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Chaumet Dandy: el reloj que no sabías que querías

Si hablamos de altísima joyería uno de los primeros nombrados es Chaumet. Su lugar en el Olimpo de las creaciones de ensueño es indiscutible. No mucha gente es consciente, sin embargo, de que el joyero francés también tiene relojes. La mayoría son de mujer, pero hay también una colección de guardatiempos para hombre (que también gusta a las mujeres). Es el Chaumet Dandy.

UN POCO DE HISTORIA

Si en la relojería se aprecia casi por encima de todo por su historia, la verdad es que el Chaumet Dandy puede presumir de ancestros más que egregios, con un devenir de película.

En 1698 un esclavo encontró un diamante de 410 quilates (82 gramos) en la mina de Kollur, India. El esclavo escondió el diamante en una herida abierta que tenía en la pierna (así de crudo), pero de poco le sirvió porque un capitán inglés le mató para arrebatárselo y después venderlo a un comerciante indio. El gobernador de Madrás Thomas Pitt lo compró en 1701 pagando por él el equivalente 3,7 millones de euros actuales (2.956.970 libras esterlinas de la época) y lo redujo a un diamante con forma de cojín y 141 quilates (28,2 gramos). En 1717 el regente francés Felipe II, duque de Orléans, lo compró por casi 23,2 millones de euros actuales. El diamante se quedó entre las joyas de la corona francesa y adornó las coronas de Luis XV, Luis XVI y María Antonieta. De ahí que fuera -y es- conocido como «El Regente». En 1791 se le estimaba un valor de más de 65 millones de euros de 2016. Finalmente apareció en la empuñadura de la espada de Napoleón Bonaparte, ya emperador.

Quien lo engastó allí fue Marie-Étienne Nitot, el joyero de Napoleón reconocido en toda Europa. Él fue el fundador de la casa que acabaría dirigiendo Joseph Chaumet, otro joyero excepcional especialista en tiaras que cedió su nombre al negocio. En 1907 trasladó el taller y la tienda al número 12 de la famosa Place Vendôme, y allí siguen. Uno de los anuncios para la nueva localización fue éste:

 

2003, EL NACIMIENTO DEL DANDY

Chaumet siempre había hecho relojes, desde los tiempos de Napoleón (con calibres Breguet), pero siempre centrados en la vertiente de «reloj joya». Incluso su Class One, un reloj de buceo que fue el primer «diver joya», por así decir. No tenía por tanto un reloj para hombre, hasta que en 2003 alumbró un reloj que además resumía parte de la historia de la casa: la forma de la caja tenía las hechuras de El Regente, mientras que la esfera se adornaba con las  líneas verticales del anuncio que hemos visto arriba. Y además se movía con calibres automáticos, imprescindible si se le quería dar respetabilidad relojera.

Dandy original

El reloj originalmente tenía una medida de 36 mm de diámetro, la medida todavía considerada «canónica» para los relojes de vestir. Aunque esa medida mantiene todo el atractivo del modelo, resulta algo pequeño para estos tiempos, si bien es perfecto para aquellos que adoran las medidas pequeñas (porque su muñeca también lo es o simplemente porque sí, que en gustos es una razón perfectamente válida) o para mujeres, si bien estas cada vez les gusta más las medidas «de hombre». Después vendría el modelo Chaumet Dandy Large y el Extra Large. Pero no nos llamemos a engaño: estos «grande» y «extra grande» son medidas absolutamente conservadoras: 39 y 40 milímetros de diámetro respectivamente. Hoy vamos a ver dos modelos Large, que nos sirven para apreciar lo mucho bueno que tiene este reloj.

 

Todos los Chaumet Dandy Large comparten la misma construcción de la caja: el cojín de acero presenta superficies pulidas en las partes frontales y satinadas en el lateral, la clásica combinación de los relojes de vestir que juega con la luz, haciendo brillar más el reloj cuando lo miramos gracias a su efecto espejo. Es evidente que las zonas de espejo son más susceptibles de ajarse, como bien prueban los relojes que aparecen en este reportaje. Pero estas dos piezas son las que se usan para todo tipo de reportajes desde hace bastante tiempo y el trote que han sufrido no es comparable al uso normal que le daría un propietario de uno de ellos. Aún así no dejan de seducir en todo momento porque las hechuras de la caja y su conjugación con la esfera retienen siempre su personalidad. Otro detalle del modelo son los tornillos de las asas, que añade una singularidad más al conjunto. Lo mismo que la corona, terminada por un cabujón a juego con el color de la esfera.

También las esferas comparten los mismos elementos. Si nos centramos en la negra, es notable como siendo la más formal despide la misma viveza que cualquier otro color. El problema de las esferas negras es que por su propia esencia el color tiende a hacerlas demasiado planas, por lo que queda de la mano de los demás elementos el darle vida. En este caso Chaumet acierta de pleno, porque el dial tiene varios vectores de atención. En primer lugar el ya mencionado patrón de rayas. Cuatro canales rayados y descentrados, cada uno de un ancho diferente y no a la misma distancia unos de otros. Esto fija la vista de quien lo mira, porque su cerebro quiere descifrar el patrón. Además el desnivel del grabado de los rayas es notable, lo que crea sensación de profundidad en la superficie.

El pequeño segundero, al ubicarse sobre el rayado de la esfera, necesita de manera obligada un perfil que lo separe, y hacer dicho borde también de acero pulido añade más texturas a la esfera. Y además tiene un guilloché circular, para mayor contraste.

En estos dos Chaumet Dandy Large también hay un hueco para la fecha, que se presenta en forma de doble ventana. Fiel a su espíritu Art Deco la ventana tiene una forma trapezoidal muy de la época y que además deja espacio suficiente para los numerales se puedan leer cómodamente. Las fechas son siempre problemáticas porque tienen a romper la estética del dial, pero esta está bien resuelta y su perfil también de acero pulido le dota de carácter suficiente para reivindicarse delante de sus compañeros de esfera.

Otro de los componentes con mucha personalidad son los numerales. Sólo hay cinco, pero se bastan para enamorar. Su grafía una vez más Art Deco es virtualmente única y muy, muy atractiva. Los numerales están pulidos a espejo, lo mismo que los índices que los acompañan, y están rodeados por una minutería de ferrocarril con dobles rieles para marcar cada hora. Al contrario que las manecillas de bastón, ni numerales ni índices son luminiscentes. La única lectura nocturna viene de la exiguo material luminiscente de las dos manecillas.

Por su parte la versión color castaño ofrece un sabor distinto. La gama de marrones en el dial, el pardo distinto del pequeño segundero y su manecilla azul y la correa también marrón con pespuntes azules apuntan a un reloj mucho más informal, aunque pueda asociarse con un traje sin ningún remordimiento. La forma en que la esfera refleja la luz crea un juego de tonalidades muy atractiva que te hace mover la muñeca cada vez que miras la hora, sólo por el gusto de ver la gradación cromática.

Ambos relojes llevan en su interior el calibre CP12V-VII, que es un movimiento desarrollado por Dubois Depraz para Chaumet. Es por tanto un movimiento de calidad, con garantía de que va a funcionar perfectamente durante muchos años. Si sirve de ejemplo, el Chaumet original que aparece en el artículo es el de mi mujer, y lleva funcionado 10 años sin ningún problema y sin tener que pasar una revisión. El calibre se mueve a 28.800 alternancias/hora y tiene 42 horas de reserva de marcha, lo que para los relojes de hoy en día empieza a ser demasiado escasa reserva.

El movimiento sin embargo no es visible porque todos los Chaumet Dandy llevan un fondo cerrado en el que se repite el mismo patrón que en la esfera.

En la muñeca el reloj es una gozada. Tiene el tamaño justo para un reloj de vestir y una altura perfecta para mezclarse con cualquier tipo de camisa, aunque no vas a querer llevarlo con unos puños de gemelos porque te va a dar rabia que esté todo el rato tapado. Y cuanto más lo llevas más enamora.

Salvo la correa marrón -que por cierto es de cocodrilo, no de becerro, y el pespunte también es piel de caimán- las otras correas del Dandy y los brazaletes de acero repiten el patrón de la esfera, un buen detalle que le hace destacar de otros relojes. Se atan al pulso con una hebilla sencilla pero elegante.

Es en definitiva un reloj fantástico, motivo por sí mismo de empezar una conversación por su singularidad. Su limitada difusión hace quien lo lleva tenga muchas posibilidades de no encontrarse con uno igual, lo que añade distinción y excepcionalidad, cualidades siempre muy bienvenidas entre los que nos gusta la relojería. Eso sí, la exclusividad se paga: la versión en negro cuesta 5.090 Euros y la castaño 5.340 Euros, unos precios muy poco amables con el mercado, tal como está ahora. No me extrañaría que en el futuro bajara los precios como están haciendo otras casas Aún asi, ojalá tenga pronto más modelos que os pueda mostrar. Más información en chaumet.com.

 

 

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