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Los Breguet Marine Chronographe 5527, en vídeo. Dos personalidades para un mismo reloj

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Breguet ha renovado la colección Marine para hacerla más moderna y atractiva, algo que sin duda ha conseguido. Especialmente exitosa ha sido la versión del Breguet Marine Chronographe 5527, y yo he podido tener en la muñeca dos de las cuatro declinaciones que tiene. Y, a pesar de compartir diseño y movimiento, transmiten sensaciones muy diferentes: una de titanio con brazalete y otra de oro rosa con correa de caucho.

La colección Marine tiene una razón de ser histórica. En 1815, Luis XVIII nombró a Abraham-Louis Breguet relojero de la Marina Real francesa. Sus cronómetros marinos acompañaron algunas de las grandes expediciones científicas y de exploración de su tiempo. La colección actual, presente desde los años noventa, recoge esa herencia, aunque lo hace con una estética deportiva que se aparta bastante de la imagen más clásica de la manufactura.

Cronómetro Marino Breguet Número 3196 de 1822 para la Marina Francesa

El Marine Chronographe 5527 apareció en su generación anterior en 2018. Ahora Breguet ha revisado su diseño, y los cambios son mucho más importantes de lo que podría parecer.

El primero es la reorganización de la esfera. Desaparece el contador de horas del cronógrafo, de modo que sólo quedan dos subesferas, situadas a las tres y a las nueve. La fecha pasa a las seis y los números romanos dejan paso a los arábigos de Breguet. El resultado es un conjunto más simétrico y mucho más limpio, sin distracciones, como corresponde a un cronógrafo.

Pero lo que realmente atrae la mirada es el nuevo guilloché Quai de l’Horloge, realizado a mano y presentado con motivo del 250 aniversario de la manufactura. Su dibujo evoca tanto las islas del Sena como el movimiento de las olas.

Las dos versiones mantienen una caja de 42,3 mm de diámetro y 13,9 mm de altura, con la carrure acanalada característica de Breguet y una resistencia al agua de 100 metros. Con la corona roscada, por cierto.

El titanio, con esfera gris degradada y brazalete del mismo material, es la interpretación más deportiva. El oro rosa, con esfera azul degradada y correa de caucho, ofrece un contraste especialmente atractivo entre el carácter noble del metal y la informalidad de la correa.

Un instrumento para moverse en el mar debe ser visible también por la noche, lo que supone un problema en un reloj con unos elementos tan clásica en la esfera. Breguet lo ha resuelto aplicando Super-LumiNova tanto en las manecillas como en los índices circulares y triangulares en la periferia de la esfera. No es la faceta más resaltable del reloj (tampoco lo busca), pero cumple su función.

En su interior encontramos el calibre automático 582QA, un cronógrafo flyback que permite poner a cero y reiniciar la medición con una sola pulsación.

A pesar de que, sorprendentemente, el calibre no incorpora ni rueda de pilares ni embrague vertical, lo cierto es que no se echan de menos. El tacto de los pulsadores es excelente, y tanto la puesta en marcha como la parada de la trotadora se producen con una suavidad excepcional.

El movimiento incorpora una espiral y un áncora invertida de silicio, funciona a 4 hercios y ofrece 48 horas de reserva de marcha. Su masa oscilante, visible a través del fondo de zafiro, está inspirada en el timón de un barco.

El Marine Chronographe 5527 de titanio con brazalete cuesta 32.800 euros. El de oro rosa con correa de caucho alcanza los 53.200 euros.

La renovación demuestra que no siempre hace falta cambiarlo todo para conseguir un reloj mejor resuelto. Breguet ha conservado la personalidad del Marine, pero ha conseguido que su diseño resulte más equilibrado y, sobre todo, que sus detalles se aprecien mucho mejor.

Otro éxito de la manufactura, que por fin está alcanzando el lugar que le corresponde dentro de la relojería. Que no es otro que el más alto.

Más información en Breguet.com.

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