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En vídeo: ¿Qué es un cronómetro y qué es un cronógrafo?

Qué es un cronómetro y qué es un cronógrafo

Una de las dudas más habituales que más me pregunta es qué es un cronómetro y qué es un cronógrafo. Para los que llevan mucho en esto de la relojería es algo más que sabido, pero en Horas y Minutos siempre he querido que la información sea útil para todos, no sólo para los que ya saben. Además se da la circunstancia de que es un problema que ocurre en español, no en inglés ni en francés, idiomas que distinguen perfectamente los dos términos.

El Diccionario de la Real Academia Española tampoco ayuda, porque las definiciones de uno y otro son confusas. El DRAE los define así:

 

Así que el diccionario no nos ayuda mucho. Si vamos al origen de las palabras vemos que cronómetro viene del griego μέτρον, que significa medida y χρόνος que significa  tiempo. Cronógrafo por su parte viene de χρόνος y de γραφοσ, que significa escritor. Así que si atendemos a la etimología cualquier reloj es un cronómetro, en tanto en cuanto son medidores de tiempo. Pero ¿por qué la palabra cronógrafo? Aquí es donde empezamos a dilucidar diferencias entre uno y otro.

En 1822 Nicolas Rieussec patentó un artilugio para medir los tiempos de los caballos en las carreras que hacía marcas en el papel. El aparato marcaba el incio de la carrera y después, según pasaban los caballos por la línea de meta se pulsaba y se marcaba con un punto sobre un papel. Era la forma más exacta al momento de medir los tiempos, y fue la Academia de Ciencias francesa la que lo homologó el producto y lo llamó cronógrafo. Mucho tiempo después Chopard se hizo con el nombre y lanzó toda una colección (una de sus más famosas) basada en la idea original de Rieussec (se puede ver aquí con fotos en vivo).

A partir de ese momento  los cronógrafos fueron evolucionando hasta llegar a lo que hoy conocemos. Los cronómetros nacen de la navegación marina, y como solución a uno de sus problemas más importantes: el cálculo de la longitud, cuyo desconocimiento hizo que se perdieran innumerables vidas. La solución la dio John Harrison, el carpintero que creó el primer cronómetro. Todo el desarrollo está contado aquí. Con el tiempo, los cronómetros pasaron de ser instrumentos marinos a relojes de bolsillo, y por último a relojes de pulsera. De siempre la relojería ha buscado la mayor precisión, porque ese es su origen. Durante años se celebraron en Suiza concursos de cronometría (ya hice referencia a ellos cuando hablé de uno de sus ganadores, Seiko). Además desde el siglo XIX había diversos laboratorios que evaluaban los relojes.

El COSC se fundó en 1973 para, junto con la Federación de la Industria Relojera de Suiza (FHS), absorber los laboratorios independientes de cronometría que se habían creado desde el siglo XIX. Es un laboratorio independiente con tres sedes (Bienne, Le Locle y Ginebra) con un sistema de pruebas estandarizado que somete a los movimientos a dichas pruebas durante 15 días. Es importante decir que el COSC certifica exclusivamente movimientos de horas, minutos y segundos, no cronógrafos.

¿QUÉ PRUEBAS SE REALIZAN?

Los relojes llegan al laboratorio y se encapsulan en una bandeja a temperatura constante durante 6 horas para que se estabilicen, y después se les somete a las siguientes pruebas durante 15 días:

Todos los controles los realizan máquinas para que no haya intervención humana, y se comparan con la hora de dos relojes atómicos independientes. Promediando las medidas diarias los relojes tienen que  cumplir las siguientes condiciones:

 

Quizá alguien piense que 6 segundos al día es algo inadmisible, pero sólo hay que dividirlos entre los 86.400 segundos que tiene un día para darnos cuenta de que en realidad la desviación supone un 0,007%. No muchas máquinas mecánicas que trabajan 24 horas al día durante 7 días a la semana que tienen que pasar una revisión no antes de 2 años pueden presumir de una proporción así.

Hay otros laboratorios para examinar la cronmetría fuera de Suiza. Los más conocidos son los de Wempe en Glashütte y Besançon en Francia. En Suiza sólo los que han pasado el examen del COSC pueden escribirlo en la esfera. Lo mismo ocurre fuera de Suiza, pero rara vez se ve «cronómetro» escrito en esferas no Suizas. Como me dijeron cuando visité la manufactura de Nomos, «estamos más preocupados por serlo que por decirlo». Pero hay que reconocer que la práctica suiza les supone una ventaja comercial sobre las demás.

¿Los que no pasan el examen son peores movimientos que los que sí? En absoluto. O no necesariamente. Hay muchas marcas que tienen su propios tests de cronometría y acabados. Otros no, pero sus calibres son tan buenos o más que los certificados. El ejemplo más prototípico es el de Seiko, en el que incluso los calibres más sencillos pueden alcanzar parámetros de cronómetros. Y hay muchas otras marcas que no certifican, pero que por ejemplo prueban sus movimientos en 6 posiciones, una más que las que exige el COSC. Una de ellas es Seiko, pero también Nomos o Glashütte Original.

Pero es que los humildes movimientos ETA, o los Sellita, a los que muchos aficionados miran por encima del hombro por ser muy comunes, tienes un comportamiento excelente, si no de cronómetro si muy cercano. Y aguantan todo lo que les echen encima. ¿Un reloj es un cronómetro para siempre? Pues tampoco, o no necesariamente. El uso diario puede llegar a causar que el reloj pierda esa exactitud, que recobrará cuando pase la revisión oficial. ¿Es mejor tener un reloj certificado? Pues es más apreciado y te está garantizando por escrito su comportamiento, lo cual te sirve de referencia. Pero eso no quiere decir que sea obligatorio.

 

 

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