza (por ejemplo) y se ha convertido en un auténtico líder, amado por muchos y odiados por otros. Su argumento es: “nuestros relojes son suizos en un 95% No tenemos nada que ver con esta nueva normativa”. Y como señal de protesta ha lanzado el Swiss Mad Watch, un reloj 100% realizado en Suiza. Y para conseguirlo incluso la caja es suiza: está hecha con auténtico queso suizo, un Vacherin Mont d’Or medalla de oro. Pero digamos que el queso no resiste mucho -y además huele- así que Moser lo ha mezclado con itr2, un compuesto cerámico que estabiliza el lácteo para que perdure y no se funda (o te lo quiera morder el perro). Después se pule con el nivel de acabados de la manufactura.

La esfera está hecha en fumé rojo, con unos índices dobles que recuerdan a la bandera suiza. La verdad es que aparte de la broma la esfera está tan bien hecha y es tan atractiva como todos los diales ahumados de la casa. Por dentro se mueve el calibre HMC 327, así que el Swiss Mad Watch es, en cuanto a sabiduría relojera se refiere, otra grandísima pieza de Moser.

El reloj es una pieza única que tiene un precio de nada menos que 1.081.291 francos suizos. La cifra es la fecha de fundación de Suiza, el 1/08/1291. El dinero se utilizará para crear una fundación que ayude a relojeros suizos independientes. El Swiss Mad Watch se ata, como no podía ser de otra forma, con una correa de auténtica piel de vaca suiza.

Si el Swiss Mad Watch es un poquito demasiado -en gusto y en dinero-, hay también una edición limitada a 50 unidades llamada Venturer Swiss Mad, cuya caja de 39 mm es de oro blanco y tiene un precio de aproximadamente 20.000 euros.  Los veremos la semana que viene en el SIHH 2017. Por último, no dejéis de ver el hilarante vídeo creado para el lanzamiento del Swiss Mad Watch. Realmente divertido (incluido el momento en que Edouard se equivoca y en vez de decir Suiza dice Suecia). Más información en Moser.es.



Fotos en vivo y precios del Drive de Cartier Segundo Huso Horario

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El Drive de Cartier Segundo Huso Horario en oro o acero es la versión GMT del Drive de Cartier, la colección que se lanzó el año pasado. Mantiene la misma presencia masculina y elegante del la versión tres agujas pero añadiendo una de las complicaciones más útiles en estos tiempos.

 

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Cuando presenté la versión “sencilla” del Drive, la de tres agujas y fecha (en este reportaje con muchas fotos), decía que me parecía el reloj más indiscutiblemente masculino de Cartier, y ahora que he tenido en la muñeca el Drive de Cartier Segundo Huso Horario me reafirmo en lo que dije: me parece un grandísimo acierto de la casa francesa. La forma de la caja es perfecta para no repetir la circunferencia y por tanto diferenciarse de los muchos relojes de hombre que hay, y que la forma de cojín le dota de un espíritu más dinámico que le permite aventurarse en ambientes distendidos sin mayor problema.

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La caja del Drive de Cartier Segundo Huso Horario ha crecido un milímetro hasta los 41mm, mientras que la altura lo ha hecho un poquito más: de los 11,25 mm de la versión tres aguja a los 12,63 de este modelo viajero. El milímetro extra de anchura le sienta como un guante porque ahora el reloj, además del pequeño segundero, integra dos grandes aperturas para la función de GMT y una gran fecha a las 12, además de los tradicionales -y grandes- numerales romanos de Cartier. Y sin embargo la esfera resulta espaciosa, cada cosa tiene su sitio para poder verlas bien y  de paso la hora también tiene una lectura sin tacha. Desafortunadamente la caja sólo es hermética hasta 30 metros; es decir, sólo aguanta salpicaduras.

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La decoración de la esfera se basa en un guilloché rayos de sol con origen en el tornillo central pero que va siendo sucesivamente entrecortado por un bisel que remarca cada una de las complicaciones: el pequeño segundero, la gran fecha y los dos abanicos del contador retrógrado de doce horas y el de la indicación de día y noche. Para mejorar la lectura y dar más viveza a la esfera, en la ventana de 12 horas y la subesfera del pequeño segundero el guilloché se hace circular  y queda remarcado por otro de nervaduras más finas y juntas entre sí, sobre el que se han pintado los raíles de horas y segundos respectivamente. El conjunto tiene un decidido aire Art Deco, subrayado por la decoración de la esfera de día y noche con un un degradado en secciones del blanco al negro muy bien conseguido.

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Hay dos detalles que me gustan mucho: mientras que los numerales a los que interrumpen las complicaciones quedan así, truncados (de hecho ni el diez ni el seis aparecen salvo en forma de un pequeño índice), el número III está adaptado a la curva de la ventana. Y tanto en la versión de oro como la de acero la parte delgada de la V del siete está conformada con el nombre de la marca (en la versión de tres agujas sólo ocurría en la caja de oro). Las agujas de espada, en acero azulado, terminan por completar una estampa equilibrada, serena a pesar de los muchos datos y elegante.

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El Drive de Cartier Segundo Huso Horario se mueve gracias al calibre automático 1904-FU MC que, como indica su nombre, es el poderoso caballo de batalla de Cartier, el 1904 MC aparecido en 2010, al que se le ha añadido los módulos de segundo huso horario y la gran fecha. Por tanto el reloj se mueve a 28.000 alternancias a la hora y tiene una discreta reserva de marcha de 48 horas. Y sobre todo un funcionamiento sobradamente probado. La decoración se limita a un graneado circular en la platina base y a Côtes de Genéve en los puentes y en el rotor bidireccional. Sin embargo el movimiento es agradable de ver, y desde luego da mayor sensación de calidad y refinamiento que muchos calibres base.

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Ambas versiones equipan una correa de piel de aligátor semimate, negra acompañando el acero y marrón para la versión de oro. La hebilla doble desplegable ajustable de 18 mm es la que ya conocíamos.

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Como ya he dicho y como se ve en las fotos, el Drive de Cartier Segundo Huso Horario es un reloj que se lleva muy bien. El diseño de las asas, impecable, hace que el reloj se adapte perfectamente a la muñeca y, a pesar de la sensación de mayor tamaño que le da la forma de cojín, el reloj queda bien en casi cualquier muñeca. Además los precios son muy interesantes, especialmente la versión en acero: cuesta 8.500 euros, mientras que la de oro rosa cuesta 22.100 euros. Más información en Cartier.es.

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¿Por qué está en crisis la industria relojera suiza?

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Hemos comenzado un año que seguramente va a ser extraordinariamente difícil para la industria relojera suiza, debido tanto a factores exógenos como a sus propios deméritos. No es la primera vez que se ve en una situación así, pero sí la primera en que las amenazas vienen desde muchos puntos distintos. Voy a intentar exponer los porqués de una situación que para algunos era previsible e inevitable y para otros una sorpresa. Y vamos a ver también los motivos para la esperanza.

crisis-industria-relojera-suiza-ventas-de-relojes-horasyminutosLa situación económica mundial, que de suyo es siempre complicada, entró en fase de locura en 2008 cuando el terremoto provocado por la bancarrota de Lehman Brothers marcó el final de la Citerea inmobiliaria, mientras que el subsecuente tsunami se llevó por delante bancos de todo tipo, decenas de miles de empleos y algo mucho más sutil: la confianza del ciudadano medio en la seguridad del sistema y por tanto de su propia seguridad. De esta forma a la descorazonadora falta de recursos personales por el paro se unió una desesperanza de la ciudadanía en general que hizo que incluso aquellos que no veían peligrar sus trabajos se pensaran muy mucho gastar su dinero. La crisis fue particularmente dura en Europa (salvo en Gran Bretaña, que la notó mucho menos), y notabilísima en España. La industria relojera suiza sin embargo fue no sólo trampeando la situación sino que incluso tuvo años de notable crecimiento, debido fundamentalmente a que de repente surgió el apetito voraz de -sobre todo- rusos y chinos por todo lo que fuera lujo.

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Esta inacabable marea de turistas fue la gran fuente de ingresos de las marcas de lujo, no sólo compensando la ausencia de clientes locales sino alcanzando cifras récord en ventas porque este tipo de clientes venía con mucho dinero y con muchas ganas de demostrar, una vez regresados a casa, que no sólo lo tenían, sino que se lo habían gastado en el extranjero comprando artículos muy caros que su mercado local no se encontraban. Si paseabas por la sección de relojería de El Corte Inglés de Castellana (que es el Centro con la zona más grande dedicada a relojes) lo que se oía por los altavoces era mensajes en inglés, ruso y chino y, de vez en cuando, en español.

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Pero la crisis de la península de Crimea de 2014 tuvo como consecuencia principal, en lo que al comercio del lujo se refiere, que el turismo ruso dejara de fluir hacia Europa y que con ello se secara una sustancial fuente de ingresos. Un año después las normas anticorrupción y el alza de las tasas a los artículos de lujo comprados en el extranjero, puestas en marcha por el presidente chino Xi Jinping, fueron como una coz en el pecho de las compras de los turistas llegados de China, que han caído dramáticamente. Las medidas gubernamentales también han tenido un impacto notable en las ventas dentro del país porque una de las fuentes de adquisición favoritas de los chinos son los Daigou, básicamente comerciantes que viajan al extranjero y llenan sus maletas de artículos para después venderlos, una vez de vuelta en casa.

Calle comercial en Hong Kong. Lam Yik Fei, New York Times

Calle comercial en Hong Kong. Lam Yik Fei, New York Times

Ante este panorama y el de una economía interna que no deja de enfriarse el comprador chino está empezando a variar su comportamiento. Los ricos no van a dejar de viajar al extranjero para ir de compras, pero seguramente limiten sus viajes a Europa en favor de localizaciones más cercanas (Japón, Corea del Sur, Tailandia). Y además ha comenzado a comprar en línea en sitios como JD, Tmall, Net-A-Porter.com, ShopBop o Harrods. De ahí que las marcas de lujo -incluidas las relojeras suizas- estén desinvirtiendo de manera notoria en China, sobre todo en la China interior, ya que lo que una vez fue un buen negocio cada vez aparece más y más pálido.

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Sección de relojes de Tmall.com

Cuando el 15 de enero del año pasado el Banco Nacional de Suiza dejó de proteger el cambio mínimo de 1,20 francos suizos por euro la industria helvética se echó las manos a la cabeza. “Es un tsunami para la industria exportadora y para el turismo y, al final, para toda la economía suiza”– dijo Nick Hayek, Director General del Grupo Swatch. Y en efecto, la virtual paridad con el euro significó un aumento de precio de todo lo suizo, incluidos por supuesto los relojes. Un problema añadido a todos los factores externos.

 

Pero la industria relojera suiza también ha creado sus propios problemas, que veremos a continuación.



En la muñeca: Hublot Classic Fusion Racing Grey Chronograph King Gold

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No hay nada más clásico que la semana de Navidad, así que es un buen momento para revisar otro clásico con fotos en vivo y precio: el Hublot Classic Fusion Racing Grey Chronograph King Gold 45 mm.

 

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Para empezar, digamos que utilizar 10 palabras para nombrar a un reloj (Hublot Classic Fusion Racing Grey Chronograph King Gold 45 mm) para mí significa que el que imagina o aprueba un nombre así es un pretencioso; o tan vago poniendo nombres que no se le ocurre nada más que decirlo todo (algo que ocurre con demasiada frecuencia en la industria relojera suiza). Y sin embargo el reloj no es ni pretencioso ni tiene un dibujo perezoso, porque conseguir unas formas clásicas que no pasen de moda indica todo menos falta de esfuerzo sobre el tablero de diseño.

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Cuando presenté el Classic Fusion Blue King Gold (aquí, con fotos en vivo) ya conté el origen de la caja Hublot, y yo diría que donde de verdad resalta su diseño, sus formas estilizadas y elegantes, es precisamente en la colección Classic Fusion, porque la esfera no distrae del conjunto como ocurre en los demás relojes de la casa (todos esqueletados). El material utilizado para la caja es el “King Gold”, es decir, la aleación creada por Hublot que define lo que normalmente llamamos oro rojo. Además de aumentar la cantidad de cobre para darle un tono más rojizo y cálido, Hublot ha añadido platino para estabilizar la aleación e impedir que se oxide el cobre, lo que variaría el color del oro.

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La caja presenta un elegante contraste entre superficies pulidas y satinadas. Toda la carrura está pulida, extendiéndose hasta las asas. Sobre ella se asientan la corona y los pulsadores del cronógrafo. Estos últimos son particularmente refinados, con una forma levemente trapezoidal (más anchos del lado de la corona) que los hace cómodos de usar y muy atractivos a la vista.

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Como siempre en los relojes de la casa, este Hublot Classic Fusion Racing Grey Chronograph King Gold 45 mm también presenta entre carrura y bisel una inserción de caucho con dos salientes en cada uno de los lados, que recuerda a las bisagras de las portillas de los barcos (recordemos que Hublot significa eso, “portilla”).

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La esfera gris, con decoración rayos de sol, es muy bonita. Para mi gusto no tanto como la versión azul, pero en cualquier caso es elegante y facilita combinar el reloj con cualquier ropa, y en particular con la de vestir. Al igual que en los demás relojes de la colección Classic Fusion las manecillas son de espada, facetadas para mejorar una lectura. Los índices están facetados con forma de diamante baguette, y el de las 12 tiene su reflejo a las 6 en una ventanilla de fecha algo simple, aunque al menos el fondo es negro para que no haga tanto contraste. Hubiera sido mejor prescindir de ella, creo yo, pero como siempre es una opinión personal y a la mayoría de la gente le gustan los relojes con fecha.

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Las dos subesferas se leen perfectamente porque ambas están decoradas con un guilloché circular que contrasta con los rayos de sol de la esfera general. Además ambas están delimitadas por un bisel de oro. Como los minutos, los textos y los numerales están pintados en un oro más oscuro, cobrizo, el conjunto no resulta repetitivo sino seductor y con mucho estilo.

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Al tener sólo dos registros -pequeño segundero a las 3 y 30 minutos del crono a las 9- la esfera resulta equilibrada y acentúa su objetivo de ser un reloj deportivo-pero-de-vestir, que a mi juicio logra perfectamente. A ello contribuye en primer lugar el color oscuro del dial, que hace que el reloj parezca más pequeño de lo que en realidad es, y en segundo la comedida altura del conjunto.

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El corazón del Hublot Classic Fusion Racing Grey Chronograph King Gold 45 mm es el calibre HUB1143, que es en realidad una base ETA -probablemente el 2892-2- al que se le ha acoplado un módulo cronógrafo Dubuis Depraz. El movimiento funciona a 4 hercios y tiene una reserva de marcha de 42 horas, y Hublot se ha encargado de tomar el aspecto anodino del ETA y hacerlo atractivo, especialmente con el rotor personalizado.

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La correa del reloj tiene una base de caucho sobre la que se ha añadido una piel de aligátor teñida de gris. Se cierra sobre el pulso con una hebilla plegable cuyo cierre es también de oro rojo y con el nombre de la marca. Es una hebilla contundente pero a la vez elegante, gracias a lo bien que satina Hublot sus metales.

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El reloj ya está disponible en los comercios del ramo, y es una excelente elección para aquellos que quieren un reloj de vestir pero no excesivamente clásico y, al mismo tiempo, con un aire deportivo pero que no provoque más conversaciones en la oficina que las de admiración. El precio del Classic Fusion Racing Grey Chronograph King Gold es de 31.550 euros. Más información en Hublot.es.

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H. Moser & Cie. Endeavour Dual Time Concept. Fotos en vivo y precios

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H. Moser & Cie. sigue en su particular empeño de fascinarnos con sus relojes. Con los Endeavour Dual Time Concept lleva un paso más allá el juego entre la alta relojería que late dentro de cada pieza y sus maravillosas esferas fumé, que en esta ocasión combina con un concepción minimalista.

 

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Estos Endeavour Dual Time Concept no son una rara avis en la colección de H. Moser & Cie. El año pasado ya vimos el Endeavour Centre Seconds Concept en este artículo con fotos en vivo. Su aceptación fue tal que lo que se lanzó como un concepto, una folie de la manufactura, en realidad ha pasado a formar parte de la cartera de productos, y no precisamente marginal: son de los relojes más deseados de la casa. Y con razón.

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En el caso de los Endeavour Dual Time Concept se ha elegido la complicación de segundo huso horario de Moser, que ya conocíamos de otros modelos. Gracias al calibre automático HMC 345 saber la hora en casa no sólo es fácil; también es muy elegante, gracias a que la indicación se hace mediante una tercera aguja -facetada en rojo- que cuando no se necesita se puede esconder debajo de la manecilla principal de las horas.

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El calibre es a la vez elegante y poderoso, gracias al contundente -si bien esqueletado- rotor central de oro, que incluye el escudo de armas de la manufactura y el nombre completo. Todas las piezas están decoradas a mano, con unos acabados a la altura a la que Moser nos tiene acostumbrados. Por supuesto incluye el llamado escape intercambiable Moser: el conjuntode órgano regulador y escape se retira entero y se cambia por otro. Eso hace que los tiempos de servicio sean mucho más cortos y por tanto mucho más baratos. Dentro del volante está el espiral Straumann, también propiedad de Moser. Por cierto que el volante se mueve a 18.000 alternancias a la hora y aporta una reserva de marcha de 72 horas.

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El calibre hace que la complicación de segundo huso horario sea muy cómoda de usar, ya que se controla desde la corona. La pequeña pero notoria manecilla roja se mueve a incrementos o decrementos de una hora, sin que se pare el pequeño segundero ni la manecilla de los minutos y por tanto garantizando la correcta medida del tiempo. Sin embargo, cuando se está ajustando la hora general el calibre sí detiene el pequeño segundero de manera que se pueda ajustar perfectamente la hora. Bien es cierto que, como no hay índices, parar el segundero a las 12 en punto es un reto aún mayor. Más diversión.

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El Endeavour Dual Time Concept se presenta en cajas de oro rosa o platino con unas medidas perfectas: 40,8 mm de diámetro y 11 mm de altura, que le hacen asentarse sobre la muñeca como si hubieran nacido allí. Las asas están perfectamente diseñadas, con unas hendiduras laterales que aligeran su porte.

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Y qué decir de las esferas que no se haya dicho ya. Un Moser se reconoce a distancia por sus esferas y, aunque ya llevamos años viéndolas, no te cansas nunca. Yo todavía no me he decidido por cuál de ellas me gusta más. Desde la primera vez que vi la esfera azul del Funky Blue hace un año y medio (aquí, con fotos en vivo) me enamoré, pero es que ya estaba enamorado de todas las demás versiones. Aquí tanto la versión azul -aquí llamada Sky Blue– como la simplemente llamada fumé -en tonos marrones- son absolutamente deseables, y seguramente la elección esté en si queremos el reloj un poco más serio o un poco más deportivo. Aunque la diferencia entre uno y otro sea del grosor de una pestaña. La desnudez de la esfera llega a tal extremo que incluso se ha suprimido el Swiss Made, algo que siempre está (sólo recuerdo un caso en el que no).

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Quizá la única forma de decidirse por uno o por otro sea, una vez más el factor monetario. Es decir, lo ideal es comprar los dos porque son ediciones limitadas a 10 unidades por cada metal. Pero suponiendo que, en el mejor de los casos, sólo se pueda comprar uno, hay que saber que el Endeavour Dual Time Concept en oro rosa tiene un precio de aproximadamente 31.000 euros. Por su parte la versión en platino cuesta unos 40.500 euros. Francamente para ser los relojes que son, no me parecen precios disparatados en absoluto. Poco dinero para tener estas maravillas. Más información en Moser.es.

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IWC Portugieser Chronograph Rattrapante “Milano”: fotos en vivo y precios

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Tras diez años desaparecido vuelve el IWC Portugieser Chronograph Rattrapante, y lo hace con tres relojes que celebran otras tantas boutiques de la marca: París, Munich y la que vamos a ver aquí, la Milán, con fotos en vivo y precio.

 

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El Portugieser Rattrapante original de 1995 (a la izquierda). A su lado el modelo “París” y, en azul, el “Munich”.

Más allá del motivo de las boutiques lo más interesante es, sin duda, recuperar una de las complicaciones más queridas por los aficionados, porque aumenta extraordinariamente la ya de por sí notoria -y a menudo subestimada, por habitual- complejidad del cronógrafo. El cronógrafo rattrapante (rattraper significa “atrapar” en francés) tiene una mejor definición en inglés: split-seconds significa “segundos partidos”, y es lo que en realidad hace el reloj: mediante un pulsador añadido -a las diez en el caso del IWC Portugieser Chronograph Rattrapante- la manecilla principal del cronógrafo se para mientras que una segunda sigue adelante. Cuando se vuelve a pulsar la que se había parado alcanza a la secundaria. De esta manera se consiguen tiempos distintos en una misma herramienta, lo que hace mucho más útil al cronógrafo.

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Las dos agujas del cronógrafo son iguales

En 1995 IWC lanzó el Portuguese -recordemos que hasta el año pasado el reloj se llamaba así- con la función del doble tiempo parcial, para lo que tomó el 7750 y, tras modificarlo en profundidad, añadió un módulo rattrapante diseñadado por Richard Habring, el magnífico relojero ahora afincado en Austria y que trabajó en IWC (también diseñó el legendario Aquatimer Deep One). El conocido como Doppelchronograph (doble cronógrafo, en alemán) ha aparecido en muchos relojes de IWC, y con razón: una solución sencilla a un problema complejo resuelto con un movimiento relativamente barato y, sobre todo, excepcionalmente fiable.

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El nuevo IWC Portugieser Chronograph Rattrapante incluye ese mismo calibre automático, llamado 76240, con  48 horas de reserva de marcha y una frecuencia de 4 hercios. Sin embargo no se ve, porque en estas ediciones especiales está cubierto con un fondo conmemorativo. En este caso aparece un Biscione (“gran culebra” en italiano), una figura heráldica que representa una serpiente comiéndose a un niño. Es el símbolo de la familia Visconti y, por extensión, de la ciudad de Milán (también lo usa Alfa Romeo, que procede de allí). En este caso IWC nos ahorra el toque gore y presenta la serpiente sola -que por cierto en milanés se llama Bissa– grabada en el mismo oro rojo que el resto de la caja.

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Hablando de la caja, mide 41 mm de diámetro y 12,5 de altura, lo que significa que para un reloj deportivo tiene unas medidas más que ponibles. Sigue el espíritu del Portugieser porque, aunque siempre ha tenido un aire más deportivo que su hermano el Portofino, no deja de ser también un reloj de vestir, por lo menos a mis ojos. En la corona está grabado el logotipo de IWC, y está flanqueada por pulsadores de pistón.

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En la esfera, que tiene ese azul precioso de IWC, aparecen muchos datos. En primer lugar un círculo interior con taquímetro (que se vio por primera vez en 2004) que corta el registro de 30 minutos del crono a las 12 y el pequeño segundero a las 6. Flanqueando los numerales de oro encontramos un telémetro. Es una configuración equilibrada, elegante y con un delicioso sabor vintage, además de fiel al Porugieser Chronograph de siempre. Y cuando se pone en marcha la complicación el placer de ver las agujas en movimiento es embelesador.

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El IWC Portugieser Chronograph Rattrapante Limited Edition Boutique Milano, que es su verdadero nombre, se une al brazo gracias a una correa de piel de aligátor y una hebilla de oro rojo. Como siempre, la calidad de la correa es insuperable, con el toque justo de firmeza sin perder un ápice de comodidad. Es una edición limitada a 100 unidades, que vienen señaladas en el fondo con la leyenda XX/100 (56/100 en la pieza que vemos aquí). Aunque sea una edición para Milán también se puede encargar en las demás boutiques de la marca, y de hecho está físicamente en la boutique de la marca en Madrid. Su precio es de 21.500 euros. Esperemos que la manufactura mantenga disponible la complicación a partir de ahora o, por lo menos, que no tardemos otros 10 años en verla. Más información en IWC.es.

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Pre-SIHH 2017: Piaget Altiplano 60 Aniversario. Fotos en vivo y precios

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En 1957 apareció el primer reloj ultraplano de Piaget, que con el tiempo acabaría llamándose Altiplano. La manufactura lo celebra con dos nuevos Piaget Altiplano 60 Aniversario en dos tamaños y con esferas en un azul profundo que renueva nuestro amor por este icono. Vamos a ver su historia, sus características y sus precios.

 

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UN POCO DE HISTORIA

La familia de George Edouard Piaget en los años 20

La familia de George Edouard Piaget (que no parece estar muy interesado en la foto) en los años 20

El Piaget Altiplano 60 Aniversario que vemos hoy no es sino la culminación de una historia, la de los relojes ultraplanos, que ha terminado por ser el rasgo distintivo de la manufactura; incluso diría que lo ha hecho en detrimento de otras creaciones más que meritorias, si bien no tan distintivas. George Edouard Piaget fundó su negocio en 1874 en La Côte-aux-Fées, en principio como suministrador de calibres para otras casas. En seguida se forjó un prestigio como creador de movimientos muy precisos, muy demandados por fabricantes de relojes. Así fue hasta 1943, año en que la empresa decide registrar la marca y comenzar la producción de relojes bajo su propio nombre y con los mismos estándares de calidad.

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En 1957 tiene lugar el gran salto de la empresa: Valentin Piaget presenta en la Feria de Basilea el calibre manual 9P que, con sus 2 milímetros de espesor –algo impensable entonces- entra directamente en el campo de la leyenda. Además no era un ejercicio teórico, sino que el reloj se comportaba perfectamente en cuanto a rendimiento y fiabilidad. Tan sólo tres años más tarde, en 1960, la casa presenta el calibre 12P, en este caso automático y con solo 2,3 mm de grosor. Para conseguir una reducción tan espectacular de un movimiento automático se utilizó un microrrotor descentrado de oro que garantizaba la carga completa del barrilete. El 9P y el 12P se convierten en los pilares del pórtico de entrada a un nuevo capítulo de la relojería: los relojes ultraplanos. Para ello Piaget decide que estos relojes se fabriquen exclusivamente en oro o platino, redefiniendo también el mundo del lujo relojero.

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Reloj Ultraplano Automático de 1960

Diversos relojes ultraplanos producidos por Piaget

Diversos relojes ultraplanos producidos por Piaget

Los relojes ultraplanos de Piaget han estado presentes desde entonces y sin interrupción en la cartera de productos de la casa, siempre movidos por los 9P y 12P. El rendimiento de estos movimientos fue tan notable que no fueron sustituidos hasta los años 90, que es cuando aparecen los calibres 430P y 500P. Y en 1998 aparece el Piaget Altiplano, una denominación excelente porque es fácilmente pronunciable en cualquier idioma e inmediatamente identificable con la idiosincrasia del reloj. Los calibres siguieron su camino de ser más delgados cada vez y por tanto aun más llamativos: desde un calibre esqueletado a un modelo completamente pavonado con diamantes, pasando por el cronógrafo más delgado (que pudimos ver aquí). Aunque seguramente el más prodigioso técnicamente ha sido el Piaget Altiplano 900P, en el que el calibre y la caja son una misma cosa.

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En 2017 Piaget celebra el 60 aniversario del lanzamiento de su primer reloj ultraplano, y lo hace con dos atractivísimos modelos: El Piaget Altiplano 60 Aniversario 43 mm Automático y el Piaget Altiplano 60 Aniversario 38 mm Manual.

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Aparte del calibre y el tamaño de la caja, que ya se mencionan en los nombres de ambos relojes, los relojes son iguales. Ambos tienen una caja ultraplana de oro blanco con unas asas muy estilizadas y características del reloj, que lo cierra muy bien sobre la muñeca.

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Pero sin duda lo que nos arrebata el corazón es la esfera, con un azul cobalto oscuro que te seduce inmediatamente. La decoración es de rayos de sol, lo que hace que no haya un azul único sino una panoplia de tonos que gustan más cuanto más los miras. Está remarcada por una cruz también en azul más vivo, tomada de los modelos históricos (de hecho era una decoración muy habitual en los relojes de los años 50 y 60). Es sorprendente lo mucho más interesante que se vuelve la esfera con ese detalle.

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En el Piaget Altiplano 60 Aniversario aparece, bajo el doble bastón de las 12 -todos los índices son de oro blanco-, la leyenda “Piaget Automatique”, como en el primer ultraplano automático de la casa. El nombre de Piaget se ha retocado, rebajando la altura de la A y ensanchándola. Aunque a mí me la impresión que no sólo la A, sino que todas las letras son ahora más cuadradas. En cualquier caso el resultado es más “acogedor”, por así decir, menos estirado (literal y figurativamente hablando). Se aprecia mejor si se coloca junto al hasta ahora vigente logotipo, como el que aparece en el último número de la revista editada por la manufactura.

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En la versión automática del Piaget Altiplano 60 Aniversario el zafiro posterior permite disfrutar del calibre 1200P, lanzado en 2010 para celebrar el 50 aniversario del calibre 12P. Tiene una altura de tan solo 2,35 mm y 29,9 mm de diámetro, pero le cabe todo lo que distingue a los acabados de alta relojería: puentes biselados y adornados con Côtes de Genève circulares, platina perlada, piezas de acero satinadas y tornillos azulados. Y una “P” fijada a la raqueta. En la masa oscilante descentrada de oro -aunque coloreada en gris pizarra- se ha grabado el escudo de armas de Piaget.

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Ese mismo escudo de armas es el que gobierna el fondo cerrado del Altiplano manual, que destaca por un fino satinado que eleva el nivel de los acabados. Aun así es una pena que tenga el reverso ciego, porque en relojes de este nivel es casi obligatorio mostrar los calibres de manufactura. Ambos calibres se mueven a 3 hercios y tienen 43 horas de reserva de marcha en el caso del calibre manual y 44 en el automático.

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Y qué decir de cómo quedan los relojes en la muñeca. Desde luego si te gustan los relojes con mucha presencia física, esta no es tu liga. Pero si se quiere tener el epítome del reloj de vestir, entonces nada como estos Piaget Altiplano 60 Aniversario.

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Yo creo que, salvo que se tenga la muñeca muy estrecha, el modelo a perseguir es el Automático porque aunque tenga 43 mm diámetro su altura es tan leve que inmediatamente pasa a formar parte de la muñeca, y el tamaño extra da más amplitud a la esfera para que despliegue sus poderes hipnóticos. Más aún, yo que siempre me declaro contrario a los textos en los relojes que explican lo obvio  a quien lo lleva (como escribir “Moonphase” en la ventana de fases lunares), en este caso me parece que el “Automatic”, deliciosamente retro, le queda fenomenal.

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Cualquiera que sea la opción que se elija, va a ser un acierto. El Altiplano tiene una elegancia innata que trasciende tiempos y modas. No es fácil alumbrar un diseño tan minimalista y que no resulte aburrido. Pero es aún más difícil que un diseño así levante pasiones, y lo haga durante años. Eso habla de perfección, sencillamente. Y los 60 años transcurridos desde la primera incursión en este mundo ultradelgado no han hecho sino remarcar dicha perfección.

Los dos Piaget Altiplano 60 Aniversario se lanzan en edición limitada: 460 unidades para la versión manual y 360 para la automática, que imagino que volarán rápidamente. La versión manual tiene un precio de 18.500 euros. Por su parte la versión automática tiene un precio de 24.600 euros. Más información en Piaget.es.

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En la muñeca: Hublot Classic Fusion Blue King Gold

 

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Cuando Hublot introdujo el Big Bang en 2004 cambió la historia de la marca de manera radical. Desde entonces ha producido una completamente inabarcable gama de variaciones, pero también ha mantenido una colección, la Classic Fusion, que le une con su pasado. El resultado es una elegante gama de relojes de vestir de la que vamos a ver uno de sus más llamativos representantes: el Hublot Classic Fusion Blue King Gold, con fotos en vivo y precio.

 

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Antes de hablar de este Hublot Classic Fusion Blue King Gold creo que es bueno saber un poco de su historia. Hublot se fundó en 1980 y su nombre significa en francés “portilla”, es decir, la ventana típica de los barcos. Con estos dos datos y leyendo la historia del Nautilus de Patek Philippe (que resumí en este artículo) se puede imaginar cuál es el origen -nunca negado, rara vez confirmado y menos aún divulgado- de la caja de los Hublot. Pero Hublot supo dotarla de una personalidad propia, especialmente cuando fue más lejos que nadie en su propuesta de reloj deportivo de lujo: Carlo Crocco, fundador de la casa, presentó su primer reloj con una caja de oro pero con correa de caucho natural. Fue tan definitorio de su estilo que a día de hoy la correa de caucho está disponible para todos los modelos de Hublot.

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La aparición del  Big Bang en 2005 redefinió la marca hasta el punto de que parece que Hublot sólo hace ese reloj,  pero el lanzamiento de la colección Classic Fusion en 2010 fue excelentemente bien recibida por el mercado porque introduce un hermano menos musculado y más elegante que el Big Bang. No hay nada comercialmente viable que se escape al ojo de Jean-Claude Biver, uno de los grandes nombres de la relojería actual, y por ello la colección Classic Fusion se expande a buena velocidad, con varios modelos nuevos todos los años.

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Este Hublot Classic Fusion Blue King Gold es, sencillamente, precioso, arrebatador. La caja de 45 mm está realizada en lo que la manufactura llama King Gold, que es en realidad un oro rojo en el que se ha aumentado la cantidad de cobre para hacerlo más intenso, y de paso añaden platino para estabilizar el oro para evitar la oxidación natural del cobre, que podría modificar el color del conjunto. Mezcla un satinado perfecto de las superficies frontales con el igualmente perfecto pulido de los cantos y los laterales. Como los tornillos del bisel están perfectamente alineados el resultado es enormemente seductor, a lo que contribuye, y no poco, las inserciones azules bajo el bisel, que dan continuidad estética al conjunto a la vez que contraste.

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La elegancia sigue en la esfera, con un azul marino que, al estar pintado en rayos de sol, presenta infinitos matices al mover la muñeca. El reloj refuerza su espíritu clásico con los índices facetados tipo baguette y las manecillas con forma de espada, también facetadas para mejorar la lectura. Es verdad que la aguja de las horas se habría beneficiado de una longitud mayor, pero como el reloj no está pensado para la lectura en la oscuridad porque no tiene pigmentos luminiscentes, no supone ningún problema. Afortunadamente la ventana de fecha tiene el mismo color que la esfera, por lo que no sólo se lee bien sino que no resulta disruptiva.

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Por dentro del Hublot Classic Fusion Blue King Gold se mueve el calibre automático HUB1112, que no es otro que el Sellita SW300-1. Eso significa una frecuencia de 4 hercios y una discreta reserva de marcha de 42 horas (recordemos que este movimiento es una copia del ETA 2892). Sin embargo Hublot lo ha modificado para que la fecha quede bien ubicada en relojes de este tamaño, lo que le viene de perlas al reloj. Además lo ha decorado hasta conseguir que un movimiento de estética simplona resulte atractivo, especialmente gracias al rotor personalizado. El conjunto es visible gracias al zafiro posterior. Como el calibre es tan pequeño comparado con el diámetro de la caja (sólo tiene 25,60 mm de diámetro), en el reverso se ve mucho oro, lo que incide directamente en el mayor precio de la pieza.

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Si no hubiera dicho que el reloj mide 45 mm de diámetro hubiera sido difícil apostar por su tamaño sólo viendo las fotos, ¿verdad? La delgadez del reloj y su buen diseño hacen que el reloj se ajuste muy bien a la muñeca, que inmediatamente se siente cómoda llevándolo encima sin que se pelee con los puños de las camisas. Se ata gracias a una correa de aligátor con una contundente hebilla plegable del mismo material de la caja.

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Aunque es un reloj aparecido en 2015, el Hublot Classic Fusion Blue King Gold va a tener una larga vigencia, porque es precioso y atemporal. Hublot lo presenta en cuatro tamaños -33, 38, 42 y éste de 45 mm- y dos metales (King Gold y titanio). La versión que acabamos de ver y que estaría encantado de poseer tiene un precio de 24.000 Euros, y está disponible en las tiendas. Más información en Hublot.es.

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En la muñeca: Glashütte Original Senator Moon Phase Skeletonized Edition

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A punto de comenzar la campaña de Navidad Glashütte Original nos ha sorprendido con un lanzamiento inesperado que celebra su maestría relojera: el Senator Moon Phase Skeletonized Edition en oro blanco, del que vamos a ver características técnicas, fotos en vivo y precio.

 

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Los seguidores de Glashütte Original reconocerán inmediatamente este Senator Moon Phase Skeletonized Edition porque su primera aparición fue en 2012 con traje de oro rosa, en una tirada limitada a 100 unidades. Pero los realmente devotos sabrán también que el modelo original no lo era del todo, ya que está basado en el 1845 Classic Up/Down with Moon Phase, un modelo pre-Swatch que la Glashütte Original actual modificó notablemente; y eso sin contar con la esqueletización.

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1845 Classic Up/Down with Moon Phase

Viendo estas fotos te haces una idea del enorme trabajo realizado por la manufactura, especialmente en lo que concierne al calibre. Porque el movimiento del Senator Moon Phase Skeletonized Edition, el 49-13, no es sino el resultado de vaciar y decorar el 49-03.  Esqueletar un movimiento no es sólo un trabajo de saber dónde abrir cuantos más huecos mejor; también significa calcular qué quitar y qué dejar para no comprometer la estabilidad del calibre y su regularidad. Una vez asegurado esto, los artesanos relojeros de G O se han dado un verdadero festín decorativo.

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La caja del Senator Moon Phase Skeletonized Edition ha crecido de los 38 mm de la original del 1845 Classic Up/Down hasta los mucho más actuales 42 mm. Sin embargo sus formas redondas son muy clásicas, sobre todo por la forma del bisel.

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Como el diámetro del calibre es de 35 mm (que de por sí no es pequeño), las funciones del reloj -pequeño segundero, reserva de marcha a las 2 y fase lunar a las 10:30- se quedan más bien hacia el centro del reloj. Pero esto, que normalmente es un defecto que los aficionados no dejamos de señalar,  en este reloj tiene un efecto beneficioso.

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Uno de los problemas de las esferas caladas es la pérdida de legibilidad. Las agujas luchan entre en un mar de trozos de metal más o menos decorados y más o brillantes, lo que distrae la mirada y hace que la lectura no sea fácil; especialmente si no quieres poner unos mazacotes por agujas. Las de este reloj son especialmente estilizadas y, aunque son de ese acero azulado tan bonito de Glashütte Original, siguen teniendo que campear con el mismo problema.

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Sin embargo, como el diámetro del reloj ha crecido la casa ha podido crear un borde exterior de la esfera galvanizada en la que acoge numerales romanos resguardados bajo una minutería de ferrocarril. Como la manecilla de los minutos tiene una longitud perfecta (la de las horas se hubiera beneficiado de un poquito más de metal), la lectura de la hora mejora dramáticamente. La misma técnica de añadir masa de esfera -o, por mejor decir, de no quitársela- se ha utilizado en el pequeño segundero y en las dos complicaciones añadidas. El resultado no es sólo una lograda funcionalidad; es además una cara muy armónica y muy agradable de ver, a lo que contribuye y no poco el precioso color plateado que tiene el dial.

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Recuerda que para saber todos los procesos que se llevan a cabo para crear éste y los demás relojes de Glashütte Original lo mejor es leer los extensos reportajes sobre mi visita a la manufactura. Se pueden encontrar aquí y aquí.

 

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Como es habitual en la industria relojera, alemana o suiza, las complicaciones llevan nombre. Así, la preciosa fase lunar se acompaña de un texto que dice que eso es, en efecto, la fase lunar. También te indica que cuando la manecilla de la reserva de marcha está arriba es que está cargada, y que cuando está abajo está agotada. Todo ello por si acaso por si alguna vez se te olvida qué tiene y cómo funciona tu reloj, y todo ello en alemán. Sin embargo a las seis aparece el texto “Made in Germany” en vez de “Hergestellt in Deutschland”. En fin, pecados veniales que desde luego no harían que dejara de usar el reloj.

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El decorador no ha dejado un milímetro del reloj sin decorar. En el reverso destacan las ruedas de carga y su decoración en contraste con las profusas volutas grabadas a mano de lo que queda de platinas y puentes. Además, como todo producto sajón que se precie de tal, se pueden ver los tornillos azulados y chatones de oro. Al placer de admirarlo -que puede llevar horas- contribuye eficazmente un cristal de zafiro bien tratado con antirreflejos.

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Dadas sus formas el reloj se lleva muy bien en la muñeca, y seguro que queda estupendo en ocasiones formales; una opera, por ejemplo. Lo que no quita, claro, que llevarlo también a la oficina sea también un placer. Al contrario que la versión de oro rosa, este Senator Moon Phase Skeletonized Edition no es una edición limitada, pero sólo está disponible en las boutiques de la marca (en España hay una en Madrid). Su precio es de 40.200 euros. No es para todos los bolsillos, está claro. Pero no dejo de recordar lo que dijo Karl-Heinz Pfeifer, el presidente pre-Swatch de la compañía: “Construimos relojes alemanes. ¿Qué significa eso? Precisión. Fiabilidad. Funcionalidad. Baratos no. Los productos alemanes nunca son baratos. Pero siempre tienen tres atributos: funcionan, funcionan, funcionan”. Más información en GlashutteOriginal.com.

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Una charla con Thibaut Pellegrin, Brand Manager de A. Lange & Söhne Iberia

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Thibaut Pellegrin aterriza en España como Brand Manager de A. Lange & Söhne después de una larga experiencia en Cartier (8 años). Aunque lleva desde marzo en España el anuncio oficial de su nuevo puesto se hizo público en junio. Charlamos con el sobre sobre la situación actual del mercado y de sus planes de futuro para la marca, en unos momentos particularmente difíciles.

 

 

Horas y Minutos: Los últimos informes de Richemont (aquí) muestran un panorama bastante sombrío en la evolución de sus ventas. ¿Es así también para Lange?

Thibaut Pellegrin: Es verdad que lo es, pero para mí hay dos elementos a tener en cuenta con A. Lange & Söhne: En primer lugar, siempre hemos mantenido voluntariamente un nivel de producción muy bajo. Podríamos sin duda producir más, pero no al mismo nivel de calidad. ¿Por qué entonces la nueva manufactura, que tenemos desde hace un año? (una gran obra arquitectónica que mostré aquí) Sólo por una razón: conseguir mejores condiciones de trabajo. No para producir más. El nuevo edificio se decidió hace 3 años, pero con un único objetivo: producir los mejores relojes del mundo, pero en pequeña cantidad.

En segundo lugar, la distribución. Estamos presentes en 60 países, casi en todo el mundo (menos en África, por ahora); pero con sólo 237 puntos de venta. Esto lo que demuestra es que existe una coherencia en Lange desde hace muchos años. Esa coherencia nos permite afrontar con más serenidad los tiempos difíciles. Y sí, estos son tiempos difíciles, y hemos tenido que ser prudentes este año, y seguramente el año que viene también.

Richard Lange "Pour le Mérite"

Richard Lange “Pour le Mérite”

HyM: Hace un par de meses se lanzó el nuevo Richard Lange “Pour le Mérite” en oro blanco (aquí). Su precio era sensiblemente inferior al modelo anterior en oro rosa, y eso que el blanco siempre es más caro. Si yo fuera un afortunado poseedor de la versión en oro rosa (ojalá), estaría cuando menos sorprendido.

Thibaut Pellegrin: En Lange los dos oros tienen el mismo precio. Pero es verdad, es un precio más bajo. Cabe la sorpresa, pero hay una gran diferencia: la esfera no es esmalte sino laca, y eso es más barato. Y además se van a producir 218 unidades, que es un poco más (la versión en oro rosa fue una serie limitada a 200 unidades). Eso permite abaratar precios.

HyM: Veo que Lange también contempla bajar precios. ¿Vamos a ver un Saxonia en acero, quizá?

Thibaut Pellegrin: En los próximos años seguramente no. No es nuestra estrategia a día de hoy.

HyM: Podemos descartar el acero entonces.

Thibaut Pellegrin: Sí. Sólo oro y platino.

Richard Lange Jumping Seconds en platino

Richard Lange Jumping Seconds en platino

HyM: Lleva desde junio como director la Península, Francia Bélgica y Luxemburgo. ¿Aprecia diferencias entre sus clientes actuales y los norteamericanos?

Thibaut Pellegrin: Si comparo de manera general sí que las hay, pero si lo reducimos a los clientes de Lange para mí todos tienen las mismas exigencias. Todos comparten la misma pasión por la relojería y sólo exigen lo mejor. Y lo mejor hay muy pocas marcas que lo pueden ofrecer. Pero hay algo que me parce muy particular de nuestros clientes: no se dejan influir. Tienen sus propios gustos y opiniones, y nosotros tenemos que escuchar a nuestros clientes. Hay marcas que “empujan” sus relojes al mercado y sin embargo nosotros colaboramos con nuestros clientes. También con los coleccionistas, los conocemos a casi todos, porque ser una marca tan pequeña te lo permite. Todos nuestros clientes tienen una percepción de la calidad de nuestros relojes muy desarrollada.

HyM: ¿Y entre los países que dirige? ¿Hay directivas para cada país, o se dirige todo de manera global?

Thibaut Pellegrin: En nuestra marca no. Tenemos un mensaje homogéneo en todo el mundo. Eso sí, yo tengo que adaptarme a mi red de ventas, no hablo igual con un cliente de Luxemburgo que con uno de Islas Canarias. Tenemos que adaptarnos también a los clientes finales. Pero los relojes son los mismos y la estrategia de comunicación es la misma.

HyM: Cuando entrevisté a Wilhelm Schmid (esta es la entrevista) me decía que la máxima tensión comercial viene dada en realidad porque el cliente Lange viaja mucho y puede querer una pieza tuya en Hong Kong, por ejemplo, en vez de en su país de origen.

Thibaut Pellegrin: Es cierto, y por eso necesitamos coherencia. Coherencia en modelos, coherencia en precios y, muy importante, coherencia en la experiencia de Lange. El cliente, allí donde esté, debe notar que entra en el universo Lange.

Hay que reseñar que toda la entrevista se desarrolló en español, porque Thibaut habla un español mucho más que correcto, con un vocabulario amplio y culto subrayado por su permanente sonrisa, ojos vivaces y ademanes sobrios pero enérgicos.

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HyM: ¿Dónde aprendió tan bien el español?

Thibaut Pellegrin: En su mayor parte en España y un tanto en Nueva York con clientes hispanohablantes. Hice un Erasmus en Zaragoza. Pero de eso hace… ¡once años ya!

Levanta las cejas, sorprendido de cómo pasa el tiempo. Yo también las levanto, admirado de cómo alguien con sólo 30 años ha hecho ya tantas cosas.

HyM: ¿Por qué existe una boutique en Lisboa pero no en Madrid?

Thibaut Pellegrin: La de Lisboa no es una bouique propia, es una colaboración con uno de nuestros distribuidores. En su tienda normal no era posible ofrecer la experiencia Lange, y por eso creamos la boutique.

HyM: ¿Y eso se podría repetir en España?

Thibaut Pellegrin: Podría, pero la verdad es que nuestros concesionarios ahora mismo ya ofrecen la experiencia Lange tal como queremos que sea. Nosotros siempre planteamos relaciones a largo plazo, y la mayor parte de nuestro puntos de venta trabajan con nosotros desde hace casi 20 años.

HyM: O sea casi desde el principio.

Thibaut Pellegrin: En efecto. Como sabes la manufactura se refunda en 1994 y entramos en España en 1997, y tenemos socios desde entonces. Es una verdadera historia de amor. Yo ahora trabajo con los hijos de aquellos que comenzaron trabajando con Günter Blümlein. Es conmovedor oírles hablar de esto. Gabriel Suárez me cuenta que cuando tenía 10 años estaba en la sala de reuniones con su padre y los relojes de Lange… no es de extrañar que nuestros distribuidores sean expertos en la marca.

HyM: Y encima el primer reloj que lanza la manufactura es directamente un icono, el Lange 1. Es como para estar permanentemente enamorado.

Thibaut Pellegrin: Y prácticamente no ha cambiado. Bueno el calibre se ha rediseñado entero, pero visualmente es prácticamente igual que el aparecido en 1994. Es una maravilla.

(Günter Blümlein fue, junto con WalterLange, el responsable del resurgimiento de la marca, aunque también fue quien guió a Jaeger-LeCoultre y a IWC tras los años del cuarzo. Agrupó a las tres marcas bajo la empresa Les Manufactures Horlogères, que después vendió a Richemont por unos 3.000 millones de francos suizos. Fue sin duda uno de los grandes transformadores de la relojería actual. Desafortunadamente falleció en 2001).

Hartmut Knothe (CEO) Walter Lange y Günter Blümlein (Director de Producto)

Hartmut Knothe (CEO) Walter Lange y Günter Blümlein (Director de Producto) en 1994

HyM: ¿Cuál es su objetivo a 5 cinco años?

Thibaut Pellegrin: A decir verdad la marca es, a día de hoy, casi un secreto. Sólo la conocen aficionados y coleccionistas. Y esto es importante, porque son ellos los que han hecho de la marca lo que es, pero tenemos que ampliar nuestros círculos y tenemos que dirigirnos a las nuevas generaciones, porque tenemos objetivos a largo plazo. Sabemos que este año y el que viene vamos a vender los relojes que tenemos, pero ¿qué vamos a hacer de aquí a 20 años? Ahora existen muchos canales nuevos de comunicación y mi objetivo es usar esos canales para conocer los gustos, las expectativas y de las tendencias de consumo de la nueva clientela, que quizá no tiene un buen conocimiento de la marca. Al menos de momento.

HyM: ¿Pero eso significa actuar localmente? Quiero decir, acaba de decir que las políticas de Lange son globales. ¿Quiere usted decir que Lange en España va a tener una actuación específica en el país para abarcar otros públicos?

Thibaut Pellegrin: Claro. Ese es mi trabajo. Hay también una estrategia más global en la sede, pero para mí el objetivo es conocer a más clientes potenciales, y hay varias formas de hacerlo; la fundamental es desde luego trabajar con nuestros concesionarios, porque ellos son los expertos y los que conocen no sólo a nuestros clientes, sino a los que todavía no lo son.

HyM: O sea que ¿podríamos ver a Lange en, no sé, escuelas de negocio, o cosas así?

Thibaut Pellegrin: Puede ser. No sé si se verá mucho porque todo lo hacemos de forma discreta. Pero sí, ese sería un buen ejemplo. Lo que tengo que explicar es la autenticidad, la coherencia, la durabilidad… eso es lo que es Lange. Sí, es caro, pero son los mejores relojes del mundo.

Saxonia Moonphase

Saxonia Moonphase

HyM: Bueno, también habría que ver, porque a menudo te encuentras con precios de relojes que hacen que te preguntes, por ejemplo “¿pero esto que cuesta tanto como un Saxonia (15.000 euros), me da lo que me da un Saxonia?”

Thibaut Pellegrin: Claro, pero es que ese es exactamente es mi trabajo. Tú eso lo sabes porque estás siempre con relojes, pero yo tengo que hacérselo ver también a quien no conoce la marca para que sepa cuánto le ofrece. En Lange el marketing tiene que estar al servicio del producto, y no al revés.

Tourbograph pour le Mèrite

Tourbograph pour le Mèrite

HyM: ¿Hay algún tipo de reloj que le gustaría que existiera en la colección de Lange y que ahora no existe?

Thibaut Pellegrin: La verdad es que Lange ha hecho muy buen trabajo en crear todo lo que llena mis sueños relojeros. Pero hay un modelo que ya no existe, el Tourbograph Pour le Mérite, el primer reloj que combinaba un tourbillon con transmisión de huso y cadena y un cronógrafo rattrapante, y por supuesto limitado a 51 unidades. Ese es el reloj que me gustaría ver en la colección.

 Zeitwerk Minute Repeater

Zeitwerk Minute Repeater

HyM: ¿Y ese sería el reloj que tendría si no tuviera limitaciones económicas?

Thibaut Pellegrin: No, sería algo diferente porque el Tourbograph no lo puedes llevar todos los días. Es difícil elegir uno solo; es como decir qué hijo prefieres, así que me quedo con dos: el Zeitwerk, con un diseño increíble, súper vanguardista e incluso revolucionario. Hay muy pocos relojes como el Zeitwerk. Y el otro, el Datograph. Para mí es el mejor cronógrafo del mundo. Bueno, para mí y para casi todos los aficionados a la relojería.

Datograph Up Down frontal

HyM: Philippe Dufour dijo que era el mejor.

Sí, muy sencillo de diseño pero el movimiento… solemos decir que es una ciudad en miniatura. Me puedo pasar horas mirándolo.

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HyM:¿Y qué reloj lleva ahora?

Thibaut Pellegrin: Un Lange 1. Ya hemos hablado de él. Lo puedes reconocer a 20 metros. Pero éste es además el Lange 1 Time Zone, con los 24 husos horarios que cambian con apretar un solo botón. Eso es Lange, apariencia y uso sencillo pero movimientos de la máxima complicación. Para mí hay muy pocos relojes como el Lange 1,  porque en realidad no hay relojes como los de Lange.

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Pre-SIHH 2017: Audemars Piguet Royal Oak Frosted Gold

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Un nuevo avance del SIHH 2017, que ya está a la vuelta de la esquina: la gran dama de Le Brassus presenta los nuevos Audemars Piguet Royal Oak Frosted Gold, una reinterpretación en clave muy femenina -y muy artesana a la vez- del icónico reloj de la manufactura.

 

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En 1976 Jacqueline Dimier aceptó el reto de adaptar el Royal Oak de Gérald Genta, el reloj deportivo masculino de lujo aparecido en 1972, a la muñeca femenina. De la tarea salió tan victoriosa que este año la manufactura celebra el 40 aniversario de ese hito con los nuevos Audemars Piguet Royal Oak Frosted Gold, nacidos ahora de la colaboración con la joyera Carolina Bucci.

El Royal Oak de mujer original de 1976

El Royal Oak de mujer original de 1976

Carolina Bucci es una joyera hija de joyeros que vive a caballo entre Londres y Nueva York. Llegó al Royal Oak de una forma casual: su marido, por razones obvias, no le puede regalar joyas, así que le regala relojes. Él le preguntó hace cinco años qué reloj quería, pero ella no tenía una idea clara;  hasta que un día vio a un hombre llevando un reloj que le gustó mucho y que resultó ser un Audemars Piguet Royal Oak. Desafortunadamente el reloj ya no se hacía, porque era modelo de oro amarillo de 1983. Tiempo después su marido consiguió encontrar uno y se lo regaló para su 35 cumpleaños.

Caroline Bucci

Carolina Bucci

La joyera ponía fotos en Instagram de su reloj junto con sus joyas, lo que captó la atención de Audemars Piguet. En 2013 comenzó a haber conversaciones entre el Director General de Audemars Piguet, François-Henry Bennahmias, y Carolina para ver de colaborar en un nuevo modelo femenino. Al final se decidió crear unos modelos que estuvieran decorados con la Técnica Florentina, lo que no podía ser más adecuado porque Carolina nació allí. La Técnica Florentina consiste en golpear la superficie con un punzón de punta de diamante, de manera que se va quitando material para crear una superficie rugosa que tiene un brillo diamantino. Lo vimos por cierto en el MB & F Legacy 101 Frost, con fotos en vivo y precios.

François-Henry Bennahmias, Director General de AP, con Caroline Bucci y Jacqueline Dimier

François-Henry Bennahmias, Director General de AP, con Carolina Bucci y Jacqueline Dimier en el despacho del primero

“A finales de 2014 enviamos algunos eslabones y partes de la caja a Florencia para comprobar la viabilidad del proyecto” -dice Bennahmias en una entrevista con el Telegraph-. “Volvieron con brillo bellísimo, pero era áspero al tacto. El segundo intento tenía el tacto correcto, pero no brillaba. La profundidad del impacto sobre el oro es muy importante: si profundizas demasiado es demasiado rudo”.

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Tras siete intentos de perfeccionar el acabado, que se hizo en Audemars Piguet con la supervisión de Caroline, se consiguió el equilibrio perfecto. El resultado son unos Audemars Piguet Royal Oak Frosted Gold en oro rosa y oro blanco y en dos medidas: 33 y 37 mm de diámetro. Los relojes de 33 milímetros llevan un movimiento de cuarzo, pero los de 37 integran el calibre automático 3120, un movimiento lanzado a primeros de siglo con el ya clásico rotor de oro con los escudos heráldicos de los fundadores, los Audemars y los Piguet.

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Ya dije cuando presenté los Royal Oak Perpetual Calendar (aquí) que no hay satinado como el de Audemars Piguet. Pues si a ese satinado le añadimos la técnica Floretina el resultado es simplemente espectacular. La textura del oro punzado -que da aspecto mate o lleno de polvo de diamante según le de la luz- junto con el cepillado convierte a estos Audemars Piguet Royal Oak Frosted Gold en auténticas joyas.

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El lanzamiento ha coincidido con el 40 aniversario del Royal Oak femenino, y además Carolina Bucci también nació en 1976, por lo que también cumple 40 años. Más aún, el pasado 9 de noviembre Audemars Piguet inauguró su primera boutique en Florencia. No puede haber una coincidencia más redonda.

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Aunque los Audemars Piguet Royal Oak Frosted Gold están pensados para un público femenino no sería de extrañar que algunos hombre se sientan tentados por la versión en oro blanco. Al fin y al cabo 37 mm es una medida canónica para un reloj de vestir y, dada la construcción del Royal Oak, seguro que en la muñeca no parece tan pequeño como nos suena simplemente con el dato frío.

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De lo que todavía no hay información es de los precios, que serán revelados en el SIHH. Pero seguro que los Audemars Piguet Royal Oak Frosted Gold van a ser un éxito. Uno más de la larga lista de este icono de la relojería que no conoce ocaso. Más información en AudemarsPiguet.es.

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Un nuevo -y único- repetidor de minutos: Chopard L.U.C Full Strike One

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Chopard está celebrando el vigésimo aniversario de la fundación de su manufactura de la mejor manera posible: lanzando nuevos relojes que no dejan a nadie indiferente. El Chopard L.U.C Full Strike One es la joya de la corona de la celebración, y además por todo lo alto: un repetidor de minutos con una tecnología única en el mercado. Vamos a ver sus características y precio.

 

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En el artículo sobre la visita a la Manufactura Chopard comentaba cómo la idea de Karl-Friedrich Scheufele cuando fundó la manufactura de Fleurier fue la de crear movimientos de la máxima exigencia, a los que denominaría con las iniciales del fundador de la casa, Louis-Ulysse Chopard. En 2016 celebra el inicio de esa gran aventura y lo ha hecho con un reloj homenaje a su primer reloj de manufactura, el Chopard L.U.C XPS 1860 (con fotos en vivo y precios aquí) y dos relojes de viajeros (los  L.U.C Time Traveler One –aquí– y los L.U.C GMT One –aquí-). La guinda del pastel la pone el nuevo Chopard L.U.C Full Strike One, un repetidor de minutos como ningún otro.

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El Chopard L.U.C Full Strike One es el primer repetidor de minutos de la casa, y fue concebido para ser distinto. Lo que caracteriza a los repetidores, aunque parezca absurdo decirlo, es el sonido. Se puede hablar mucho sobre los desarrollos técnicos que llevan a ese sonido, pero el reloj al final convence por cómo suena. Y en este terreno Chopard ha dado un paso de gigante, y además en una dirección insospechada: por primera vez el sonido lo producen unos martillos que golpean sobre zafiro. Pero no es que los gongs, tradicionalmente cilindros de metal que siguen la forma de la caja, estén hechos de zafiro, no. O, por mejor decir, no sólo eso: esos gongs son una parte de la estructura que forma un cristal de zafiro superior que se prolonga hacia el fondo en una sola pieza, de manera que el sonido del golpeo lo propaga toda la cápsula.

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Ya sé que estamos muy acostumbrados a oír hablar de desarrollos que, en boca de la casa que lo presenta, son la octava maravilla del mundo. Por eso la primera reacción de los avezados seguidores de la alta relojería ante una innovación como la del Chopard L.U.C Full Strike One es la de levantar un ceja con escepticismo. Así que lo mejor es escuchar cómo suena, según la grabación exclusiva que hizo www.ablogtowatch.com:

El sonido es impresionante, ¿verdad? Más aún, uno se esperaría un timbre más agudo, o menos pleno, como sonaría si golpeáramos el cristal de una ventana con una llave. Pero no: el sonido no sólo es potentísimo sino extraordinariamente delicado. Siempre se ha tenido al oro rosa como el mejor metal para los repetidores de minutos por su tono más cálido, y se ve que la combinación del zafiro con el oro ha dado con la clave adecuada.

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Como no se golpea sobre dos varillas sino sobre una sección de un conjunto de cristal, los martillos han de golpear con más fuerza y por tanto son mucho más grandes de lo normal. Las pruebas en la manufactura consistieron en golpear el zafiro más de 2 millones de veces y comprobar que el zafiro no rompía. Por otro lado al tener que mover la masa de los martillos y golpear numerosas veces el mecanismo necesita de mucha energía, lo que supone un reto técnico extra. El calibre manual L.U.C 08.01-L, de 37,20 por 7,97 milímetros y con una frecuencia de 4 hercios, tiene una reserva de marcha de 60 horas, que no está nada mal para un repetidor de minutos. Consigue esa duración gracias a dos barriletes, pero que funcionan de una manera singular.

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En efecto, mientras que uno de los cubos almacena la energía para la indicación horaria el otro dedica sus esfuerzos a la sonería. En un repetidor tradicional cuando se desliza el gatillo -o se pulsa un botón- el mecanismo dedicado enrolla el muelle con la energía suficiente para hacer sonar la hora solicitada. El Chopard L.U.C Full Strike One también tiene un pulsador para poner en marcha el mecanismo, pero al hacerlo no da cuerda a la complicación. La forma de darle fuerza es dándo cuerda a su muelle real con la corona: cuando está girada en una dirección se da cuerda al barrilete horario, mientras que en la dirección opuesta se tensa el barrilete de repetición. Chopard afirma que, con máxima carga, el reloj puede repetir la cadena de sonidos más larga -la de las 12:59- ¡12 veces! Eso es algo impensable hasta ahora. Por eso Chopard ha equipado el reloj con una doble indicación de reserva de marcha, una para cada función.

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Hay no acaban las proezas técnicas. Las avería son muy comunes en los relojes de sonería, por ejemplo cuando no se desliza completamente el gatillo y el mecanismo no engancha correctamente. O, en este caso, imagina que estás poniendo en hora el reloj y accidentalemente presionas el pulsador de la corona: al servicio técnico de cabeza. Pues bien, Chopard ha añadido tres elementos de seguirdad: uno para que la sonería no funcione si no hay energía suficiente, otro para que el regulador sólo arranque cuando el embrague está completamente acoplado, y el último que desconecta la sonería y su pulsador del movimiento, de manera que no se puedan mover las manecillas horarias mientras está sonando.

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Pero es que Chopard no sólo da, también quita: ha eliminado el sonido de giro del regulador, muy frecuentemente audible en los repetidores de minutos. Ha eliminado el “clic” final -cuando acaba la secuencia sonora- que también se oye en muchos relojes y además ha eliminado los tiempos entre los segmentos sonoros, de manera que todo suena de manera continua. Si después de esto alguien todavía tiene dudas de que Chopard L.U.C significa altísima relojería, me como el sombrero.

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Todo esto sin olvidar que el Chopard L.U.C Full Strike One ostenta el sello de Ginebra, lo que le obliga a un nivel de acabados al que por otro lado ya nos tiene acostumbrados la manufactura: platinas y puentes decoradas con Côtes de Genève diagonales, bordes biselados y pulidos, cabezas de tornillos y chatones de rubíes también biselados y pulidos. Y, por el mismo precio, un montón de textos que leer.

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Viendo todo esto uno pensaría que el Chopard L.U.C Full Strike One es un reloj enorme. Otro error. Chopard ha conseguido meter todo este ámbar relojero en una caja de 42,5 mm de diámetro y 11,55 mm de alto, lo que le hace un reloj perfectamente combinable y apto para prácticamente cualquier muñeca. Además el material utilizado es el oro rosa de comercio justo, lo que añade un valor extra. La esfera deja al descubierto buena parte del calibre para poder disfrutar de su técnica, pero retiene dos de sus características más icónicas: los numerales romanos de grueso porte y las manecillas Art Deco.

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El Chopard L.U.C Full Strike One es una edición limitada a 20 piezas, con un precio de  265.000 francos suizos (casi 246.700 euros a día de hoy). Imagino que será muy difícil ver una des estas maravillas en vivo porque seguro que ya están todas reservadas. Más información en Chopard.es.

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En la muñeca: Nuevos Chopard L.U.C GMT One. Fotos en Vivo y Precio

 

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Chopard ha presentado, en el marco del SalonQP de Londres, los nuevos Chopard L.U.C GMT One. Hasta ahora conocíamos la versión en acero, pero ayer se dio a conocer también la espectacular versión en oro. Es un orgullo para Horas y Minutos poder presentar los relojes con fotos en vivo exclusivas, además de sus precios oficiales.

 

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Cuando presenté las tres versiones del Chopard L.U.C Traveler One (que se puede ver con fotos en vivo en este artículo), comenté la falta que le hacía a Chopard un reloj para viajeros, y con ocasión del vigésimo aniversario de la manufactura Chopard de Fleurier -cuya visita reflejé en esta entrada– la casa propiedad de la familia Scheufele cubrió finalmente este hueco. Y lo hizo a lo grande, con un calibre L.U.C y tres versiones de reloj con horas mundiales (acero, oro rosa y platino). El escalón inferior a un reloj que marca 24 husos horarios son los relojes GMT o de segundo huso horario. En ese escalón están la inmensa mayoría de los viajeros, que como mucho cambian de una sola zona horaria en sus periplos. Por tanto los nuevos Chopard L.U.C GMT One cubre perfectamente sus apetencias relojeras de tener un reloj con complicación y que a la vez le sea útil.

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Los Chopard L.U.C GMT One se lanzan en dos versiones: acero y oro rosa. Ambos comparten las mismas características constructivas y técnicas, pero sus públicos objetivo son seguramente diferentes. Es obvio que el oro ya crea de por sí una segmentación de público por su mayor precio (a menudo con diferencias sobre el acero difícilmente explicables sólo por el valor de metal), pero en este caso la presencia de una y otra versión también marca unas líneas de separación. No absolutamente rígidas, pero sí notables.

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Ambos relojes tienen una caja de 42 mm de diámetro con una presencia sólida. No son los relojes más delgados del mundo, pero es que no es esa su intención tampoco. Las dos versiones del Chopard One GMT tienen un porte robusto, con mucha personalidad en la muñeca incluso en la más elegante versión de oro rosa. Se nota en la altura de la caja (11,71 mm) y en el tamaño de las dos coronas, grandes y potentes. El perfil de la caja está satinado para contrastar con su parte frontal, una combinación clásica que nunca falla. El conjunto tiene una prestancia excelente en la muñeca.

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La esfera de los Chopard L.U.C GMT One tiene un claro aire de familia que recuerda a su hermano mayor, el Traveler One, pero en este caso, al ser sólo un GMT, está mucho más despejada y por tanto con una lectura más rápida de los datos. Al igual que con el Traveler One la esfera negra con acentos naranja se perfila como más deportiva, más punzante en su forma de ofrecer la información, mientras que la versión de oro es mucho más calmada y refinada aunque con una reseña de la hora igualmente veloz. Ello se debe a -como digo muchas veces- la excepcional elección de fuente de los números, un tipo de letra que equilibra perfectamente el saber estar con el dinamismo, y la poderosa presencia de las manecillas de Chopard, de reminiscencias Art Deco.

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El anillo exterior tiene la misión de indicar el segundo huso horario con separación día y noche. En la versión de acero  el contraste se ofrece con una sección color pizarra con numerales blancos para el día y otra negra con arábigos naranjas. La versión de oro rosa crea ese mismo contraste escribiendo negro sobre blanco y blanco sobre marrón respectivamente. En ambos casos la aguja que indica la hora usa el mismo color y además la punta está pintada con SuperLuminova (también usada en las manecillas horarias, los índices y los numerales). Al igual que con el reloj de hora mundial la función GMT se maneja con la corona a las cuatro; de ahí su decoración con el globo terráqueo. La corona a las dos sirve para poner en hora el reloj, y está decorada con la leyenda L.U.C enmarcada en una de las formas tradicionales del puente del tourbillon de la casa.

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El movimiento que anima al reloj es el calibre L.U.C 01.10-L, con el módulo de segundo huso horario integrado. Guarda muchas similitudes con su hermano global, lo que es no es decir poco: al ser parte de la familia L.U.C se beneficia de una construcción y decoración excepcional, además de un comportamiento relojero notable: frecuencia de 4 hercios y 60 horas de reserva de marcha. En las siguientes fotos se puede observar la decoración Côtes de Genève y el biselado de los bordes de los puentes.

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Los relojes, lógicamente se entregan con correas de cocodrilo atadas a la muñeca por una hebilla de ardillón en su metal correspondiente. Digo que es lógico porque los Chopard L.U.C GMT One están pensados para desenvolverse en ambientes de trabajo, incluso cuando se disfruta de la versión en acero, y por tanto tiene sentido la elección más tradicional. Pero yo creo que a la versión de acero también le sentaría bien un brazalete, y no sería de extrañar que lo viéramos en le futuro.

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Mientras eso ocurre los Chopard L.U.C GMT One deben ser sin duda unos candidatos muy a tener en cuenta a la hora de buscar un reloj GMT, por su calidad desde luego, pero también por su precio: el Chopard L.U.C GMT One en acero cuesta 9.360 euros, mientras que la versión de oro rosa tiene un precio de 18.920 eurosMás información en Chopard.es.

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Nuevos Chopard L.U.C Time Traveler One: Fotos en Vivo y Precios

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Chopard entra en el mundo de los relojes con hora mundial por la puerta grande: los nuevos Chopard L.U.C Time Traveler One se presentan en tres metales, acero, oro y platino, y con un nuevo movimiento L.U.C -lo mejor de la casa- que además tiene certificación de cronómetro. No hay mejor forma de celebrar los 20 años de su manufactura de Fleurier. Vamos a ver los tres modelos y sus precios (un adelanto: son muy buenos).

 

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L.U.C Time Traveler One en acero

Cuando visité la manufactura de Chopard (viaje del que pronto hablaré), tuve la suerte de compartir un café con Karl-Friedrich Scheufele, presidente y auténtico motor creativo de la casa (recordemos que fruto de su amor por la relojería y su historia disfrutamos ahora de la renacida Ferdinand Berthoud). Acabábamos de ver los relojes que presento aquí y, hablando sobre como surgió la idea me dijo “hace tres años le dije a mi gente: necesitamos esto, y lo necesitamos con estos precios”. Eso se llama tener visión de futuro, porque desde que tuvo la idea hasta ahora el firmamento relojero se ha oscurecido con nubarrones de crisis mucho más densos y persistentes de los que ya se barruntaban entonces, y no dejan de diluviar malas noticias sobre el sector. De repente la venta se ha vuelto muchísimo más difícil y los compradores potenciales muchísimo más exigentes. Ya no vale cualquier cosa y las marcas están obligadas a dar mucho más de lo que ofrecían hasta ahora, y a mejores precios. Quien haya seguido a Chopard en estos años -yo entre ellos- sabe que su oferta ha sido siempre de las mejores en la relación calidad-precio. Y cuando digo calidad digo la más alta calidad.

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L.U.C Time traveler One en platino

Como además de una categoría inédita para Chopard los L.U.C Time Traveler One celebran el vigésimo aniversario de su primer movimiento L.U.C, la manufactura ha querido crear un sabor para cada gusto, aunque todos comparten características comunes: el movimiento (obviamente) y una caja de 42 mm de diámetro por 12,09 milímetros de altura exactamente. También presenta dos coronas de buen tamaño y que le da un aire más deportivo, dentro de sus líneas perfectamente clásicas.

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CÓMO FUNCIONA

 

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La esfera del L.U.C Time Traveler One está dispuesta en estratos concéntricos. En primer lugar aparece una discreta fecha que apunta al primer círculo, la fecha. A continuación las manecillas centrales, con la forma clásica de Chopard (muy Art Deco) apuntan a la hora local del segundo círculo, que alterna índices y numerales, todos impregnados de SuperLuminova -naranja en la versión de acero-. Estas funciones se controlan con la manecilla a las dos.

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A continuación aparece el disco de 24 horas; trabaja en conjunción con el de los husos horarios, representados por 24 ciudades en las que, por cierto, se ha sustituido París por Ginebra. Una vez que se han sincronizado los dos discos con la hora local está todo hecho, se puede empezar a viajar y ver la hora de los lugares que nos interese. Esta operación se hace con la corona a las 4; por eso tiene grabada una representación del globo terráqueo, mientras que la de las 2 ofrece el logotipo de L.U.C.

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La magia ocurre gracias al nuevo Calibre 01.05-L automático, concebido, desarrollado, construido y terminado en la sede de Chopard en Fleurier. Tiene unas dimensiones de 35,30 x 6,52 mm y oscila a 4 hercios, otorgando una reserva de marcha de 60 horas. Los acabados a mano incluyen el pulido de biseles y la decoración Côtes de Genève. Puestos a soñar hubiera sido fantástico que viniera con el microrrotor que equipan otros Chopard y que yo creo que es el mejor del mercado, pero habría supuesto una complicación añadida y un precio más alto.No olvidemos en cualquier caso que, como todos los L.U.C, el que mueve este reloj tiene certificado de cronómetro, un requerimiento específico del Sr. Scheufele.

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Como ya he dicho el L.U.C Time Traveler One se presenta en tres metales, que van acompañados por tres esferas bien distintas. La pieza de acero ostenta una imagen claramente más deportiva, con los índices, manecillas y numerales en naranja sobre un fondo negro, salvo el disco de 24 horas que es blanco y gris. La versión de platino, elegantísima, tiene un color gris azulado con tonos verdes. El disco interior tiene decoración rayos de sol que parten del nombre de Chopard, bajo las doce, mientras que el disco exterior tiene un satinado circular. Si el color de esta esfera se dieran también a la versión en acero sería el acabose porque le daría una elegancia que no se ve en el mercado, pero visto que no son ediciones limitadas no creo que vaya a ocurrir.

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La más clásica es sin duda la versión de oro rosa y su esfera plateada, sobre la que destaca el disco de 24 horas en una combinación de azul y blanco espectacular. Aunque la esfera está muy llena de información la lectura es impecable. Se podría argüir que en una caja de 42 mm cabe mucha información, pero la clave no está ahí, sino en la perfecta elección de la tipografía. Cuando presenté el L.U.C Regulator (con fotos en vivo aquí) ya comenté el acierto de Chopard con la elección de la fuente para los textos; aquí cobra mucha más importancia porque hay mucho que escribir, y el resultado es impecable. Acompaña muy bien al aire Art Deco de las manecillas pero a la vez tiene una traza intemporal. No hay que fruncir el ceño ni un poquito para leer las ciudades, y mucho menos los números. El resultado es armonioso y gentil. Perfecto.

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Aunque el reloj levanta 12 mm hace buenas migas con las camisas de vestir, añadiéndoles prestancia. El juego del pulido del bisel y el frontal de las asas con el satinado de la carrura es todo un clásico y queda muy bien.

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Hay un detalle que me olvidado mencionar: en contra de lo que sería habitual para nosotros el reloj se llama L.U.C Time Traveler One, con Traveler con una ele, no con dos como estamos acostumbrados. Esto es porque se ha optado por la escritura estadounidense y no la británica, que es la que se suele aprender en España. Es lo mismo que pasa con joyería (jewelery -EE UU- o jewellery -Reino Unido-). De una forma u otra el reloj es un acierto, redondeado por unos precios igualmente oportunos. La versión en acero del L.U.C Time Traveler One tiene un precio de 12.610 euros. La versión en oro rosa tiene un precio de 22.170 euros y por último el reloj en platino tiene un precio de 34.680 euros. Ojalá tengan el éxito que se merecen. Más información en Chopard.es.

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Nuevos Glashütte Original Senator Excellence Panorama Date y Moon Phase. Modelos y Precios

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El pasado martes Glashütte Original presentó dos importantes novedades: en primer lugar su nueva boutique de París y en segundo las nuevas versiones de su nuevo reloj Excellence, los Glashütte Original Senator Excellence Panorama Date y Moon Phase. Tuve la gran suerte de asistir a los dos eventos y pude disfrutar en vivo de estas nuevas versiones, que ahora os traigo con especificaciones y precios.

 

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Los Senator Excellence Panorama Date y Moon Phase pertenecen, obviamente, a la nueva colección Excellence que se presentó el pasado marzo en el marco de la Berlinale. Los Excellence son uno modelos fundacionales porque albergan un nuevo calibre, el 36, que es la base sobre la que se van a ir construyendo las nuevas complicaciones de la marca. Pero aún sin complicaciones el movimiento es notable por la cantidad de avances que incorpora, tanto técnicos como estéticos, y que rara vez se ven en relojes de tres agujas. En el artículo de presentación (que se puede leer aquí) hablé extensamente sobre todas las características que lo hacen tan singular, pero conviene señalar, si quiera someramente, las principales.

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En primer lugar el movimiento está basado en la estabilidad, que es la base sobre la que se construye una buena cronometría. Para ello se rediseñó todo el calibre de manera que se redujeran el número de piezas y por tanto las fricciones y desgastes correspondientes; específicamente el calibre 36 carece de ruedas reductoras y de trinquete para la carga del barrilete. Las transmisión es tan eficaz que el anterior calibre de Glashütte Original, el 39, necesitaba casi 1.400 giros del rotor para cargar el cubo y el 30 lo consigue con poco más de 1.100.

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El segundo eje del movimiento es el de la autonomía. El calibre 36 tiene una reserva de 100 horas gracias a un único barrilete con un muelle real más delgado y más largo (70 cm) fabricado en Elinflex. Pues bien, las nuevas complicaciones que introducen los Senator Panorama Date y Moon Phase están diseñadas de tal manera que la autonomía sigue siendo la misma, lo que es francamente encomiable.

Montaje del barrilete

Montaje del barrilete

El tercer pilar del calibre es la precisión.  Además del funcionamiento del muelle real, consistente y sin fricción, y el rediseño del tren de engranajes, está el nuevo órgano regulador, que combina el volante del calibre 37 con un espiral de silicio. El volante está ajustado, por primera vez en la manufactura, en 6 posiciones. Una más que la exigida por el estándar cronométrico alemán. Esta norma, que examina no sólo el movimiento sino el movimiento dentro de la caja, exige que se conserve la exactitud tras sufrir una caída de un metro. Para muchos relojes no sólo es imposible mantener cotas de cronómetro tras un impacto así, sino que lo normal es que ni siquiera funcionen.

Ajuste del volante

Ajuste del volante

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Por último la belleza: el calibre 36 integra todos los elementos de la relojería germana: platina de tres cuartos con nervaduras Glashütte, tornillos azulados, ajuste de cuello de cisne y cantos biselados y pulidos, además por supuesto del icónico rotor con la doble G, cuyo borde exterior es de oro macizo. Todas las decoraciones están hechas a mano.

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Pues bien, sin perder todas estas características ahora Glashütte Original integra una o dos complicaciones más: la fecha y la fase lunar. Lo hace añadiendo módulos adicionales, pero no como suele ser muy habitual en las marcas: a menudo simplemente se coge un calibre base y se le monta encima el módulo como mejor se pueda. Eso suele resultar en calibres muy gruesos. El calibre 36 que montan los Senator Excellence Panorama Date y Moon Phase se concibió pensando en los módulos que iba a albergar, de manera que el incremento de altura es mínimo: pasa de 4,45 mm a 6,70 mm. El resultado en la caja es un aumento de 2 mm hasta los 12, respetando el diámetro de 40 mm. En la entrevista que publicamos aquí Yann Gamard, CEO de Glashütte Original, me dijo que el año que viene en Baselworld presentarán el Excellence con calendario perpetuo. Veremos entonces qué altura alcanza la caja.

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Las dos versiones de los Senator Excellence Panorama Date y Moonphase se fabrican, como lo fue el Excellence cuando salió, en oro rojo y acero. La caja clásica presenta superficies pulidas y satinadas interrumpidas por una corona central grande para una mejor agarre. La corona es el centro de operaciones, porque todas las funciones se manejan desde ella en tres posiciones: la primera permite dar cuerda al reloj, la segunda variar la fecha o la fase lunar y la tercera ajustar la hora (con parada de segundero, por supuesto).

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A la izquierda la esfera de la versión de acero. A la derecha, la de la versión de oro rojo

La disposición de las dos complicaciones ya era conocida, porque ya existían unos Senator Panorama Date y Senator Panorama Date y Moon Phase. Lo que diferencia a las esferas de los Excellence es que se ha prescindido de los numerales romanos salvo en los dos polos, sustituyéndolos por índices -grabados con láser o impresos en la versión de acero y de oro respectivamente- y además numerales arábigos para señalar los minutos (en rojo cuando acompañan a la caja de oro). La fecha es LA fecha, es decir, la fecha Panorama creada por Glashütte Original y aún no igualada porque se compone de dos discos a la misma altura y que por tanto encajan perfectamente para dar una información limpia y clara. La manufactura la remarca convenientemente, con dos biseles que rodean la apertura. Además, ahora la fecha cambia instantáneamente a las 12 en punto, no como antes que iba cambiando poco a poco. Y todo ello, recordemos, sin afectar a las 100 horas de reserva de marcha.

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La ventana de fase de luna, cortada a diamante, permite ver un precioso firmamento azul galvánico y unas estrellas y luna pulidos maravillosamente, al punto que son un auténtico espejos convexos.

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Discos de fases lunares en la fábrica de esferas de Glashütte Original en Pforzheim

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La fase lunar no es sólo bonita sino que es exacta: han de pasar 122 años antes de que sea necesario realizar una corrección de un día para renovar la conformidad con el mes (lunar) sinódico de 29 días, 12 horas, 44 minutos y 2,9 segundos. Curiosamente 122 años parece ser el límite máximo que la ciencia ha establecido para la vida humana, así que se puede decir que la regulación de la fase lunar de este Senator Excellence Panorama Date y Moon Phase va a sobrevivir a su dueño.

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Los Senator Excellence Panorma Date y Moon Phase fueron presentados, como decía, el mismo día que se inauguraba la boutique de Glashütte Original en París. Esto es un acontecimiento muy importante porque París es uno de los grandes sitios donde hay que estar junto con Londres, Nueva York o Hong Kong, y habla mucho de lo bien que le está yendo a la manufactura sajona con su expansión. Y hablando de ventas Dieter Pachner, vicepresidente de la marca (a quien entrevisté aquí), me dijo que España se había convertido en uno de los mercados más importantes para ellos por los crecimientos en ventas que se han alcanzado. Una buena noticia entre tantas malas de nuestro país.

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Dieter Pachner durante la presentación de los Excellence

Entrada de la nueva boutique de París

Entrada de la nueva boutique de París

De vuelta a los Senator Excellence Panorama Date & Moon Phase ambos relojes se atan a la muñeca con correas de aligátor -negra para el acero, marrón para el oro rojo- y quedan como su nombre indica. Son sobre todo relojes de vestir, pero al final de la presentación, cuando ya no quedaba casi nadie, descubrí que hay una versión con brazalete que la casa no había anunciado y que da un cambio notable al reloj, convirtiéndolo de repente en un amigo también para las ocasiones informales. El brazalete está muy bien hecho, con los eslabones exteriores satinados y los internos pulidos.

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Todos y cada uno de los relojes pasan un test de 24 días, al final del cual se genera un informe único de dicho reloj, que por supuesto se entrega a su dueño. En ese informe viene un código QR también único con el que el propietario puede ver las pruebas a las que se le ha sometido a su reloj, día a día, que detallaré en un artículo próximo. Para significar tal nivel de exigencia la casa ha creado un sello especial que también vimos en la presentación.

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Por todo esto podemos decir que los Glashütte Original Senator Excellence Panorama Date y Moon Phase son unos excelentes relojes, que justifican perfectamente su -además- muy buen precio. El Panorama Date de acero cuesta 9.700 euros o de 11.900 con el brazalete, mientras que la versión de oro rojo tiene un precio de 20.400 euros. Por su parte el precio del Panorama Date Moon Phase es de 10.700 euros en la versión de acero o 11.900 euros con brazalete. La versión en oro rojo tiene un precio de 21.400 euros.  Los relojes van a estar disponibles a partir de noviembre sólo en las boutiques, y llegarán a las tiendas a partir de marzo. Más información en GlashütteOriginal.com.

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Pre-SIHH 2017: Vacheron Constantin Harmony. Modelos y precios

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Era de esperar nuevas versiones del Harmony, dado su éxito en todos los órdenes (de crítica y de clientes), pero este poblado desembarco nos ha sorprendido a todos. En realidad son reinterpretaciones de los modelos ya existentes, pero hay también una novedad absoluta en la colección Vacheron Constantin Harmony. Vamos a ver todos los modelos y sus precios.

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Algunos de los modelos Harmony de 2015

El año pasado Vacheron Constantin cumplió 260 años y los celebró, entre otros actos, lanzando los Vacheron Constantin Harmony, una nueva línea de relojes que era un manuscrito iluminado de cómo crear un reloj bellísimo, con una caja que parecía simple y sin embargo jugaba con las líneas como muy pocos otros relojes del mercado. Por cierto: hablando de códices iluminados conviene repasar los Métiers d’Art Savoirs Enluminésuna de mis favoritas entre las creaciones artísticas de VC. Volviendo a los Harmony, tuve la suerte de poder publicar en vídeo los Harmony Chronograph (en este artículo) y los Harmony Dual Time (en esta entrada). En su momento ya me dijo VC que habría nuevas versiones, pero que el azul de las manecillas desaparecería. Y así ha sido, para felicidad de los compradores de las versiones limitadas del año pasado que ahora ven como se incrementa el valor de sus relojes.

HARMONY COMPLETE CALENDAR

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Esta es la novedad de la colección Vacheron Constantin Harmony que estoy convencido que va a ser otro exitazo. El calendario completo no distingue los días 30 ó 31 y por supuesto necesita la corrección del fin de febrero. Gracias a estas 5 molestias anuales se consigue rebajar el precio final de las piezas con respecto a los calendarios perpetuos y seguir ofreciendo una complicación muy útil. Este Vacheron Constantin Harmony Complete Calendar se presenta con una caja de oro rosa de 40 x 49,3 x 11 milímetros que aloja una esfera opalina. Las manecillas de oro -con una forma común a todos los Harmony- apuntan a unos numerales romanos de excelente lectura y rodeados por una minutería de ferrocarril (chemin de fer, en su denominación en francés); sirve de guía para los días del mes, que son marcados por una aguja terminada en una media luna roja. Al sur de la esfera se aloja una fase lunar que sólo necesita ser corregida una vez cada 122 años.

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El reloj integra un nuevo movimiento de manufactura, el calibre 2460 QC (de Quantieme Complet). El movimiento base 2460 se usa en otros relojes de Vacheron Constantin y, con la platina añadida de la complicación resulta en un tamaño de 29 x 5,4 mm. Es automático y aporta 40 horas de reserva de marcha, conseguida gracias a un rotor de oro maravillosamente decorado. Recordemos que éste, como todos los relojes de Vacheron Constantin, ostenta el Sello del Punzón de Ginebra.

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El Vacheron Constantin Harmony Calendario Completo (referencia 4000S/000R-B123) tiene un precio de 44.600 euros.

HARMONY CHRONOGRAPH

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Como decía antes, el Vacheron Constantin Harmony iba a perder el color azul, y así ha sido. Los numerales pasan a ser antracita en vez de azules, lo que rebaja el tono tan Art Deco para hacerlo más sobrio. Es más como para médico serio, de pelo y bigote cano, que frunce el ceño mientras te toma el pulso con el reloj. Me gustaba más la primera versión, pero es un reloj tan bonito que aceptaría éste como regalo sin pensarlo dos veces. Si alguien me lo quiere regalar, el precio del Harmony Chronograph (ref. 5300S/000R-B124) es de 71.300 euros. 

HARMONY CHRONOGRAPH MODELO PEQUEÑO

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Este lanzamiento va a hacer feliz a ese numeroso conjunto masculino de amantes de la relojería que considera que los relojes no deben superar nunca los 38 mm de diámetro. El tamaño de 37 mm fue lanzado el año pasado sólo con diamantes incrustados, pero ahora se presenta en una versión que es sólo oro, por lo que puede ser llevado por un hombre sin problema. A mí me parece demasiado pequeño, pero lo bueno de la relojería es que hay abundancia y libertad para elegir. Por tanto, si se escoge el Vacheron Constantin Harmony Small Model de oro rosa (referencia 5000S/000R-B139) hay que abonar 58.900 euros, mientras que el precio de la versión con diamantes (ref. 5005S/000R-B139) es de 67.400 euros.

HARMONY DUAL TIME

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Cuando se lanzaron los Vacheron Constantin Harmony originales sólo había dos modelos grandes (en oro rosa y oro blanco), que se pueden ver aquí. También había un modelo pequeño  en oro blanco y diamantes: éste de aquí. En este tamaño pequeño (37 x 37 mm) ahora aparecen versiones en oro rosa con y sin diamantes y en oro blanco con diamantes. Nuevamente el color azul cede su puesto al antracita, y presenta una subesfera de 24 horas mucho más simple que la primera versión. Los precios son: versión oro rosa (ref. 7800S/000R-B140) 39.400 euros. Oro rosa y diamantes en el bisel (ref. 7805S/000R-B140) con un precio de 48.000 euros. El mismo precio se aplica a la referencia  7805S/000G-B155, de oro blanco con diamantes.

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A las versiones grandes del Harmony Dual Time (40 x 49,28 mm) les ocurre lo mismo que a las pequeñas: pasan del azul al gris oscuro y la subesfera de 24 horas se simplifica. A mí me parece que, aunque bonitos, son más tristones que la versión primera; como si hubiéramos pasado del Art Deco a la posguerra. Al menos la versión de oro rosa mantiene las manecillas azules en el segundo huso horario. El precio para ambas versiones es de 41.600 euros.

HARMONY TOURBILLON CHRONOGRAPH

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Al contrario de lo que pasaba con los Dual Time, el Vacheron Constantin Harmony Tourbillon Chronograph (ref. 5100S/000R-B125) ha pasado de tener caja de platino a hacerlo de oro rosa, lo que inmediatamente dulcifica su presencia. Mantiene el calibre 3200/260, lo que le convierte en un cronógrafo monopulsante con tourbillon a 18.000 alternancias a la hora. En la esfera se apuesta al negro en vez de el azul y el rojo, y la escala cronógrafica se convierte también en chemin de fer. El precio del reloj es de 266.000 euros.

Quedan cuatro meses para poder verlos en el próximo SIHH 2017Más información en VacheronConstantin.es.

 

 



Nuevo MB&F HM8 Can-Am: modelos y precios

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Puntual como el otoño llega una nueva máquina relojera de Maximilian Büsser: el MB&F HM8 Can-Am, una evolución de los relojes de inspiración automovilística de la casa con un aire ya conocido pero aún más seductor. Vamos a ver los dos modelos y sus precios.

 

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El MB&F HM8 Can-Am nace, como los ya numerosos hermanos de marca, de los recuerdos del creador de la marca, Maximilian Büsser. La Canadian-American Challenge Cup fue una carrera de bólidos que se celebró entre 1966 y 1987 y que tuvo en sus circuitos a marcas como McLaren, Porsche, Chaparral, BRM o Lola. Al contrario que en la Fórmula 1 en la Can-Am no había límites a la capacidad de los motores y muy pocas regulaciones técnicas, una combinación que dio lugar a coches increíbles y pilotos audaces como ninguno, por lo que la Can-Am acabó siendo una leyenda.

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Por supuesto en cuanto vemos este MB&F HM8 Can-Am inmediatamente se nos viene a la cabeza modelos anteriores de la casa, especialmente el HM5 que se puede ver en esta entrada. El HM5 evolucionó al HMX del que hicimos un reportaje con fotos en vivo aquí.  Pero HM8 presenta una imagen mucho más ligera, con una espala que se ha liberado completamente del metal para dejar a la vista el famoso rotor con forma de hacha tan distintivo de la casa y que conocimos en el HM3, analizado en vídeo aquí.

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El cuerpo de zafiro, que ya existía en los HM mencionados, está perfilado por dos barras de titanio grado 5 que imitan las barras antivuelco de los coches que competían en la Can-Am. El resultado es una pieza que, aunque grande con sus 49 x 51,5 x 19 mm, resulta airosa y muy atractiva. Deja además a la vista el calibre, un movimiento de 247 componentes creado por Girard-Perregaux e invertido para dejar a la vista el rotor y con una modificación para que accione el módulo indicador de prisma. Su volante se mueve con una frecuencia de 4 hercios y funciona durante 42 horas sin cargar.

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El HM8 Can-Am está construido en oro blanco y titanio u oro rojo y titanio. El frontal muestra la hora con el mismo sistema de prisma que ya conocíamos: las horas saltantes bidireccionales y el disco de arrastre de los minutos se muestran a través de dos prismas ópticos que reflectan y magnifican su imagen, de manera que se ven verticales. Un sistema tan ingenioso como atractivo.

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Por cierto: ¿Por qué el nombre de HM8? El anterior fue el HM6 Space Pirate que vimos en vídeo en esta entrada, y no hay un HM7. ¿O sí? Al parecer el desarrollo del 7 y el 8 comenzaron a la vez hace cuatro años, y ambos estaban listos para su lanzamiento. Pero este año es el 50 aniversario de las carreras Can-Am, así que era lógico lanzar este modelo. ¿Y por qué no se llamó HM7? Pues porque como tiene el rotor en hacha del HM3 y la forma del HM5… 5+3=8. El HM7 se lanzará el año que viene. Estas cositas que tienen los creadores.

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La parte trasera alberga la corona para la puesta en hora del reloj, mientras que el fondo, “los bajos”, como coloquialmente se dice en la jerga automovilística recuerdan a los depósitos de aceite. Por último, se ha dotado a la correa de un nuevo mecanismo pivotante para facilitar el ajuste de la correa de piel de aligátor -azul o marrón- a la muñeca, sobre la que se cierra con una hebilla plegable del mismo material de la caja.

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Los HM8 Can-Am no son modelos revolucionarios, pero sí una evolución muy atractiva de un modelo que de por sí era seductor. No son una serie limitada per se, pero el ritmo de producción y la demanda que siempre generan los relojes de MB&F harán que sea difícil hacerse con uno. A mí me parece el modelo más bonito que ha lanzado la casa hasta ahora. El precio para ambas versiones es de 78.000 francos suizos más los impuestos, aproximadamente 71.500 euros. Más información en MB&F.com.

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Vacheron Constantin Overseas Chronograph: modelos y precios

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Cronógrafos hay muchos; muchísimos. Incluso las marcas de los segmentos de precio más bajo de la relojería mecánica los tienen. Pero si lo que buscas es un cronógrafo que no pierda la elegancia de un reloj de vestir para poder llevarlo en cualquier circunstancia la lista se reduce drásticamente, y sin duda el nuevo Vacheron Constantin Overseas Chronograph ha de estar forzosamente en lo alto de la lista.

 

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Estas son algunas de las líneas de relojes de Vacheron Constantin: Patrimony, Traditionnelle, Malte, Quai de L’Ile, Historiques, Metiers d’Art. Todos los nombres evocan la relojería más tradicional, como corresponde a la casa relojera más antigua. Se diría que la colección Overseas, y más aún el Vacheron Constantin Overseas Chronograph, son el hijo rebelde de la familia, el que quiere desmarcarse de sus hermanos, tan “serios” ellos. Vamos a ver por qué.

UN POCO DE HISTORIA

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El Vacheron Constantin 222

En 1997 Vacheron Constantin celebraba su 222 aniversario y, como no hay industria más celebrante que la de la relojería suiza (al fin y al cabo se dedica a marcar el tiempo), la maison hizo lo que hacen las casas relojeras en estas situaciones: lanzar un reloj conmemorativo. El reloj se llamaba 222 y llamó la atención como si fuera el castillo de fuegos artificiales de la fiesta: un reloj potente, masculino, con una estética distinta a todo lo que había hecho la casa, con un bisel que parecía una rosca y la cruz de malta situada en una esquina para darla un perfil moderno y desafiante. Recordemos que en 1972 Audemars Piguet había lanzado el Royal Oak y en 1976 Patek Philippe hacía lo propio con su Nautilus, así que este lanzamiento tenía sentido. El 222 sin embargo no salió de la pluma de Gerald Genta, sino de Jorg Hysek. Curiosamente el 222 compartía calibre con sus dos competidores, el JLC 920 desarrollado por Jaeger-LeCoultre (que nunca hizo uso de él). El 222 se fabricó hasta 1985, pero sus genes fueron el origen del Overseas.

El primer Overseas, de 1996

El primer Overseas, de 1996

Y ese origen data de 1996, cuando VC presenta un modelo que sienta las bases de las posteriores ediciones: esfera azul marino limpia y de fácil lectura y bisel pulido con la forma de los brazos de la Cruz de Malta. El tres agujas se movía gracias al calibre 1310, derivado del 3100 de Girard-Perregaux. Una derivación de este calibre es el que lleva el renacido Laureato, que puedes ver aquí. La versión de cronógrafo apareció en 1999 con un calibre de Frédérique-Piguet.

Overseas Cronógrafo 2004

Overseas Cronógrafo 2004

En 2004 aparece un Vacheron Constantin Chronograph con una tamaño inusual para la casa: 42,5 mm. Lo que ahora nos parece una medida normal entonces hizo correr mucha tinta por lo atrevido del cambio, y porque la esfera pasó a tener un guilloché estampado y una gran fecha a las 12. El brazalete también incorporó un cambio importante que ha permanecido hasta ahora: los eslabones tienen la forma de la parte superior de la Cruz de Malta, mucho más elegante. También hubo, por supuesto, una versión tres agujas y fecha y una versión para mujer, y los calibres seguían siendo fabricado por otras marcas. Hasta que llegó 2016.

OVERSEAS 2016

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Para celebrar el vigésimo aniversario del Overseas Vacheron Constantin ha lanzado nuevos modelos en los que destaca, por encima de todo, sus nuevos calibres de manufactura y la certificación del Punzón de Ginebra. VC ya había declarado su deseo de que todos sus relojes tuvieran movimientos hechos en casa (y el sello distintivo de Ginebra), y en este sentido el Overseas le estaba poniendo falta a la maison. Como toda festividad que se precie la celebración ha sido a lo grande: se han lanzado cinco Overseas con 37 mm de diámetro, 4 versiones de tres agujas y fecha, un ultraplano de sólo horas y minutos, tres -preciosos- Horas Mundo, un calendario perpetuo y por último los que ocupan este artículo: tres Vacheron Constantin Overseas Chronograph.

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Vacheron ha decidido -con buen criterio- mantener el tamaño de la caja porque hoy en día no asusta a nadie. Bien al contrario, es ese tamaño el que lo hace parecer discreto porque cuando hablamos de cronógrafos estamos acostumbrados a unos diámetros que habitualmente se mueven entre los 43 y 45 mm. Tiene una altura de 13,7 mm, pero está tan bien hecho que en la muñeca parece más pequeño y, como se ve en las fotos, no tiene que pelearse con los puños de una camisa de vestir.

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La caja del Vacheron Constantin Overseas Chronograph sigue estando construida en tres secciones que en un futuro podrían servir para incorporar nuevos materiales, aunque no veo yo a VC haciendo una caja de fibra de carbono (es más, rogaría que no lo hiciera). Mantiene el contraste entre la carrura satinada y el bisel pulido a espejo que lo hace tan distinguido. La corona sigue estando roscada (tiene una hermeticidad de hasta 15 bares) y los pulsadores del cronógrafo tienen buen tamaño pero su altura no llega a la de la corona, por lo que aunque están roscados mantienen una presencia sólida pero no apabullante.

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Antes de hablar de la esfera vamos a ver un momento el calibre, por aquella está directamente influida por éste. Como ya he dicho el Vacheron Constantin Overseas Chronograph integra un movimiento completamente desarrollado por la manufactura, el llamado 5200. Es un motor automático con una frecuencia de 4 hercios y una reserva de marcha de 52 horas; mi única pega, por cierto: un desarrollo nuevo debería haber incluido al menos 72 horas de reserva de marcha. Es un calibre perfectamente ejecutado y muy bonito de ver. Entre los puentes se puede apreciar la rueda de pilares con la Cruz de Malta central, mientras que la decoración del rotor de oro imita una Rosa de los Vientos. Además la triple decoración de la masa oscilante (graneado, liso y satinado) la hace aún más atractiva, compensando sobradamente la pérdida de visión del calibre completo.

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Como el calibre tiene 30,6 mm de diámetro su tamaño resulta perfecto para el de la caja, resultando en una esfera perfectamente equilibrada y con todos los elementos donde tienen que estar. Las tres subesferas están bien pegadas a los extremos del dial, lo mismo que ventana de fecha que queda bien arropada por los índices cuarto y quinto. Así el centro de la esfera queda despejado hasta el punto que un nombre tan largo como Vacheron Constantin, que compromete el equilibrio estético por su extensión, queda perfectamente ubicado. Y cabe incluso la Cruz de Malta y la ciudad de origen. A esa sensación de espacio contribuye, y no poco, que la cronométrica se haya implementado en el perfil exterior y vertical de la esfera, de manera que no sature la parte principal de la faz del reloj.

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El Vacheron Constantin Overseas Chronograph está disponible con tres colores de esfera: plateado, azul y marrón. Las tres acompañan la caja de de acero, pero la plateada la encontramos también en la versión de oro. Para esta tercera versión del reloj se ha recuperado una grafía de los numerales que usaba Vacheron y que sustituye a la que se veía en las subesferas de la versión anterior. En la versión marrón y azul los minutos se sitúan sobre una franja con satinado circular que interrumpe la decoración rayos de sol. Este efecto, unido al de las subesferas en bajorrelieve y guilloché circular, crea una imagen elegante y sumamente atractiva, con una lectura intachable de todos los datos. Vacheron ha añadido SuperLuminova tanto en índices como en manecillas principales, casi una obligación en un cronógrafo.

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Otra novedad importante del nuevo Vacheron Constantin Overseas Chronograph es la posibilidad de cambiar las correas y brazaletes con un solo clic. Cada vez queremos un reloj más personal, único, y la forma de conseguirlo -salvo que se tenga suficiente dinero como para encargar una versión exclusiva creada para uno mismo- es cambiando la correa. Es un negocio monumental al que pocas marcas de alta relojería se han enfrentado correctamente. Salvo Panerai (o Hublot), que lo entendió hace mucho y siempre que te enseña un reloj te saca una caja con diferentes tipos de correas, lo que al final puede redundar en unos cuantos cientos de euros más en la factura. Y no están las cosas como para despreciar nada.

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Pues bien, VC ha desarrollado un sistema muy sencillo que con una presión sobre la pestaña del brazalete o correa hace que se desprenda. Casi igual de sencillo es poner otra correa. Digo casi porque tiene su truquillo, pero una vez que lo aprendes es muy fácil. En la foto de aquí abajo se ven las correas que estaban expuestas en el SIHH 2016, pero sin duda Vacheron irá expandiendo la gama. ¿Se extenderá a otras gamas de la casa? No es fácil imaginarse un Patrimony con una correa de caucho, y además las cajas no están preparadas para ello; pero nunca se sabe.

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En cualquier caso el brazalete de acero sigue siendo fantástico, con los eslabones en forma de Cruz de Malta cuya parte frontal está cepillada mientras que la parte interior está pulida. Esto hace que cuando lo llevas puesto se produzca un contraste de luces que lo convierte en uno de los más distinguidos del mercado, y además es comodísimo de llevar.

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Por si acaso no ha quedado claro, lo repito: el reloj queda muy bien en la muñeca porque tiene un equilibrio perfecto entre deportividad y elegancia. A decir verdad no es un reloj deportivo sino más bien un “informal elegante”, porque no hay situación de la que no salga airoso.

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Los Vacheron Constantin Overseas Chronograph ya están llegando a las tiendas después de una larga espera y sus precios son acordes con los niveles de perfección de la casa. La versión en acero tiene un precio de 31.400 euros, mientras que la versión en oro rosa cuesta 53.200 euros. Recordemos que los relojes ostentan el sello Punzón de Ginebra, que examina todo el reloj y que tiene una lista de requerimientos que los sitúa muy por encima de la media. Más información sobre los relojes y el Punzón de Ginebra en VacheronConstantin.es.

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Nuevo A. Lange & Söhne RICHARD LANGE “Pour le Mérite”

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El nacimiento del nuevo A. Lange & Söhne RICHARD LANGE “Pour le Mérite” White Gold no puede ser más humilde: ayer, en la convención internacional de la marca en Dresde. Y sin embargo es un relojazo llamado ha disputar el trono de los relojes elegantes de tres agujas. Vamos a ver con qué argumentos, incluido el precio.

 

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Se diría que el marco del lanzamiento del A. Lange & Söhne RICHARD LANGE “Pour le Mérite” es un reflejo de dónde ubica la marca al reloj. Una convención de ventas es un algo puramente laboral, serio, y sin embargo mientras que comprar es muy sencillo vender es muy complicado, que es exactamente como es este reloj: mientras que el rostro es deliberadamente  sobrio todos los calibres “Pour le Mérite” integran un mecanismo de huso y cadena. Este sistema viene directamente de los cronómetros marinos, donde la exactitud era el único e irrenunciable requisito. Con el huso y cadena se consigue una entrega constante de la fuerza transmitida por el muelle real, porque el momento de inercia del volante se ajusta, mediante cuatro tornillos de oro, al par de fuerzas proviniente del cubo . De esta manera se consigue que el volante tenga un funcionamiento regular a lo largo de lo que dure la reserva de marcha (38 horas) y por tanto mejor cronometría.

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Todo ello en el sublime envoltorio al que A. Lange & Söhne nos tiene acostumbrados. El calibre manual L044.1 está decorado y ensamblado a mano con una platina de tres cuartos de alpaca, ajuste mediante cuello de cisne, puente del volante y de la cuarta rueda grabados a mano, lo mismo que la rueda de escape, además de tornillos azulados y nervaduras Glashütte. La frecuencia del volante es de 21.600 semioscilaciones a la hora. El conjunto del movimiento engloba 636 piezas, de las cuales 279 son los eslabones de la cadena.

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La caja de oro blanco del A. Lange & Söhne RICHARD LANGE “Pour le Mérite” tiene unas medidas perfectas: 40,5 mm de diámetro por 10,5 de altura. Dentro se aloja una esfera de plata maciza en negro con los numerales romanos pintados en blanco, señalados por manecillas de oro blanco rodiado. A las 6 se ubica la subesfera del pequeño segundero, con una manecilla cuyo contrapeso es de los más bonitos del mercado. Todo transmite un aire sobrio y elegantísimo, pero además Lange ha añadido las indicaciones del 15, 30, 45 y 60 minutos en rojo. Esto le da un ligerísimo aire deportivo que le sienta estupendamente y que permite al reloj enfrentarse a situaciones más informales sin titubeo alguno.

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El A. Lange & Söhne RICHARD LANGE “Pour le Mérite” es una edición limitada a 218 unidades. El numero no es aleatorio: corresponde al número de puntos de venta de la marca alrededor del mundo (si quieres saber más sobre la política de ventas de la marca, te recomiendo que leas mi entrevista con el CEO de la casa, Wilhelm Schmid, aquí). Viene a revivir un modelo que se había lanzado en 2009 en oro rosa y platino en una edición de 200 y 50 unidades por cada metal y que ya está agotada. Es por tanto una buena noticia porque, aunque ya existen los Saxonia como reloj de vestir de tres agujas (aquí los puedes ver en la versión con ventana de fase lunar), da gusto que haya un reloj sencillo en su anverso y extraordinariamente complejo en la ejecución del movimiento. El precio del reloj es de 81.300 euros, que es aproximadamente un 30% más barato de lo que costó la versión de oro rosa. Un signo de los tiempos, supongo. Más información en A.Lange&Söhne.com.

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En la muñeca: Chopard L.U.C XPS 1860. Modelos y precios

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Hace 20 años Chopard lanzó el primer reloj creado en su manufactura. Lo llamó L.U.C 1860 en honor al fundador de la casa, Louis-Ulysse Chopard, y al año de fundación, 1860. Ahora lanza los Chopard L.U.C XPS 1860 para celebrar el vigésimo aniversario de dicha manufactura, y lo hace en dos versiones: una estándar en acero y otra limitada en oro rosa.

 

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Los Chopard L.U.C XPS 1860 son miembros de la familia L.U.C, la gama más alta de Chopard. De hecho es la única gama en la que Chopard ofrece complicaciones, si exceptuamos la del cronógrafo o reserva de marcha habituales en la colección Classic Racing y de la que se puede ver un ejemplo aquí y aquíEn ese sentido podría haber seguido el camino de Montblanc, por ejemplo, que utiliza calibres base a los que luego añade sus propios módulos de complicaciones. Así podría ofrecerlas en su línea Classic o incluso en la Imperiale -de las que nunca oímos hablar y andan más bien mortecinas- a un precio más asequible. No es así. Chopard prefiere tener todas las complicaciones en relojes 100% manufactura  (si bien es cierto que hay un Imperiale de mujer con tourbillon), lo cual le honra.

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Antes de meternos a fondo con los relojes debo confesar que tengo debilidad con Chopard, hasta el punto que cuando sacan algún diseño que me parece errado -que los tiene- me enfado más de lo que debiera porque me siento más decepcionado que con otras marcas. Afortunadamente no es éste el caso porque estos Chopard L.U.C XPS 1860 me parecen una preciosidad. Se mueven en un mar proceloso porque los relojes más comprados son los tres agujas y los tres agujas y fecha, un segmento en el que la oferta es casi infinita y destacar no es sencillo. Es verdad que los dos relojes se mueven en el segmento alto de preci de los relojes de vestir, pero es que tienen méritos sobrados para hacerlo.

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Ambos tienen una caja de 40 mm, una medida perfecta para los relojes de vestir -aunque siempre hay puristas que consideran herética cualquier cosa por encima de los 38 mm-. Como su forma redonda es muy clásica el reloj parece en realidad más pequeño. Más aún, la primera vez que lo vi pregunté si era, curiosamente, de 38 mm. Ello no es sólo por la forma, sino también por su escasa altura: 7,20 mm, que está muy bien para un reloj automático (luego hablamos del calibre). Por cierto que las siglas XP significan que el reloj es extraplano y la S que tiene un pequeño segundero. Y sí, todo es relativo: 7,20 milímetros está lejos de los verdaderamente extraplanos que hay en el mercado, pero es una medida extraplana para lo que es usual en Chopard. Y en cualquier caso a mí me gustan los relojes con cierta presencia, y en ese sentido esta altura es perfecta.

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En la esfera ocurren más cosas de lo que uno tendría previsto en un reloj de vestir. Sin duda lo que más llama la atención son las manecillas; donde uno se espera unas agujas con forma delfín clásica nos encontramos con las tradicionales de Chopard (porque las utiliza en muchos modelos) con su parte inferior más ancha. Son absolutamente Art Déco, y siempre que las veo me acuerdo del edificio Chrysler de Nueva York. Es verdad que es normal verlas en relojes en los que tienen que luchar por su propia visibilidad en esferas muy ocupadas (por ejemplo aquí), pero al usarlas en estos relojes sencillos los dota de una personalidad sobresaliente y distinta; es decir, que es un acierto. Además están facetadas para mejorar la lectura.

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La decoración de la esfera de la versión en oro rosa del Chopard L.U.C XPS 1860 es más elaborada, y con buen sentido: hay preservar la exclusividad de quien paga un extra por el metal. Aunque en realidad esa singularidad se extiende a todo el reloj, porque la versión de oro ostenta el sello del Punzón de Ginebra, que como sabemos ya valora no sólo el movimiento, sino el reloj completo. Volviendo a la esfera, tanto la versión de acero como de oro tienen indices aplicados -cada uno en su metal- rodeados por una minutería de ferrocarril en la que los marcadores horarios han sido pintados con la misma forma de diamante que los índices; un detalle precioso que pasa desapercibido a primera vista, pero son detalles como esos los que distinguen grandes relojes de relojes buenos. En la versión de acero la esfera tiene un satinado plateado en rayos de sol que parte del logotipo, mientras que en la versión de oro rosa esos mismos rayos de sol lo conforman un delicado guilloché aplicado manualmente.

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El único pero que le pongo al reloj es, como siempre, el motivo del eterno debate: la ventana de fecha. ¿Es mejor una esfera sin fecha? Para muchos sí, para mí depende; yo no soy zelote en esto porque es verdad que la ventana de fecha se consulta mucho más de lo que se piensa, y hay muchos ejemplos de ventanas bien realizadas. Asumiendo que el Chopard L.U.C XPS 1860 se concibió para tener fecha, en este caso yo creo que se merecía algo más elaborado, aunque sólo fuera un borde biselado. Tal cual está no es que sea un crimen ni dejaría de comprarme el reloj por ese detalle, pero es verdad que interrumpe la estética del pequeño segundero, que es muy bonito en su sencillez, y a la del carril satinado sobre el que se asientan los índices. Pero como digo, es un debate eterno.

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Si damos la vuelta a los relojes nos encontramos con dos versiones del mismo calibre: el 96.03-L para la versión de acero y el 96.01-L en la versión de oro rosa. Una vez más, la diferencia viene por el Punzón de Ginebra, que obliga a un mayor nivel de acabados. Además el 96.01 añade regulador con cuello de cisne que no sólo es muy estético sino que al tener a la vista la raqueta resulta más sencillo el ajuste cuando sea necesario. Ambos calibres ostentan la certificación COSC de cronometría, y sobre todo ambos disfrutan de -y hacen disfrutar con- un precioso microrrotor en oro rosa, una delicia para los ojos. Los dos barriletes emparejados otorgan una autonomía de 65 horas de marcha, y el órgano regulador se mueve a 4 hercios.

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El resultado en la muñeca es fantástico. Atados a la muñeca con correas de aligátor y hebillas de ardillón en su correspondiente metal, estos Chopard L.U.C XPS 1860 son unos perfectos relojes de vestir que hacen lo que de ellos se espera: ser discretos pero dejando claro que en la muñeca hay un reloj. Y sin embargo en el momento en que nos fijemos en ellos van a hacer notar su personalidad y van a hacer saber que su dueño no “lleva reloj”, sino que lleva “un señor reloj”. La versión en oro rosa es una edición limitada a 100 unidades, mientras que la de acero es de colección estándar. Los precios son de 19.90 euros y de 8.290 euros respectivamente, y están disponibles en la boutique que tiene la casa en la calle Serrano de Madrid. Más información en Chopard.es.

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En la muñeca: Chronomètre Ferdinand Berthoud FB 1

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El lanzamiento de los dos modelos Chronomètre Ferdinand Berthoud FB 1 fue una de las sorpresas de 2015. Un nombre relacionado con la relojería de historia olvidada, dos relojes peculiares, casi extraños, pero a la vez muy atractivos y que venían de la mano de Karl-Friedrich Scheufele. Había que conocerlos más de cerca.

 

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En realidad los Chronomètre Ferdinand Berthoud FB 1 han seguido el mismo proceso de legitimación que cualquier otra marca. Cada vez que aparece una casa de relojes nueva, y ocurre con más frecuencia de lo que se piensa, una de las primeras tareas a cubrir es investigar el árbol genealógico. Normalmente son nombres que surgen de la nada tratando de hacerse un hueco en un mercado que en 2015 vendió 1.200 millones de unidades, de las cuales sólo 29,2 millones son suizos aunque -y esto es importante- ese exiguo 2,4% de las ventas suponen el 54% del valor total. En ese caso se analiza el reloj por lo que ofrece y ya está.

Pero cuando una marca surge reclamando para sí la herencia relojera de algún nombre del pasado es cuando el colmillo superior del sector se afila y comienza a rechinar contra el de abajo, no menos afilado. Y no me refiero a los que escribimos sobre relojes sino al aficionado a la relojería, un juez al que no se le escapa nada y ya muy baqueteado por las múltiples batallas habidas.

 

 

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Y es que ya conocemos muchas marcas que rebuscan en los libros de historia, encuentran un nombre en desuso, lo compran y lo utlizan para lanzar relojes que dicen ser herederos del saber hacer del pretérito personaje y que son simplemente  relojes para vender, en la mayoría de los casos con movimientos estándar tipo ETA o Sellita. O, peor aún, marcas que dicen tener movimientos de manufactura cuando en realidad no lo son (recordemos el triste caso de Bremont). Y no pasa sólo en la relojería suiza; recuerdo que en 2014 Roger W. Smith, el pupilo y heredero del conocimiento del gran George Daniels, escribió una carta pública denunciando esa misma suplantación de las personalidades relojeras históricas británicas por relojes que nada tenían que ver con el arte relojero de Las Islas.

¿Es lo mismo que ocurre con los Chronomètre Ferdinand Berthoud FB 1 y el personaje histórico que los inspira, Ferdinand Berthoud?

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Sólo con ver estos dos cronómetros originales del relojero suizo afincado en Francia sabemos que la respuesta es no, que con los Chronomètre Ferdinand Berthoud FB 1 estamos ante un esfuerzo honesto y fiel por devolver a la vida la forma particular de hacer relojes de Ferdinand Berthoud. No es de extrañar por tanto que se llevara el premio al mejor reloj en el SIAR 2016 (que se puede ver aquí). Por cierto que el primero de los dos  cronómetros que acabamos de ver se vendió por unos 62.000 dólares en una subasta en Estados Unidos, en 2010. El segundo lo fotografié en el Museo Patek Philippe cuando estuve en la manufactura (viaje que se puede ver aquí). A nada que comparemos los cronómetros de entonces con estos de ahora vamos a ver muchas similitudes.

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Los dos relojes comparten las mismas características técnicas, con una caja de 44 mm de diámetro y una altura de 13 mm, uno en oro gris -con una pieza de titanio entre las asas- y el otro en oro rosa, con esa misma pieza pero en cerámica negra. La carrura tiene forma octogonal, tan afín al mundo marino (recordemos las hechuras del Royal Oak de Audemars Piguet o el Nautilus de Patek, por ejemplo).

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A las tres se ubica una gran corona para facilitar su uso y que culmina en un medallón de oro rosa en la versión de oro gris o de cerámica en la versión de oro rosa. La corona está flanqueada por dos huecos a modo de ojos de buey rectangulares, con otros dos al lado inverso de la carrura.

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Los huecos no sólo aportan ligereza a la caja, también permiten mirar dentro del calibre. El movimiento manual FB-T.FC que  mueve los Chronomètre Ferdinand Berthoud FB 1 es, huelga decirlo, de manufactura, y con una propuesta realmente atractiva. Está certificado por el COSC y ha sido construido como los cronómetros marinos: dos placas unidas por columnas entre las que se alojan todos las piezas. Puedes ver los cronómetros de Thomas Mercer aquí para entender mejor los relojes de navegación.

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Las dos placas y sus columnas están pensadas para dar mayor estabilidad y robustez al calibre. Cuando es un cronómetro marino no es mayor problema porque no hay restricciones de espacio, pero cuando queremos meter todos los elementos que tiene este movimiento en una altura de 8 mm, entonces hace falta ser muy bueno. Porque el  FB-T.FC no es cualquier cosa: lleva un sistema de de huso y cadena -más cronómetro marino imposible- que no sólo es estéticamente bonito y técnicamente un desafío, sino que además proporciona fuerza constante para que no se resienta la amplitud del volante según se va descargando la reserva de marcha de 53 horas.

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Para completar la jugosa oferta, el movimiento añade un tourbillon de un minuto situado a las 6. No está mal que el primer movimiento de lanzas lleve ya un tourbillon, es una demostración del poderío creativo de la marca. Al fin y al cabo nacer bajo el paraguas de Chopard significa navegar con el más favorable de los vientos. El tourbillon acoge un escape de áncora suizo (hubiera sido increíble si hubiera de fiador) y un volante que se mueve a 3 hercios.

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Sin embargo, fiel al cronómetro original y en contra de lo que suele ser habitual, en el Chronomètre Ferdinand Berthoud FB 1 los segundos no los marca sobre el tourbillon, sino que tiene una manecilla central a la que le llega impulso mediante un juego de ruedas. La gran manecilla tipo regulador recuerda la importancia de los segundos en el mar, donde una desviación en el reloj supone que la nave se desvíe millas de su trayecto inicial. La parte central de la esfera (en rutenio o negra) se abre para dejar ver el mecanismo, creando uno de los efectos más llamativos del reloj. ¿Sabes lo que le quedaría genial al reloj? La complicación de segundos muertos, para subrayar aún más la importancia de esa información.

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Por encima de la apertura central aparece la subesfera de las horas y minutos, con unas manecillas muy parecidas a las del modelo original. Los numerales tiene el mismo tipo de letra que los demás textos que aparecen en la esfera, lo que es de agradecer, y la lectura es perfecta.

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El único pero que le pongo a la esfera viene precisamente de los textos. A la izquierda del tornillo azulado que hay a las 6 horas se lee “Chronometre”, mientras que a la derecha se incluye la villa y el país de origen. Es un texto demasiado largo que descompensa la simetría  del dial.

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Y el otro problema está en la reserva de marcha: se muestra gracias a un sistema original que no va sujeto mediante un diferencial conectado con el barrilete -como es habitual-, sino gracias a un cono que sube y baja con el giro del mismo. Un rubí se desliza por la superficie del cono y transmite su deslizamiento a un eje que a su vez mueve la manecilla de indicación de reserva.

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Pues bien, la reserva de marcha aparece en un semidisco a las 9 horas y está señalada por una manecilla de acero azulado que apunta a una escala marcada por los hitos 0, 1/4, 1/2, 3/4 y 1.  Además por fuera del semicírculo se ha grabado las palabras Haut (alto) y Bas (bajo), con unas líneas que señalan, respectivamente, al 1 y al 0. ¿De verdad hacía falta esa inscripción? No me imagino yo al afortunado poseedor mirando a  la flecha marcando el 0 y pensando “¿te quieres creer que no sé si ya no me queda reserva de marcha o por el contrario la tengo a tope?” Es otro ejemplo de la verborrea habitual de las esferas suizas. Afortunadamente la superficie del dial es muy limpia y hay mucho espacio entre los elementos, así que no queda mal.

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Los Chronomètre Ferdinand Berthoud FB 1 en la muñeca son realmente bonitos. Resplandecen cuando los miras y el movimiento te imanta, especialmente por lo elegante que es la manecilla del segundero. La esfera gris es más sobria y discreta que la negra de la versión de oro rosa, pero esta en absoluto sobrepasa los límites.

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No son sin duda relojes que vayan a pasar desapercibidos. Es más, seguro que van a iniciar más de una conversación. Y qué mayor halago para el poseedor de un reloj que le pregunten por la pieza que lleva. Pero si se quiere disfrutar de ellos íntimamente la altura de la caja permite llevarlo con camisas de vestir sin mayores agobios.

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Otro de los motivos por los que los Chronomètre Ferdinand Berthoud FB 1 pueden pasar desapercibidos es su exclusividad: se va a hacer una edición limitada a 18 piezas de la versión de titanio, mientras que de la de oro rosa tan solo se van a hacer 50 unidades. Quien pueda y se quiera darse el gustazo de tener una de estas piezas tendrá que afrontar un precio que ahonda en su singularidad: 220.000 euros. Más información en FerdinandBerthoud.com.

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