Icono del sitio Horas y Minutos

Favre Leuba llega a España con 289 años de historia y mucho que contar

Favre Leuba inicia su expansión en España de la mano de Miguel Muñoz Joyeros con cinco colecciones que recuperan su pasado y un Chief Tourbillon Guilloché de 25 piezas como propuesta más ambiciosa.

Hay marcas cuyo nombre resulta familiar aunque haga tiempo que no veamos uno de sus relojes. Favre Leuba es una de ellas. Su historia comienza en 1737, pero lo que ahora nos interesa es cómo está utilizando ese pasado: relojes de proporciones contenidas, diseños recuperados de sus archivos y una colección que llega hasta el tourbillon. Tiene su sede actual en Grenchen y está dirigida por el gran Patrik Hoffmann, quien fuera CEO de Ulysse Nardin y uno de los grandes activos de la relojería suiza.

La propuesta tiene bastante donde elegir. Chief representa la vertiente deportiva de inspiración setentera; Deep Raider reúne los relojes de buceo; Sea Sky añade el cronógrafo a esa herencia acuática; Harpoon recupera la sencillez de los años sesenta, y 1737 se ocupa del calendario clásico. Vamos a poner un poco de orden, porque detrás de cada nombre hay una historia distinta.

Una historia que empieza en Le Locle

El 13 de marzo de 1737 aparece la primera mención oficial de Abraham Favre como relojero independiente en Le Locle. Ése es el punto de partida de la casa, que en 2026 cumple 289 años. Conviene precisar la fecha: su aprendizaje había comenzado antes y su nombramiento como maestro relojero de la localidad llegaría hacia 1749. Son etapas diferentes de una misma trayectoria.

En 1764, Abraham Favre colaboraba con Jacques-Frédéric Houriet, considerado uno de los padres de la cronometría suiza. La precisión, por tanto, formaba parte de las preocupaciones de la firma mucho antes de que aparecieran los relojes de pulsera. Con las siguientes generaciones, el negocio familiar amplió su alcance internacional.

Henry August Favre

Desde mediados del siglo XIX, sus relojes de bolsillo obtuvieron reconocimientos en exposiciones internacionales, entre ellas las celebradas en Nueva York, París y Berna.

Reloj de bolsillo de 1851

En 1865, según la cronología de la marca, Favre Leuba se convirtió en la primera casa relojera suiza en establecerse en el mercado indio. Esa presencia explica por qué su nombre ha mantenido allí una familiaridad que no siempre ha tenido en otros países.

El siguiente salto llega en 1955, con el calibre de manufactura FL101, utilizado en los Sea Chief, Sea King y Sea Raider. La casa desarrollaba movimientos propios y, al mismo tiempo, avanzaba hacia una de sus especialidades más reconocibles: el reloj que sirve como instrumento.

Una publicidad de novedades de 1956 aporta detalles de aquellos tres modelos. El 101 FL de 11½ líneas tenía 17 rubíes, segundero central directo, volante de Glucydur y dos días de reserva de marcha, además de protección frente al magnetismo y los golpes. El Sea Chief medía 32,5 mm; el Sea King, 30 mm, y el Sea Raider, 34 mm. Se ofrecían cajas de acero o chapadas en oro según el modelo, con soluciones como fondos roscados y, en el Sea Raider, cierre mediante junta tórica.

El anuncio todavía utilizaba la fecha «desde 1815», mientras que la documentación actual remonta los orígenes a 1737. Es un detalle interesante del archivo: la manera de presentar la antigüedad de la casa también ha evolucionado: 1815 era la fecha que la firma utilizaba para situar el nacimiento de Favre-Leuba como empresa con ambos apellidos, asociado a la alianza entre Henry-Auguste Favre y Auguste Leuba, mientras que 1737 es la primera mención conocida del relojero. Personalmente, hubiera preferido mantener 1815 como fecha de referencia porque es más auténtica, pero en estos días puede más el relato.

Del Bivouac a las profundidades del Deep Blue

En 1962 apareció el Bivouac, presentado como el primer reloj de pulsera mecánico con barómetro aneroide para medir la altitud. El dispositivo permite relacionar las variaciones de presión atmosférica con los cambios de altura. En una época sin instrumentos digitales de muñeca, esa función tenía una utilidad muy concreta para los alpinistas.

Su relación con la montaña quedó ligada a Junko Tabei, la primera mujer que alcanzó la cumbre del Everest, en 1975, y que llevó un Bivouac. Es un episodio que da contenido al discurso de exploración de Favre Leuba: hablamos de un reloj utilizado en una expedición histórica.

En 1964 llegó el Deep Blue, uno de los primeros relojes de buceo con hermeticidad hasta 200 metros. Su diseño es el origen de la actual colección Deep Raider. La esfera legible, el bisel graduado y la construcción pensada para el agua ayudan a entender la continuidad entre los modelos históricos y los actuales.

Otro capítulo relevante se abrió en 1969, cuando Favre Leuba y Jaeger-LeCoultre pasaron a ser marcas hermanas bajo el grupo SAPIC. La documentación de época incluida en la carpeta reúne ambos nombres en un catálogo de buceo con modelos como Bathy 50, Deep Blue, Sea Sky GMT y Memovox. Es un buen testimonio de la amplitud que había alcanzado el reloj deportivo mecánico en aquellos años.

Ese catálogo anunciaba el Bathy 50 con profundímetro de lectura directa hasta 50 metros, indicación de paradas de descompresión y hermeticidad de 100 metros. El Deep Blue automático con fecha y el Memovox con alarma alcanzaban los 200 metros. También figuraba un Sea Sky GMT, hermético a 200 metros, que reunía cronógrafo con contadores de 30 minutos y 12 horas, escala taquimétrica y aguja de 24 horas. Son prestaciones de aquellas referencias históricas, distintas de las fichas de los modelos actuales, pero susceptibles de volver a aparecer en cualquier momento.

El relanzamiento de 2024 y la nueva etapa

El punto de partida de la Favre Leuba actual fue su relanzamiento en Geneva Watch Days de 2024. La estrategia recuperó formas reconocibles del archivo y las trasladó a un catálogo contemporáneo. Así regresaron la caja de cojín de Chief, la herencia submarina del Deep Blue y el cronógrafo Sea Sky.

Favre Leuba Deep Raider Renaissance

En 2025 apareció el primer Chief Tourbillon, desarrollado con Jean-François Mojon. En 2026, la firma debutó en Watches and Wonders Geneva y amplió su oferta con Harpoon y 1737. Este mismo año obtuvo su primera nominación al Grand Prix d’Horlogerie de Genève, con el Chief Skeleton en la categoría Challenge. Una nominación, conviene recordar, no equivale a un premio.

El catálogo se articula así en cinco familias. Comparten referencias históricas, pero cada una responde a una manera diferente de entender el reloj.

Chief y la caja de cojín de los años setenta

La inspiración de Chief procede de la caja de cojín y del lenguaje de diseño de un Favre Leuba con calibre Valjoux 23 de los años setenta. Recuperada en 2024, esa silueta combina superficies curvas y planos que adquieren mucha presencia cuando la luz recorre la caja.

Las esferas también forman parte de su personalidad, con acabados de rayos de sol, cepillados y acanalados según la versión. La familia comprende Date, Chronograph, Skeleton y Tourbillon: desde la lectura cotidiana de la hora y la fecha hasta la arquitectura abierta y la gran complicación.

El Chief Chronograph conserva ese carácter deportivo en una esfera de dos contadores. El Skeleton propone una experiencia distinta: la mecánica pasa al primer plano y la lectura de la hora convive con la visión de puentes, ruedas y órganos en funcionamiento.

El Chief Date cuesta 2.775 euros, el Chief Chronograph comienza en 5.100 euros y el Skeleton 4.000 euros.

Deep Raider y las dos maneras de recuperar el Deep Blue

Deep Raider toma como referencia el Deep Blue de 1964. Su regreso en 2024 coincidió con el sexagésimo aniversario del original y se organizó en dos líneas: Revival y Renaissance. La primera conserva una apariencia más próxima al reloj histórico; la segunda utiliza esa herencia para construir una imagen más actual.

En el Revival destacan el bisel de buceo, los índices alargados y las agujas de lectura inmediata, con una presencia especialmente reconocible de la minutera. Es una forma directa de recuperar el atractivo del reloj herramienta de los años sesenta.

Su precio es de 2.600 euros.

Favre Leuba Deep Raider Revival

Renaissance amplía el registro estético. Incorpora desde esferas de color intenso hasta una versión de meteorito, además de ejecuciones con indicaciones adicionales. Dentro de la colección encontramos las versiones Date, Day Date y Power Reserve, es decir, con fecha, con día de la semana y fecha, o con indicación de reserva de marcha.

Favre Leuba Deep Raider Renaissance Day Date

La diferencia entre ambas líneas se entiende bien al verlas juntas: Revival permite reconocer el reloj de origen; Renaissance ofrece más libertad en la esfera y en la presentación de las funciones. Las dos mantienen el vínculo con el buceo que dio personalidad a la familia.

El precio del Day Date es de 2.100 euros.

El precio del Power Reserve es de 2.900 euros.

Sea Sky y la unión del buceo con el cronógrafo

Sea Sky recupera el espíritu del modelo de los años setenta, aunque la tradición de Favre Leuba en cronógrafos se remonta a 1925. Su planteamiento combina la funcionalidad de un reloj de buceo con la medición de intervalos propia del cronógrafo.

Las esferas presentan agujas de gran tamaño, los tres contadores y el bisel exterior graduado. La esfera tipo panda refuerza esa apariencia de instrumento. Es la opción de la casa para quien disfruta de una esfera con más información y de la estética de los cronógrafos deportivos de aquella época.

El precio del reloj es de 4.900 euros.

Harpoon Revival y el acierto de conservar los 36,8 mm

El Harpoon Revival mira al modelo de 1966 y conserva una de sus decisiones más interesantes: los 36,8 mm de diámetro. Presentado en Watches and Wonders Geneva 2026, recupera unas proporciones que hoy vuelven a resultar muy atractivas para quien busca un reloj discreto y fácil de llevar.

El primer Harpoon

La esfera evita complicaciones visuales. Encontramos tres agujas, fecha a las tres y unos índices que permiten reconocer enseguida su inspiración sesentera. El acabado de rayos de sol y la firma Harpoon completan un diseño que no necesita añadir elementos para tener personalidad.

En su interior trabaja el calibre automático FLD04, con 68 horas de reserva de marcha. Es una autonomía suficiente para dejarlo durante un fin de semana y recuperarlo todavía en marcha (siempre que se haya cargado adecuadamente antes, claro). Ahí está buena parte del interés de una reedición bien planteada: conservar el tamaño y el carácter del original con una mecánica adaptada al uso actual.

El precio es de 2.100 euros.

1737 Triple Calendar y el regreso a la relojería clásica

La colección 1737 toma su nombre del año de nacimiento de la casa y su inspiración de los calendarios de los años cincuenta. Aquí la referencia histórica cambia por completo: caja redonda, asas tradicionales y una esfera que organiza las indicaciones del calendario con un lenguaje mucho más clásico.

El triple calendario reúne día de la semana, fecha y mes. El modelo actual mantiene las dos ventanas superiores para día y mes, la fecha indicada mediante una aguja sobre la escala periférica y las fases de la luna a las seis, en este caso doble. Conviene distinguirlo de un calendario anual o perpetuo: la denominación triple calendario describe las indicaciones que ofrece, sin atribuirle la corrección automática de los meses de distinta duración.

Hay tres versiones de esfera: negra, plateada y azul. Todas con números romanos, agujas de tono cálido y correas de piel. El fondo transparente permite ver el movimiento automático y su rotor.

El resultado aporta al catálogo una alternativa de vestir y recupera una faceta de Favre Leuba que podría quedar eclipsada por sus relojes deportivos.

El precio es de 4.100 euros y, tal como era de esperar y me confirmó Patrik, este triple calendario es el inicio de una colección clásica con el nombre común de 1737.

Chief Tourbillon Guilloché y seis horas de trabajo para una esfera

El nuevo Chief Tourbillon Guilloché es la segunda edición del tourbillon que Favre Leuba estrenó en 2025. Conserva el calibre desarrollado con Jean-François Mojon y cambia la expresión de la esfera mediante un guilloché azul realizado a mano. La producción está limitada y numerada a 25 unidades para todo el mundo.

La caja es de acero, mantiene la forma de cojín de Chief y mide 41 mm de diámetro por 11,45 mm de grosor. Incorpora cristal de zafiro curvado con tratamiento antirreflejos, fondo de zafiro y hermeticidad de 10 ATM. Son dimensiones y prestaciones que permiten entenderlo también como un reloj de uso habitual, además de como una pieza de alta relojería.

La esfera presenta un motivo grain d’orge, o grano de cebada, que se extiende desde el centro. Se trabaja con un torno de rosetas de finales del siglo XIX y exige entre cinco y seis horas por esfera, como mínimo, según la marca. El artesano controla el proceso y cualquier error puede comprometer el trabajo realizado.

El interés del guilloché está en cómo responde a la luz. Los surcos alteran los reflejos y aportan profundidad al azul; la esfera cambia de aspecto con el ángulo de observación. Es un trabajo especialmente agradecido en un reloj que ya tiene un punto de atención muy potente a las seis.

Los índices aplicados están rodiados y pulidos, y llevan Super-LumiNova C1 X1 con emisión azul. Las agujas centrales también están rodiadas, combinan cepillado con una ranura arenada e incorporan el mismo material luminiscente. La pequeña aguja de segundos, situada sobre la jaula del tourbillon, es de acero azulado a la llama.

El calibre FL T01 desarrollado con Jean François Mojon

El movimiento es el FL T01 de cuerda manual, basado en el Chronode C502 y revisado para Favre Leuba por Jean-François Mojon. El relojero ha participado en creaciones para firmas como MB&F, Czapek y Hermès; aquí su trabajo se concentra en un tourbillon cuya arquitectura incorpora referencias al emblema de la casa.

El calibre tiene 23 rubíes, funciona a 21.600 alternancias por hora (3 Hercios) y ofrece aproximadamente 60 horas de reserva de marcha. La jaula, de 14,85 mm de diámetro, completa una rotación por minuto y deja una vista muy amplia del mecanismo.

El puente superior del tourbillon merece ser observado en detalle. Sus secciones enfrentadas evocan el reloj de arena del logotipo de Favre Leuba. Además de sujetar la jaula, sostiene el realce del pequeño segundero y sirve de soporte central a su aguja azulada. Son varias funciones concentradas en una pieza que exige precisión tanto en su construcción como en sus acabados.

La parte superior del puente presenta cepillado horizontal, paralelo al eje que une las tres y las nueve, mientras que el contorno con la escala de segundos incorpora un acabado perlado circular. En el reverso aparecen Côtes de Genève, tratamiento antracita, tornillos azulados y la rueda de trinquete grabada con el logotipo. También añade una decoración con un reloj de arena en relieve espiral sobre una textura satinada obtenida mediante grabado láser.

El reloj se entrega con brazalete integrado de acero, de doble eslabón, con elementos en H cepillados y centros pulidos, y cierre desplegable. El sistema de intercambio permite sustituirlo fácilmente por la correa de caucho FKM azul incluida, a juego con la esfera y con hebilla de la marca.

El estuche de madera incorpora esa segunda correa, un medallón y una lupa. El precio es de 30.000 euros.

Favre Leuba tiene material suficiente para interesar a públicos muy distintos. El Harpoon aporta un tamaño contenido y una lectura sencilla; Deep Raider y Sea Sky recuperan sus relojes de aventura, y Chief permite recorrer desde el reloj deportivo hasta el tourbillon artesanal. Y, de la mano de Miguel Muñoz Joyeros, tiene ante sí un futuro más que prometedor.

Más información en Favre Leuba y Miguel Muñoz Joyeros.

Salir de la versión móvil