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En la muñeca: TAG Heuer Connected

TAG Heuer ha presentado por fin el TAG Heuer Connected, la incursión de la marca en el mundo del smart watch con el que quiere ser no sólo único, sino indicar a las demás casas relojeras por dónde transitar en este nuevo y complicado mundo. Tuve la ocasión de estar jugueteando con él y os cuento mis impresiones.

En primer lugar quiero decir que en este artículo NO voy a hablar de las aplicaciones que trae el TAG Heuer Connected, salvo aquellas que son exclusivas del reloj. El aparato corre Android Wear, por lo que las aplicaciones van a ser aquellas que se encuentren disponibles para el sistema. Lo que sí es importante destacar es que todas van muy bien, o por lo menos todas las que estuve mirando. No hay tiempos de espera en la carga de las aplicaciones (una de las quejas de los usuarios del Apple Watch) y la transición entre pantallas es fluida y sencilla. La respuesta de la pantalla al deslizamiento del dedo es inmediata, sin esa sensación que a veces se tiene en otros relojes de que el gesto no ha funcionado y que hace que instintivamente vuelvas a deslizarlo y acabes pasando dos ventanas en vez de una. En esto se nota que tanto TAG como Google como sin duda Intel se han pensado  muy bien qué motor meterle al reloj para una experiencia fluida, ahora y en el futuro.

Las dimensiones del reloj son: diámetro de 46 mm, altura de 12,8 mm. Es un reloj grande, y lo parece aún más por su gran pantalla. Sin embargo al estar fabricado en titanio el reloj es extraordinariamente ligero: sólo 52 gramos.

Y desde luego no hay peligro de que el reloj no se pueda identificar porque es absolutamente TAG: mientras que la esfera del cronógrafo está claramente inspirada la del Carrera Calibre 1887 (que se puede ver aquí), la caja y el bisel son hijos directos del Carrera Heuer 01 que se presentó el año pasado:

El bisel hereda el escudo de la marca sobre las 12, mientras que donde aparece la palabra Tachymetre se incluye la leyenda plateada TAG HEUER CONNECTED (con la última palabra en cursiva). Tanto el nombre como los numerales y los índices están en relieve y satinados, ofreciendo un buen contraste y aún mejor lectura sobre un bisel tratado con carbono negro arenado y con un recubrimiento anti-huellas. Por último, la corona a las tres no es tal, sino un pulsador que se utiliza para salir de algunas funciones o para «despertar» el reloj cuando está en reposo.

La trasera, claro, no tiene mucho que decir. O no en el sentido tradicional de la relojería. Es sólo una tapa con con los sensores para la carga y el logo de TAG Heuer. A su lado aparece también el de Intel, y con mismo tamaño que el de la manufactura. En esto no se diferencia de lo que te sueles encontrar en los teclados de los portátiles que funcionan con Windows, donde es habitual la pegatina a todo color -con holograma incluido- del fabricante de procesadores de Santa Clara. No es un detalle pequeño porque los móviles y tabletas se mueven gracias a procesadores Qualcomm, nombre que sólo los iniciados en esas tecnologías conocen porque no aparece en ninguna parte (al menos visible) del teléfono. Intel es un recién llegado a los aparatos móviles, pero su nombre es un clásico en el mercado. Por tanto que aparezca en el fondo del reloj no es baladí: de manera inconsciente nos asocia el reloj con las computadoras, dándonos una idea de potencia y fiabilidad que distingue al TAG Heuer Connected de los demás smart watch del mercado.

El cristal, como en todo aparato que tiene que ver con la tecnología móvil, es fundamental. Lo que tocamos es un cristal de zafiro resistente a las rayaduras, que protege un panel LCD LTPS. TAG Heuer ha elegido un LCD Low Temperature Poly-Silicon (LTPS) porque ahora mismo son sin duda los mejores del mercado, pero sin embargo se ve penalizado por la resolución de la pantalla: 360×360 con 240 ppi. Hay que tener en cuenta que los Apple Watch -cuyas versiones de entrada valen 1.000 euros menos que el TAG Heuer Connected- tienen una pantalla Retina y la versión de 42 mm, que es la que compara con el TAG, tiene una resolución de 312 x 390 y 302 ppi. No es que la pantalla del THC se vea mal, pero se beneficiaría de una mejor resolución, especialmente si se quiere ser fiel a la experiencia TAG en la muñeca.

Para ser completamente objetivos hay que añadir que el reloj siempre se ve mejor en vivo que lo que pueda captar una cámara digital. Me refiero a que en las fotos que aparecen en este artículo el reloj no se ve tan bien como es en realidad. Pero también es verdad que no se ve igual que un reloj mecánico. Esto en sí no es un problema en cualquier smart watch porque las esferas son todas «inventadas», por así decir. Pero el THC reproduce esferas auténticas de TAG y es ahí donde las comparaciones empiezan, porque en este caso sí hay un referente que se puede cotejar. Por eso no me cabe duda de que en la siguientes versiones del TAG Heuer Connected la pantalla tendrá mejor resolución.

Vamos a verla tras el salto

LO QUE SE VE

En el Apple Watch la hora es lo menos importante de lo que ofrece el reloj. De hecho las pantallas horarias son tan aburridas que da hasta rabia que, habiendo cuidado todos los demás aspectos del reloj con el nivel de detalle que tradicionalmente ofrece Apple, las esferas horarias sean tan palmariamente sosas (salvo las del Apple Watch Hermès que se puede ver aquí). A ese respecto Samsung y su Gear 2 está mucho más avanzado, y quien se lleva la palma es sin duda el reloj de Huawei que, además de tener más variedad y elegancia en las distintas esferas, las que muestra están muy bien pensadas.

 

Pues bien, en el TAG Heuer Connected lo que importa de verdad es la hora, porque lo que está ofreciendo es la experiencia TAG con los añadidos de Android Wear. Así, existen tres esferas que corresponden a un Carrera tres agujas, un GMT y un cronógrafo.

Pulsando sobre el centro de la pantalla se abre un menú que te da acceso a las tres esferas, mientras que cuando ya la tenemos elegida volver a mantener pulsado sobre el centro nos permite elegir el color de la misma (negro -o clásico-, azul o blanco), y si es el GMT nos permite además fijar el segundo huso horario.

El reloj tiene una pantalla extra para las notificaciones, que aprovecha la configuración tricompax del cronógrafo para mostrar los datos seleccionados.

Pero hay otra pantalla, que está «escondida» entre las aplicaciones de Android Wear: un cronógrafo con contador de vueltas que TAG Heuer ha personalizado basándose en el antiguo Aquaracer Regatta.

El cristal táctil, como ya he dicho, responde perfectamente al los gestos de los dedos, y en el pecado lleva la penitencia: hay limpiarlo a menudo por la cantidad de huellas que se deja sobre él. Vamos a ver cómo funciona el cronógrafo:

 

Decía que lo importante del TAG Heuer Connected es lo que tiene de reloj, y eso se nota en un detalle más: la pantalla siempre marca la hora, incluso en situación de reposo. Cuando se a apaga la pantalla principal queda siempre una esfera indicando la hora. Esto es una enorme diferencia con el Apple Watch, que al entrar en reposo se apaga totalmente y parece una pulsera con una gran piedra negra sobre la muñeca. Además a menudo sólo queremos mirar la hora y lo que suele ocurrir con los smart watch es que para poder ver la hora tienes que «apartar» primero todas las notificaciones que llenan la pantalla. Esto no ocurre en el THC.

 

¿CÓMO QUEDA EN LA MUÑECA?

El reloj es incuestionablemente atractivo. Está muy bien terminado y tiene una presencia de calidad que se echa de menos en otros smart watch del mercado. El bisel numerado le da un aire muy deportivo y las distintas correas disponibles hacen que el reloj oscile entre lo rotundamente deportivo a una presencia algo menos informal. Al ser un aparato tan grande no es en absoluto el más universal de los relojes. De ahí que ya se hayan anunciado nuevas medidas más pequeñas, pensadas sobre todo para la mujer. Pero seguro que a más de uno le gustaría aprovecharse de un tamaño no tan desbocado como éste.

DE AQUÍ A LA ETERNIDAD

TAG Heuer dice que si al cabo de los dos años de uso, cuando se extingue la garantía del TAG Heuer Connected, el usuario se ha cansado del smart watch se puede deshacer de él pagando otros 1.400 euros y hacerse con un exclusivo Carrera diseñado específicamente para estos casos. Es decir, más o menos lo que cuesta el reloj mecánico. Eso lo que Jean-Claude Biver, Director General de TAG Heuer y alma mater del Connected, llama el estar «conectado con la eternidad», ya que aúna algo finito como son las computadoras móviles con la relojería tradicional, que traspasa la barrera del tiempo.

¿QUIÉN SE COMPRA UN TAG HEUER CONNECTED?

 

Jean-Claude Biver dijo en Baselworld 2016, donde se presentó oficialmente el reloj, que tenía pedidos de 80.000 unidades, que son 30.000 más de las que pensaba vender en principio. El mercado de los smart watch está en plena efervescencia, y a quien más y a quien menos le pica la curiosidad de probar uno.

Yo no creo que alguien que no sea aficionado a la relojería y quiera tener un reloj inteligente se compre un TAG Heuer Connected. 1.400 euros es demasiado dinero cuando se puede tener una experiencia incluso mejor (recordemos que el THC no tiene sensor de ritmo cardíaco) por, como decía, 1.000 euros menos. ¿Quién se lo compra entonces? Pues aquellos que son seguidores de la marca desde luego, pero también los que aman la relojería tradicional pero quieren poder tener la experiencia de reloj conectado fabricado por una verdadera casa relojera. Ya expuse en mi artículo sobre la evolución del mercado del smart watch (que puedes leer aquí) que la gente estaba interesada en relojes inteligentes fabricados por quien de verdad sabe de relojería. Conviene recordar este cuadro sobre búsquedas de relojes inteligentes por marca en 2014:

En efecto, era TAG Heuer de quien se esperaba un smart watch. Iba bien con su estilo deportivo y moderno, y la gente se fía de TAG Heuer. Así que si eres un urbanita aficionado a los dispositivos electrónicos y a la vez aprecias la relojería, es probable que te resulte más atractivo el TAG Heuer Connected que el Apple Watch, que resulta para algunos demasiado femenino e incluso pequeño. Aparte de que un Apple Watch sólo lo controla un iPhone, que es muy minoritario comparado con el número de teléfonos movidos por Android.

Jean-Claude Biver y su TAG Heuer Connected

Además Jean-Claude Biver ha llevado a cabo una labor de marketing muy inteligente, aunque a mi modo de ver engañosa: ha considerado el THC tan legítimo como un reloj mecánico, porque le ha dado toda la preferencia mediática y ha dicho que está unido a la eternidad por ese futuro reloj mecánico que servirá para reemplazar el actual. Así que nadie puede decirle a quien lleva uno de estos relojes la frase «eso no es un reloj auténtico», porque el propio director de la empresa ha dicho que sí lo es.  A mí me parece que eso no ayuda a la relojería tradicional sino que la perjudica, porque equipara un conjunto de circuitos electrónicos con un oficio que aún hoy sigue teniendo mucho de artesano. Todo con el objetivo de vender relojes por valor de 120 millones de euros. Que es, por supuesto, una cantidad más que respetable, pero no sé si suficiente para compensar el probable daño a la relojería tradicional.

Veremos dentro de dos años cuántos usuarios abandonan el THC para comprarse la versión mecánica, pero yo dudo que eso ocurra de manera masiva. Si has comprado el reloj y te ha resultado útil -y cada vez más gente muy aficionada a la relojería tradicional está dejando atrás sus relojes «normales» por los conectados- lo normal es que dentro de dos años te compres la siguiente versión, que sin duda será aún mejor. Si eres de los que nunca llevaba reloj y ahora te has puesto un smart watch es muy difícil que luego quieras ir a un tres agujas mecánico, porque vas a echar de menos todo lo que el conectado te ofrece. Es como conducir un coche con aire acondicionado: luego no quieres volver a uno sin él, aunque el motor sea una preciosidad.

Con esto no quiero sonar a talibán, «o reloj mecánico o a la hoguera de los malditos». No. Seguramente ambos relojes pueden convivir: el conectado durante la jornada laboral y el mecánico en los demás momentos. A mí personalmente no me hace ninguna falta, aunque es verdad que tener notificaciones en el reloj te libera de mirar el móvil. Pero aún así el tiempo es demasiado corto y hay demasiados relojes que disfrutar como para girar la muñeca y ver una pantalla digital, por bonito que sea el envoltorio que la rodea. Al mismo tiempo entiendo que para alguien sea su nueva herramienta imprescindible. Y lo que es indudable es el olfato comercial de Jean-Claude Biver, que ha conseguido que en el mundo sólo se hable de dos smart watch: el Apple Watch y su TAG Heuer Connected. Enhorabuena.

Más información en TAGHeuer.com.

 

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