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En la Manufactura Chopard

Los que seguís a Horas y Minutos sabéis que Chopard es una de mis debilidades y, en mi opinión, una de las mejores casas de relojería tanto técnicamente como en la relación calidad (altísima) y precio. Por eso la invitación para visitar la Manufactura Chopard fue una gran alegría, que no hizo sino aumentar nada más poner el pie en la puerta de su sede de Ginebra.

Vaya por delante que es imposible reproducir lo que se siente o lo que ves cuando haces una visita como la de la Manufactura Chopard, porque para el lector es una sucesión de fotos de relojeros inclinados sobre movimientos y una descripción de sobre labores relojeras que todas las grandes manufacturas llevan a cabo. Sin embargo el caso de Chopard es peculiar por varios motivos: la manufactura Chopard se creó en Fleurier y por tanto es de las pocas que siguen los dictados estéticos de esta localidad del cantón de Neuchâtel, además de certificar sus modelos más exclusivos según la exigente normativa de Qualité Fleurier; tiene separada la fabricación de sus calibres propios no certificados y además tiene una fabricación industrializada de joyas y relojes bajo un mismo techo. Voy a intentar describir cada una de estas distintas actividades.

UN POCO DE HISTORIA

Antes de comenzar con el relato de la visita vamos a situar brevemente a la empresa. Aunque fundada originariamente en 1860 por Louis-Ulysse Chopard en 1860, en 1963 Karl Scheufele adquiere la compañía. Karl Scheufele era el dueño de una compañía de su mismo nombre sita en Pforzheim y también especializada en relojes y joyas. En 1996 Karl-Friedrich Scheufele, co-presidente de Chopard, funda la Manufactura Chopard que será el origen de los movimientos L.U.C. Por cierto que sólo 19 años después vería también el nacimiento de la marca Ferdinand Berthoud, un deseo expreso del señor Scheufele nacido de su amor por la relojería (y cuyos relojes repasamos con fotos en vivo en este artículo). Un año después aparece el primer reloj con movimiento propio, el L.U.C 1860 equipado con el Calibre L.U.C 96.01. Su vigésimo aniversario se está celebrando con una reedición en oro y acero llamada L.U.C XPS 1860 que, como no podía ser de otro modo, repasamos con fotos exclusivas en esta entrada. El calibre original era automático, pero en vez de tener una masa oscilante tradicional presentaba un microrrotor que, me parece que ya lo he dicho en alguna ocasión, es seguramente el mejor del mundo. Fue su manera de decir al mundo que la Manufactura Chopard no iba de farol, sino que venía para ocupar un puesto de referencia en la alta relojería. Desde entonces ha desarrollado 11 calibres base y 85 variantes. Es cierto que el negocio de joyería de la casa permite dedicar fondos a la relojería que de otro modo seguramente obligaría a dejar de ser un negocio familiar independiente, pero un desarrollo relojero de tal magnitud deja patente un compromiso con la alta relojería que no nace de un capricho, sino de la devoción que los Scheufele sienten por este arte.

Karl Scheufele

Karl Friedrich Scheufele, actual presidente de Chopard

LA MANUFACTURA CHOPARD EN MEYRIN

Chopard se fundó en Sonvilier en 1860, en 1921 abrió una filial en La-Chaux-de-Fonds y en 1937 se trasladó la central a Ginebra. De ahí pasó a Meyrin (que está en las afueras de la ciudad) en 1974, donde los Scheufele planearon una fábrica con la misma planta que la que tenían en Pforzheim. Y digo fábrica porque es aquí donde se llevan a cabo las labores más industriales: se crean las cajas y las piezas no móviles necesarias para la construcción relojera (es decir, los brazaletes, las correas, el engastado y grabado) y todas las piezas base de la joyería y la alta joyería. Por tanto la planta baja de la Manufactura Chopard es completamente diferente a la imagen que se tiene de una casa relojera, que en cualquier caso no deja de ser una imagen distorsionada: todas las casas relojeras tienen procesos industriales más o menos grandes porque si no sería imposible fabricar piezas a un precio razonable. Yo particularmente estoy a favor de la industrialización porque significa mejores piezas, mejores ensamblajes, mayor precisión, mejor servicio postventa y mejores precios.

Chopard no permite hacer fotografías de esta parte de la manufactura (no sé muy bien por qué) pero básicamente se puede describir como una enorme sala llena de máquinas numéricas -con tamaños que varían desde una alacena a un camión con remolque- donde llegan los cilindros de metal en bruto que van entrando en máquinas de control numérico para ir creando desde cajas de relojes a un anillo con minúsculas inserciones en el metal en las que luego irán engastadas piezas. Una caja de reloj lleva no menos de 15 estampaciones.

Hay otra sala donde se lleva a cabo un proceso separado, distinto y distintivo: la forja de las cajas de oro de comercio justo (fairmined gold, en su acepción internacional). Chopard está asociada a la  Alliance for Responsible Mining desde 2014 (tal como contaba en este artículo) para producir tantos elementos de oro justo como sea posible. El proceso es así: las pepitas oro se funde en un horno para después crear lingotes. Los lingotes, tras ser enfriados y limpiados, se prensan 40 veces para conseguir un lingote más delgado que además hay que certificar. De ahí el lingote pasa al proceso normal utilizado para crear una caja.

Hay otro proceso muy importante que se realiza en las plantas superiores: el montaje de los calibres que han de lucir el Sello del Punzón de Ginebra, que exige para obtenerlo el ensamblaje de los relojes se haga en Ginebra. Chopard tiene unos 2.000 empleados en todo el mundo, de los cuales aproximadamente 800 están en Ginebra. El ensamblaje de los calibres L.U.C lo realizan no más de 15 personas, con 4.500 relojes «sellados» al año.

Nótese la importante herramienta de uno de los maestros relojeros: un Chupa-Chups :0)

EL MUSEO CHOPARD

En la planta de Meyrin también se aloja el Museo de Chopard, que es un recorrido por la historia de la marca, desde la época pre-Scheufele, pasando por los relojes Eszeha (la marca de la familia alemana antes de adquirir la compañía) y por supuesto los relojes de Chopard. Los relojes de mujer tienen una gran presencia en el museo por el fuerte peso que tenía sobre ellos la joyería. Allí están también los primeros Happy Diamonds, uno de los grandes éxitos de la casa. Viendo todos esos relojes te das cuenta del increíble fondo de armario que tiene la empresa; una fuente de inspiración casi inagotable.

El día nos deparaba otra sorpresa: acababan de llegar de la sesión de fotografía oficial los nuevos relojes L.U.C Traveler One y GMT One, y eramos las primeras personas del mundo -aparte de la gente de Chopard, claro- en verlos físicamente. Los Traveler One ya los presenté con fotos en vivo (las que tomé en la manufactura, lógicamente) en este artículo, y del GMT One hablaré la semana que viene cuando se presente oficialmente la versión en oro rosa. Por ahora sólo pongo una foto de la versión de acero.

L.U. C Traveler One en platino

L.U.C GMT One

LA MANUFACTURA CHOPARD EN FLEURIER

Vista de una parte de la villa de Fleurier desde la manufactura de Chopard

Fleurier es una preciosa villa del cantón de Neuchâtel, aunque eso no es decir mucho porque no hay lugar en Suiza -por lo menos los relacionados con la relojería- que no sea de postal; recordad por ejemplo la visita a la manufactura de Montblanc (aquí). Como dije en la página anterior es aquí donde Karl-Friedrich Scheufele comenzó su andadura como manufactura. El edificio, que es el más conocido de la marca por su significación, era en realidad del grupo Swatch. Karl-Friedrich comenzó alquilando una planta y poco a poco se fue haciendo con el resto; pero aún conserva la que era la puerta de acceso a la marca, con su timbre particular y todo. Un buen recordartorio de que las empresas tienen generalmente comienzos humildes que conviene no olvidar.

Una entrada sencilla, pero ¡a cuánta riqueza relojera da acceso!

El espejo en la entrada. Toda una declaración de intenciones

La puerta de acceso original

En Fleurier también está la manufactura de Fleurier Ebauches, que es la fábrica que Chopard puso en marcha para abastecerse de calibres propios sin tener el mismo nivel de acabados que los L.U.C, pero sin duda lejos de los movimientos industrializados de ETA o Sellita. Además muchos de ellos tienen certificación COSC (por ejemplo éste). Para hacernos una idea de las dimensiones y las diferencias entre hacer movimientos L.U.C y los estándar, en la Manufactura Chopard de Fleurier trabajan 120 empleados que hacen 4.000 movimientos al año. En Fleurier Ebauches 40 empleados hacen 20.000 calibres anuales.

El edificio de Fleurier Ebauches, visto desde una ventana de la manufactura Chopard

La manufactura Chopard de Fleurier está integrada verticalmente, lo que significa que todo se hace en la fábrica (salvo los espirales en bruto, que proceden de Nivarox si no estoy equivocado). Incluso se se crean las herramientas necesarias para determinadas funciones, o se adaptan a las necesidades propias. Y como tal estructura vertical de fabricación  también tiene una parte industrializada, armada con maquinaria de control numérico encargada de conformar los calibres: las platinas, los puentes y todos los engranajes. Se parte de un bloque sólido de metal (latón y otras aleaciones) y las máquinas se encargan de cortar y abrir los huecos necesarios en los que encajarán los engranajes. Repito: la industrialización en la relojería es la responsable de que tengamos máquinas precisas a un coste razonable. Si lo que hacen las máquinas se tuviera que hacer a mano, sólo unos pocos elegidos tendrían reloj. Son tan precisas que Chopard trabaja con tolerancias de 1 a 2 micras. Por supuesto hay un control de calidad posterior, en el que a través de un microscopio se observa que la pieza coincida con su plano de diseño.

No es un microorganismo, sino una pieza siendo revisada

Una vez creadas las piezas comienza un proceso de refinamiento que consume montones de horas de personal especializado, y del que no vemos nada más que el resultado final y más llamativo en forma de decoración. El ejemplo más claro está en el rebajado de las piezas. Este es un proceso que se hace una a una, porque las piezas troqueladas en máquinas siempre tienen unas pequeñas «pestañas» que las mantienen unidas a la chapa de metal a partir de la cual han sido conformadas. Es obligatorio quitar esas rebabas pero sin distorsionar la pieza. Esto se hace con un microscopio binocular y usando un pequeño disco abrasivo y un bastón de madera o metal. Entre tres personas rebajan ¡800.000 piezas al año! Una a una. Es increíble verlas trabajar, con una paciencia y una delicadeza infinita. Esto incluye también los agujeros que deben recibir tornillos o clavijas: se limpian a mano para evitar que el exceso de material interfiera con el trabajo del calibre.

Trabajando en el rebaje. Se puede ver las piezas en las que está trabajando la operaria

Los componentes también se someten a un pulido mecánico-químico: se mezclan con piezas -de cerámica, cobre o latón- de diversa forma (esférica, triangular o cónica) y una solución jabonosa formada por ácido cítrico, talcos y jabón, y se introducen en un recipiente que vibra o gira. Esto provoca una fricción que, tras un tiempo estipulado, consigue limpiar, desoxidar y pulir los componentes.

Comienza después la decoración de las piezas. Afortunadamente los decoradores se ayudan de máquinas (aunque no todos, como ya veremos) pero eso no reduce su responsabilidad: es su pulso, su ritmo y su constancia el que hace que el pulido, las Côtes de Genève o el graneado circular sea siempre el mismo, sin defectos. Y recordemos que lo hacen durante horas. De ahí el ambiente de silencio que siempre reina en una manufactura, porque son labores que requieren la máxima concentración de los profesionales.

Biselado

Grabado de las Côtes de Genève

Graneado circular – Cinemagraph de Ann Street Studio

Pero hay un oficio que es puramente manual, y puramente local: el llamado Grabado Fleurisanne. La experta (en el caso de Chopard es una mujer), al contrario de lo habitual, va quitando con un buril material de la pieza para así crear las figuras. Es decir, el dibujo es lo que queda, no lo que se quita. Se tarda nada menos que de 3 a 5 semanas en terminar la decoración de un reloj, dependiendo de su complicación. La decoración mate que rodea los motivos se hace dando puntadas, una a una.

Una vez terminada la decoración, y tras pasar por el baño electrolítico, comienza el ensamblaje del todas las piezas del calibre. Se empieza por ajustar las «piedras», los rubíes sintéticos sobre los que se apoyan los engranajes y sobre los que se mueven. Cada rubí tiene una apertura central por la que entra el eje de la pieza que corresponda. Una vez ensambladas sus piezas se les añade el lubricante. En la foto de abajo se ve una bandeja típica de aceites, cada uno de un tipo dependiendo del tipo de pieza, y todos sintéticos para asegurar la durabilidad. El aceite se aplica con ese fino capilar que sostiene la técnico en la foto.

En paralelo se prepara el espiral, el muelle que va en el volante y que es la clave del buen funcionamiento cronométrico del reloj. Como he dicho antes el espiral se adquiere en bruto, pero en la Manufactura Chopard donde se corta a la medida y donde se ajusta en cada volante, aplicando la terminación necesaria (plana, Philips, Breguet). En mi visita esa labor la hacía una sola persona, una profesional que tenía a su cargo una aprendiz. Es, una vez más, una labor extraordinariamente delicada, exigente y a la postre fundamental.

Los calibres L.U.C llevan aproximadamente cuatro o cinco años de desarrollo desde su concepción hasta que entran en producción. Todos se desarrollan primero en computadoras y después se llevan a cabo prototipos que son estudiados y rehechos  hasta que se tiene el aprobado final. Esto es una constante ya sea para un calibre sencillo como para las altas complicaciones, que también se crean en Fleurier. El ensamblado y montaje de un tourbillon lleva aproximadamente una semana al maestro relojero que que se encarga de él. Por supuesto el control de calidad posterior a la fabricación es tan exigente como todo el proceso anterior.

Cinemagraph de Ann Street Studio

Una vez terminado el calibre se lleva a una cámara presurizada (para evitar la entrada de polvo) en la que se monta en la caja y se le añade la esfera y el cristal. Después pasa por las pruebas de funcionamiento, hermeticidad, amplitud… toda una batería de tests que certifican que el reloj sale de la manufactura cumpliendo los estándares de calidad de la casa.  Yo tuve la suerte de hacer una de las cosas que más me gustan y a la vez más me hacen sufrir: montar un calibre. Si no es fácil de por sí, cuando además tienes a un grupo de seis u ocho personas alrededor la cosa se complica mucho más.

¡Mira el tamaño de los tornillos!

 

EL L.U.CEUM

La manufactura esconde una sorpresa en su parte superior: un museo en que se conservan piezas valiosísimas que forman un recorrido por la historia de la medición del tiempo. El L.U.Ceum es, por supuesto, fruto de la pasión de Karl-Friedrich Scheufele. Estas son algunos de los muchos relojes que hay.

Una delicia para pasarse horas, pero nos esperaban en otro sitio especial para comer.

CHOPARD FORUM

El Chopard Forum es una preciosa casa sita en la parte de atrás de una iglesia y que pertenece a Karl-Friedrich Scheufele, quien se hospeda allí cuando va a Fleurier. De hecho el Chopard Forum se convierte en una selecta hospedería (con cuatro o cinco habitaciones) para invitados de la casa.

Una estatua en el jardín trasero del Chopard Forum. Todo apunta a la medida del tiempo

Allí nos esperaba una comida íntima con platos preparados con ingredientes locales. Tuvimos la suerte de que el propio Karl se nos unió a los postres y pudimos tener una interesante conversación sobre relojería, la industria y su situación y las perspectivas de futuro.

La mesa preparada en el Chopard Forum

Ensalada con setas de Fleurier, fruta de las pasión, gotas de crema de apio y vinagreta de miel

Tiramisú de frambuesa y frutos de Fleurier

Después de la comida nos esperaba el último estadio de nuestra visita que queda justo al lado:

FONDATION QUALITÉ FLEURIER

La Fundación Qualité Fleurier otorga una de las certificaciones más exigentes de toda la industria. Es el resultado del deseo de Karl-Friedrich Scheufele y Michel Parmigiani (posteriormente se uniría Pascal Raffy, director general de Bovet Fleurier) de crear un estándar de certificación de alta relojería. En 2004 se fundó, se ubicó en la planta superior del ayuntamiento de Fleurier (sin muchas alharacas, como queda constancia en la foto superior) y se establecieron los criterios que debían cumplir los relojes.

Los criterio son los siguientes:

Reloj completamente manufacturado en Suiza

Los materiales pueden venir de cualquier parte del mundo. Incluso el diseño o la concepción teórica del reloj. Pero todo el trabajo de producción, incluso la menor modificación del material debe ser hecho en Suiza. Esto es mucho más exigente que la nueva normativa Swiss Made, que sólo exige -a partir de enero de 2017- un 60% del reloj.

Trabajos decorativos

Sólo se pueden usar materiales preciosos o avanzados, y deben ser decorados de manera que se muestre un nivel experto en los trabajos que además añadan valor al reloj. Cada parte del reloj se escrutina bajo el microscopio para valorar su nivel de artesanía para garantizar la excelencia pero sin afectar la fiabilidad técnica.

Certificación COSC

El Instituto Oficial Suizo de Control Cronométrico es un organismo independiente dedicado a evaluar la precisión de los relojes de acuerdo con una serie de pruebas que incluyen cambios de temperatura y posición durante varios días. Examina cada movimiento de manera individual.

Los calibres bajo una fuente de calor

Test Chronofiable

Los test Chronofiable se llevan a cabo por un laboratorio independiente y certifican la resistencia del calibre, entre otros factores, a las sacudidas con un martillo-péndulo, al uso diario, el agua o el magnetismo. Cada modelo pasa por un ciclo de envejecimiento equivalente a un uso normal durante seis meses. Las pruebas están diseñadas para medir la resistencia de la tija a ser sacada y metida, así como la de los pulsadores a su uso intensivo.

Fleuritest

La quinta prueba es la que vimos en Fleurier, y es única. Consiste en una máquina con cajas en las que se introducen los relojes a probar. Esta máquina reproduce de manera tridimensional y en tiempo real situaciones de la vida diaria seguidas por períodos de calma. Todo ello para simular 24 horas de uso del reloj, después de las cuales el reloj debe mantener una exactitud de 0/+5 segundos porque si no es rechazado. Se ve mejor en este pequeño vídeo que hice:

La visita a la Fundación puso punto final a una visita a la Manufactura Chopard que, como era previsible, se te hace muy corta. Espero que este reportaje dé una mejor idea de la calidad, la valía técnica y la belleza que presentan los relojes Chopard. No me queda sino agradecer a Chopard su invitación y sobre todo a Helena Bermúdez de Castro, Directora de Comunicación España y Portugal en Chopard Ibérica, sus cuidados, su profesionalidad y, por encima de todo, su risa. Más información en Chopard.es.

Vista de la casa del Chopard Forum junto a la iglesia

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