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Omega Speedmaster Moonwatch “panda inverso”: una nueva forma de seducir

Cuando Omega introduce una novedad en el Speedmaster Moonwatch, conviene leerla siempre en clave de matiz. No es un reloj que admita golpes de timón bruscos sin poner en riesgo su propio mito. Por eso, los nuevos Speedmaster Moonwatch en blanco y negro (conocidos como “panda inverso” por los aficionados) no buscan reinventar nada, sino desplazar sutilmente el centro de gravedad estético del icono hacia un territorio más contemporáneo.

Y lo hacen con más inteligencia de la que parece a primera vista.

Una esfera construida, no simplemente coloreada

El atractivo inmediato está en la inversión cromática: esfera negra con subesferas blancas. Sin embargo, reducir este Speedmaster Moonwatch a un simple juego de contrastes sería injusto. Omega mantiene el step dial histórico, pero lo construye mediante una arquitectura de doble placa. La capa superior, negra, recibe un acabado pulido, barnizado y lacado que aporta profundidad y reflejo; la inferior, visible en los contadores, es blanca y sigue el mismo tratamiento.

La minutería principal se imprime en blanco sobre el fondo negro, mientras que las subesferas invierten la lógica. El resultado no solo es estéticamente más gráfico, sino también más legible, algo que encaja con la tradición instrumental del modelo.

El bisel: una decisión más significativa de lo que parece

Uno de los cambios más interesantes —y quizá menos evidentes a simple vista— está en el bisel. Omega sustituye el clásico inserto de aluminio negro por un bisel de cerámica negra con escala taquimétrica en esmalte blanco. Hasta ahora, este tipo de ejecución estaba prácticamente reservada a determinadas versiones en metales preciosos o configuraciones bicolor del catálogo Moonwatch.

Que este bisel llegue ahora a una referencia de acero no es casual. Supone una declaración clara: este Speedmaster no pretende recrear el pasado, sino asumir sin complejos una lectura moderna del cronógrafo lunar. Es, muy probablemente, una respuesta directa a aquellos coleccionistas que pedían un Moonwatch contemporáneo en materiales y acabados, sin tener que dar el salto al oro.

Caja, brazalete y proporciones: terreno conocido

No hay sorpresas en la arquitectura. La caja de 42 mm es la del Moonwatch actual, con proporciones ya bien conocidas y un equilibrio muy logrado en muñeca. El brazalete, con superficies pulidas y cepilladas, incorpora el sistema de microajuste rápido patentado por Omega, uno de esos detalles que marcan la diferencia en el uso cotidiano.

La colección se articula en dos versiones. La de acero inoxidable, con agujas e índices rodiados y Super-LumiNova blanca, es la más coherente con el espíritu del modelo. La de oro Moonshine de 18 quilates, con todos los elementos ejecutados en esta aleación (incluida la aguja central del cronógrafo en PVD), lleva el diseño a un terreno más claramente lujoso, quizá menos fiel al ADN original, pero perfectamente alineado con la estrategia actual de las casas relojeras, acostumbradas a ofrecer versiones de lujo de sus relojes deportivos.

Calibre 3861: una base incuestionable

En el interior, el calibre 3861 sigue siendo uno de los grandes argumentos del Speedmaster moderno. Cronógrafo manual, Co-Axial, certificado Master Chronometer, con altos estándares de precisión, resistencia antimagnética y cinco años de garantía, representa un equilibrio muy logrado entre tradición mecánica y exigencia contemporánea.

Precio y posicionamiento

Estos nuevos Omega Speedmaster “panda inverso”, con un precio de 10.200 euros para la versión en acero y de 48.600 euros para la referencia en Moonshine Gold, se sitúan claramente por encima del Moonwatch estándar en acero. La diferencia resulta especialmente significativa si se compara con otras referencias recientes del catálogo: el 310.30.42.50.04.001 de esfera blanca, uno de los grandes éxitos comerciales de Omega en 2024, se mantiene en 9.000 euros, mientras que el modelo base 310.30.42.50.01.002 parte de 8.900 euros. Por cierto que este modelo lo presenté en vídeo cuando salió.

El sobreprecio del “panda inverso” no se apoya en cambios mecánicos ni estructurales, sino en una ejecución estética más sofisticada —con especial peso del bisel cerámico con taquímetro en esmalte, hasta ahora inédito en una referencia de acero— y en una clara voluntad de ubicarar esta variante como una lectura más actual y exclusiva del Moonwatch.

Podemos decir, por tanto, que estos nuevos Omega Speedmaster no cambian la historia del Moonwatch, pero sí afinan su discurso. Demuestran que Omega sigue sabiendo cómo hacer evolucionar un icono sin traicionarlo, incluso aunque eso implique pedir al coleccionista un esfuerzo económico adicional.

La cuestión, como casi siempre en el universo Speedmaster, no es si el reloj está bien hecho —lo está—, sino si esta modernidad concreta justifica el salto de precio.

Más información en Omegawatches.com.

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