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Tissot en la exposición “Vistiendo el Tiempo” del Museo del Traje

Cartel oficial Tissot Museo del Traje

Tissot tuvo la amabilidad de invitarme a una exposición que se ha inaugurado en el Museo del Traje de Madrid llamada  “Vistiendo el Tiempo”. Si el Museo del Traje es de por sí una delicia -no muy conocida desafortunadamente-, el unirlo a Tissot para mostrar la evolución del vestir de la mano de la relojería es todo un acierto.

Estamos tan centrados en explicar los relojes como una realidad encapsulada en sí misma que a menudo no nos damos cuenta de que los guardatiempos, como cualquier otra cosa que nos ponemos encima -sea por necesidad o por placer- se mueven en paralelo a la sociedad en la que se crean. Es cierto que muchas veces hablamos de lo «atemporal» de éste o aquel reloj, y es también cierto que los diseños de muchas marcas permanecen casi inalterables durante décadas. Pero sólo casi: hoy nadie, ni las marcas más tradicionales y tradicionalistas lanzaría por ejemplo un reloj con calendario anual en una caja de 35 mm. O, por decirlo al contrario, nadie se sorprende de ver un tres agujas con un diámetro de 41 o más milímetros: sin salirnos de Tissot tenemos el T-Complications Chronometer, por cierto reciente y flamante vencedor en el Concurso Internacional de Cronometría.

Así por ejemplo en la segunda mitad del siglo XIX en que la burguesía prospera y la mujer es la que luce el poderío económico (porque el hombre básicamente se viste de negro, o de colores oscuros), la relojería acompaña ese gusto por la decoración, como vemos en el reloj para colgar o de pendiente y el de bolsillo.

En esa época el reloj sigue siendo exclusivamente femenino e íntimamente relacionado con la idea de joya, y lo siguiendo durante unos cuantos años. Así por ejemplo este reloj de 1915 con un calibre manual.

Sin embargo hubo un acontecimiento que cambió el devenir de los relojes de pulsera: la I Guerra Mundial hizo que muchos soldados se ataran el reloj de bolsillo a la muñeca para poder ver la hora sin apartar la vista del frente, una distracción que podía resultar literalmente fatal. Los soldados que volvían de la guerra eran el símbolo de la masculinidad y el reloj en la muñeca adquirió ese mismo atributo; el reloj de bolsillo estaba condenado a la desaparición. El reloj Banana de 1916 nació para ser llevado por el hombre, con una caja grande y forma curvada para adaptarse a la muñeca masculina.

La clara influencia Art Déco dio como resultado un reloj que hoy día sigue a la venta, aunque curiosamente es considerado ahora un reloj femenino. La efervescencia creativa tuvo un largo impulso que llegó hasta los años 30 y que se cortó abruptamente con el alza de los movimientos fascistas y, finalmente, la II Guerra Mundial.

La posguerra y los años 50 devuelven a la mujer al concepto joya, a la mujer contenida en su paréntesis de ropa preparando cenas y, básicamente, estando estupenda siempre. Los relojes de mujer vuelven a ser meramente decorativos, como pulseras, y los de hombre son simplemente sobrios y funcionales. Como el mío, feliz delante de un vestido de Balenciaga:

De ahí que la explosión de los Swinging 60’s y su extensión a los Groovy 70’s supongan una revolución creativa en la sociedad que tuvo su reflejo en el vestir y por supuesto también en los relojes de Tissot. Por ejemplo el reloj Carrousel, con sus biseles intercambiables.

El Sideral, un reloj fabricado con un bisel de acero, una caja de fibra de vidrio y correa sintética, apelando a la modernidad y la juventud.

O el Astrolon Idea 2001 creado en 1971 (3 años después de la aparición de la rompedora película de Stanley Kubrick 2001 A Space Odyssey). Fue el primer reloj mecánico del mundo cronstruido enteramente en materiales plásticos -excepto el espiral-, nada menos que 43 años antes de que Swatch lanzara el Sistem51 con las mismas premisas. El Idea 2001 fue -es- una genialidad que no triunfó porque fue demasiado adelantado a su tiempo.

La pieza que más me ha gustado de la exposición es de 1973, tiene un calibre manual y está creada por el diseñador finlandés Peka Piekäinen. Es sorprendente cómo un diseño de hace tantos años sigue siendo perfectamente actual (como todos los buenos diseños en realidad).

Tissot siguió como nadie las modas y en los 80 ofrece relojes que se salen de lo habitual para una generación en la que el sentido del triunfo personal y laboral transciende géneros. Como el Twotimer de 1986, un reloj unisex de acero y PVD que fue el primero en ofrecer 7 funciones activadas desde la corona.

Sigue también la experimentación con materiales, como ocurre con el Wood Watch (de madera) aparecido en 1989.

También tuvieron mucho éxito los Rock Watch, cuya caja estaba hecha de piedras obtenidas esencialmente de los Alpes, aunque más tarde se diversificaron las procedencias para aumentar las tonalidades disponibles. Los primeros modelos, como el de la foto, tenían manecillas rojas y amarillas como recuerdo de las marcas utilizadas en las sendas de montaña suizas.

En 1994 Tissot lanza el Tissot T-Touch, el primer reloj con funciones táctiles. En 2014 aparece el T-Touch Expert Solar, el primer reloj solar táctil, que mantiene a Tissot a la cabeza de la innovación en plena era digital. Esta es la versión de este año:

En definitiva la exposición «Vistiendo el Tiempo» es uno de esos acontecimientos que no te puedes perder porque se disfruta de verdad; y si se hace una visita de todo el museo mucho mejor. La entrada general es de 3 euros, pero la exposición temporal de Tissot, que durará hasta el 24 de enero, es gratuita. O sea que no hay excusa. Pasaré lista. Más información en Tissot.es

 

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