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Vacheron Constantin Overseas Tourbillon en vivo: el lujo deportivo

Vacheron Constantin Tourbillon

Los llamados «relojes deportivos de lujo» componen un pequeño reino en el que cuesta mucho entrar como miembro de pleno derecho. Para algunos sólo hay dos miembros puros (el Royal Oak y el Nautilus), para otros hay que meter a Rolex -no por acabados sino por prestigio-. Otros dicen -y es verdad- que el Laureato de Girard-Perregaux apareció un año antes que el Nautilus. Y desde hace unos años el Piaget Polo S también pugna por abrirse hueco. Sea cual sea el criterio, el que desde luego tiene que estar es la familia Overseas en todas sus formas (que vimos aquí en vídeo), y más aún este Vacheron Constantin Overseas Tourbillon.

Cualquiera podría pensar que no hay mayor contrasentido que tener un reloj de perfil deportivo, de acero, con las manecillas de lápiz y los índices recubiertos de Super-LumiNova al lado de un tourbillon, una alta complicación meramente estética y delicada (de crear y de mantener). Pero es que esa es la esencia del lujo: poder llevar lo más sin que tenga que ser, en este caso, un reloj hecho de oro o platino. La idea no es que el reloj pase desapercibido, sino que quien esté a la altura de poder pagarlo y lo vea en la muñeca de alguien, entienda que su dueño pertenece a su club. Una conversación no verbal que provoca la empatía de las cuentas bancarias paralelas, por así decir.

Y eso que el reloj sí que puede esconderse cuando sea necesario, porque con un diámetro de 42,5 mm pero una altura de sólo 10,39 mm el reloj puede deslizarse por debajo de casi cualquier puño de camisa si es necesario. Pero qué pena esconder esa gran ventana del tourbillon, ¿verdad?

CALIBRE 2160

La primera vez que vimos este tourbillon fue en un Traditionelle Tourbillon de 2018. Lo forman 188 piezas que se alojan en sólo 5,65 mm de altura (y 31 de diámetro). Los puentes están decorados con las clásicas Côtes de Genève y permiten ver el tren de engranajes y las cabezas de los tornillos pulidas y los cantos biselados. Todo acabado a mano, por supuesto.

El volante se mueve a 2,5 hercios -18.000 alternancias por hora-, lo que hace que observar su desempeño sea un placer (por eso sería una pena llevarlo tapado por el puño de la camisa). Además el calibre de este Vacheron Constantin Overseas Torubillon tiene un rotor periférico de oro, lo que en la práctica se traduce en que nunca interrumpe la vista desde ningún lado, y además permite el paso de luz por la gran ventana del tourbillon. La reserva de marcha es de 80 horas, y por supuesto el reloj ostenta el Certificado del Punzón de Ginebra.

TORBELLINO DE BELLEZA

El tourbillon atrae la mirada aunque sólo quieras mirar la hora, porque es un dechado de técnica y belleza. A ello sin duda contribuye el resto de la esfera que, con su lacado azul, tan bonito, elegante y sobrio, hace que el torbellino brille aún más.

El puente central, apuntalado por un rubí sobre un chatón de oro pulido a mano, está pulido en negro, un trabajo que lleva del orden de 12 horas completar. Esa misma técnica se aplica a la Cruz de Malta que gira con el volante. Un derroche.

TRES FORMAS DE ATARLO, TRES ASPECTOS DISTINTOS

Como sus demás hermanos de acero, el Vacheron Constantin Overseas Tourbillon se entrega con un brazalete de acero con eslabones de forma de media Cruz de Malta, con bordes pulidos y partes centrales cepilladas. Sin tacha, como todo en la casa. Además se incluye una correa de aligátor y una de caucho, que si duda le da un toque definitivamente deportivo. Más bien de Club Deportivo, diría yo.

El reloj se encarga en las boutiques de la marca y tiene un precio de 112.000 euros. Lejos de los mortales, que sólo llegamos a él en nuestros sueños. Pero en esos sueños no nos parece nada raro el unir el acero deportivo con un tourbillon, ¿a que no? Más información en VacheronConstantin.es.

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