Seiko Prospex delgado

En la manufactura Ulysse Nardin. Tradición centenaria y tecnología punta

Visitamos la manufactura Ulysse Nardin, que ha sabido unir la tradición pura con la innovación y la tecnología punta para crear excelentes relojes

TALLER DE ESMALTES DONZÉ CADRANS

Muestras de esmalte

La otra gran fuente de orgullo relojero de la manufactura Ulysse Nardin es su taller de esmaltes Donzé Cadrans (cadran significa esfera en francés), donde se crean esferas con la misma técnica de hace 300 años.

Sin embargo Donzé Cadrans no tiene esa antigüedad, ni mucho menos. Fue fundada por Francis Donzé en 1972 tras salir de Zenith. Diez años después su hija Francine y su marido Michel Vermot se unieron a la compañía. Para cuando Donzé se retiró, en 1987, la empresa ya colaboraba con Ulysse Nardin. En 2012, con Vermot ya a punto de retirarse, Ulysse Nardin compró la compañía. Se aseguraba así la continuidad de este auténtico arte. Más aún: hoy en día Donzé Cadrans produce esferas esmaltadas para muchas otras compañías. No se puede decir qué compañías, pero sí que son todas de alta relojería y muchas de ellas a menudo presumen de su propia habilidad en este campo del esmalte. Como decía la canción de CC Music Factory, «Things that make you go Hmm…»

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Las esferas de esmalte Grand Feu han existido desde el siglo XVII, pero se abandonó desde principicios del XX por el metal lacado, ya que éste permite añadir distintos colores. Desde entonces ha quedado relegado a los relojes de alta gama. El esmalte procede del sílice, y Donzé Cadrans lo importa principalmente de Francia, Reino Unido y Estados Unidos. Las distintas variedades contienen distintos óxidos que aportan diferentes colores, usados sobre todo en los esmaltes transparentes. Sin embargo el esmalte blanco procede de la descomposición del arsénico.

El proceso comienza con un disco hecho de cobre; se elige este metal por su maleabilidad. El disco se calienta hasta los 950 grados, para relajar el metal. Después se le somete a un decapado para recuperar cierta tensión para que la pieza no pierda su solidez durante el largo proceso. A continuación se esparcen las primeras capas de esmalte tanto en el frontal como en la parte trasera.

La artesana golpea suavemente sobre el espolvoreador para distribuir el fino polvo de esmalte

Es imprescindible espolvorear la parte trasera porque cada nueva capa de esmalte que se aplica y se hornea añade tensión sobre el metal. Si no se hiciera el disco acabaría doblándose y finalmente se quebraría. A esto se le llama contre-email (contraesmalte). A continuación se meten los discos en el horno, a 800 grados. Dependiendo del grosor final buscado, se pueden añadir hasta 6 capas de esmalte, con su correspondiente horneado.

 

Una vez terminado el proceso de esmaltado se pueden aplicar sobre la esfera, cuyo color ya nunca cambiará, las distintas decoraciones necesarias. O bien, simplemente transferir los elementos horarios mediante un tampón de silicona. Éste se aplica de manera manual, por lo que es necesario calibrar muy bien la fuerza con la que se aplica. Hay que evitar que la tinta aplicada quede desigual, o demasiado escasa o demasiado abundante.

A continuación la esfera vuelve al horno. En este último horneado el reverso de la esfera vuelve a un estado de fusión, por lo que cuando se saca inmediatamente hay que estabilizarlo. Eso se consigue presionando la esfera con una barra de carbón. Si en este momento aparece alguna grieta que no se puede quitar, la esfera se rechaza. Solo esta operación ya supone una tasa de rechazo del 40%. Pero en conjunto el nivel de rechazo de las esferas «Gran Fuego» alcanza el 70%. Así de delicado es el trabajo.

Esmalte Guilloché y Flinqué

En Donzé Cadrans se llevan a cabo otras técnicas decorativas. En este tipo de arte se utilizan esmaltes transparentes u opalescentes, para remarcar los motivos utilizados. En este caso la placa base viene de los expertos decoradores, y es en Donzé Cadrans donde sus artesanos se encargan del esmaltado, el pulido y otros acabados requeridos.

Esmalte Cloisonné

Esta técnica es muy antigua. Se comenzó a usar durante el Imperio Bizantino y en Occidente desde el siglo IV. Consiste en crear compartimentos usando hilo de oro para después depositar esmalte. El hilo usado puede ser circular o rectangular. El que se utiliza en Donzé Cadrans tiene una sección de entre 5 y 6 centésimas, con una altura de 5 décimas. Sólo el doblado del hilo supone un trabajo de entre 8 y 15 horas, dependiendo del modelo.

Después del doblado se aplican los distintos esmaltes, a veces con pinceles de un solo pelo y ayudado por un microscopio. Una vez terminada la operación de esmaltado se pasa a la de pulido, que consume otra enorme cantidad de tiempo.

Esmalte Champlevé

Tras el Cloisonné, en el siglo XII se creó la técnica del Champlevé. Requiere la colaboración de dos artesanos: el grabador y esmaltador. El grabador crea huecos tridimensionales en los que el esmaltador deposita los esmaltes de diferentes colores. El efecto es aumentado por el grabador, que cincela todas las particiones del metal una vez que la esfera ha sido pulida.

Si la presión aplicada por el grabador es excesiva puede dañar el esmalte y por tanto hay que descartar todo el trabajo hecho y comenzar de nuevo.

Otra de las labores que se llevan a cabo en Donzé Cadrans es la de restauración, porque el taller es donde terminan muchos relojes antiguos que necesitan reparación. La razón es muy sencilla: Donzé Cadrans va a reponer una esfera utilizando la misma técnica que se usaba cuando se creó el reloj, porque lo que su valor no disminuye. Curiosamente el taller está en la Rue de l’Avenir, es decir, en la Calle del Futuro. No podía ser mejor localización porque recuperando las técnicas del pasado se ha garantizado un largo porvenir, afortunadamente para la relojería.

Polvos de esmalte

LE LOCLE

La manufactura Ulysse Nardin tiene su sede histórica en Le Locle, en el edificio que encabeza este artículo. Como ocurre siempre, lo que empezó siendo un pequeño edificio ha ido creciendo y ampliándose. En ella se encuentran el departamento de Administración, los talleres de ensamblaje de grandes complicaciones y el Servicio Técnico.  La verdad es que, entre los departamentos que no se pueden visitar por estar en «salas blancas» (de ambiente controlado para evitar polvo o variaciones de humedad) y que íbamos apremiados de tiempo, no tuvimos mucho tiempo para verlo.

Lo que sí vimos, sin embargo, es el coqueto y muy interesante museo de la manufactura, un excelente viaje a través del gran mundo de la relojería en general y de los aportes de la casa. No solo hay relojes antiguos, sino que también se hace un repaso por los relojes de la nueva era. En particular los relojes creados junto al maestro relojero Dr. Ludiwg Oechslin.

Fue un gran viaje y además muy deseado porque Ulysse Nardin está entre mis favoritas por todo lo que ha significado su empuje por modernizar la relojería. No quiero dejar de agradecer a Diarsa, distribuidor de la casa en España, su invitación. Y en especial a Layla Abujaber, su responsble de Comunicación y Marketing y una pedazo de profesional, que nos cuidó durante el viaje y se encargó de que fuera una experiencia maravillosa. Más información en UlysseNardin.com.

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