Blancpain Ladybird Colors: del refinamiento Nude Moka al esplendor Diamond Bloom
Alta relojería y alta joyería en la muñeca

Blancpain amplía en 2026 el universo estético de su colección Ladybird Colors con dos propuestas que refuerzan la dimensión joyera de la línea sin renunciar a la legitimidad mecánica de la manufactura. Por un lado, el nuevo Ladybird Colors Nude Moka introduce una tonalidad cálida y sofisticada inspirada en materiales nobles como el cuero, el cachemir o la lana virgen. Por otro, el espectacular Ladybird Colors Diamond Bloom lleva la colección a una nueva dimensión de alta joyería mediante un despliegue de diamantes y técnicas de engaste de gran complejidad.

La importancia de los relojes femeninos en Blancpain no puede entenderse sin la figura de Betty Fiechter, una auténtica pionera de la relojería suiza. Fiechter se incorporó a la manufactura en 1915 y se convirtió en 1933 en la primera mujer directora general y propietaria de una firma relojera suiza.

Fiechter defendió una visión entonces revolucionaria: que los relojes para mujer debían combinar legitimidad mecánica y refinamiento estético.

Bajo su dirección nacieron algunas de las creaciones femeninas más importantes de Blancpain, desde el Rolls de 1930 —considerado el primer reloj automático de pulsera para mujer— hasta el icónico Ladybird de 1956, equipado en su momento con el movimiento redondo más pequeño del mundo.

Esta atención histórica hacia la relojería femenina también explica por qué Blancpain ha otorgado siempre la misma importancia al contenido mecánico de sus relojes de mujer que al de sus modelos masculinos. Frente a una industria que durante décadas concibió muchos relojes femeninos como simples joyas con movimientos de cuarzo o calibres genéricos, la manufactura de Le Brassus defendió desde muy pronto la miniaturización de movimientos mecánicos de alta calidad como una auténtica disciplina relojera. Un ejemplo lo vimos en el vídeo de los nuevos Villeret.

De ahí que que las actuales referencias Ladybird Colors continúan equipando calibres automáticos de manufactura con complicaciones tradicionales como la fase lunar y generosas reservas de marcha. En ese sentido, piezas como los nuevos Nude Moka o Diamond Bloom no son únicamente ejercicios estéticos o joyeros, sino también verdaderos relojes de alta relojería concebidos con la misma legitimidad técnica que cualquier creación masculina de Blancpain.

El Blancpain Ladybird Colors Nude Moka conserva la elegante caja de 34,9 mm de diámetro en oro rojo y el característico lenguaje estético de la colección, articulado en torno a la esfera de madreperla. Blancpain explica que este tipo de nácar representa menos del 2 % del material utilizable extraído de cada concha, lo que convierte cada esfera en una pieza prácticamente única.

La nueva tonalidad moka se prolonga desde la correa de piel de aligátor irisada hasta los números romanos bicolor de la esfera, reforzando la armonía cromática del conjunto.

La colección se presenta en dos versiones: una con 70 diamantes organizados en círculos entrelazados y otra con engaste snow-setting en el centro de la esfera, incorporando 152 diamantes adicionales para crear una superficie continua de brillo.

Ambas están animadas por el calibre automático 1163L con 100 horas de reserva de marcha, fase lunar y pequeño segundero. Los precios son de 38.800 euros para la versión con hebilla ardillón, 40.800 euros con cierre desplegable y 49.700 euros para la variante snow-setting.

Más exclusiva aún es la propuesta Diamond Bloom, concebida prácticamente como una creación a medida. Disponible en oro blanco u oro rojo, cada reloj integra 919 diamantes engastados a mano (4,794 quilates en total) mediante la técnica snow-setting,

una de las más complejas de la alta joyería. La esfera vuelve a recurrir a la madreperla (nacre perlée en francés) y mantiene la emblemática fase lunar femenina de Blancpain, mientras que el calibre automático 1163L garantiza el contenido relojero de la pieza. El precio del Ladybird Colors Diamond Bloom asciende a 126.900 euros.

El arte del engaste «Snow Setting»
La técnica de snow-setting (literalmente, “engaste nieve”) es una de las formas de engaste más complejas y laboriosas de la alta joyería porque busca crear una superficie completamente cubierta de diamantes, sin apenas metal visible, pero conservando al mismo tiempo una sensación visual orgánica y aparentemente espontánea.
A diferencia de un pavé clásico (donde las piedras suelen colocarse siguiendo patrones geométricos relativamente regulares), el snow-setting utiliza diamantes de múltiples tamaños distribuidos de forma irregular. La dificultad reside precisamente en que esa aparente aleatoriedad está cuidadosamente calculada.

El engastador debe seleccionar cientos de diamantes con diámetros ligeramente distintos y encontrar manualmente la posición exacta de cada uno para que no queden espacios vacíos, apenas se vea metal entre las piedras, la superficie mantenga continuidad visual y la reflexión de la luz sea homogénea.
En un reloj como el Blancpain Ladybird Colors Diamond Bloom, con 919 diamantes y 4.794 quilates, el trabajo se vuelve especialmente complejo porque las superficies no son planas. El artesano debe adaptar el engaste a zonas curvas y tridimensionales: caja, bisel, esfera, asas e incluso la hebilla.

Además, cuanto menor es la superficie disponible, mayor es la dificultad técnica. En relojería esto es todavía más delicado que en joyería tradicional porque hay tolerancias mecánicas extremadamente precisas, la caja debe seguir siendo funcional y hermética, no puede comprometerse la integridad estructural y el engaste debe convivir con elementos móviles como corona, cristal o fondo.

Otro aspecto fundamental es que el snow-setting exige una enorme cantidad de metal eliminado durante el trabajo. El engastador perfora y talla múltiples alojamientos microscópicos individualizados para cada diamante, lo que requiere una precisión extraordinaria para no debilitar la pieza.
El resultado, cuando está bien ejecutado, produce un efecto muy característico: la luz parece deslizarse continuamente sobre la superficie, como el reflejo del sol sobre nieve fresca. De ahí el nombre de la técnica. Blancpain lo describe precisamente como “un brillo delicado y dinámico que cambia con la luz”.

Por eso el snow-setting suele reservarse para piezas de muy alta joyería y producciones extremadamente limitadas: requiere muchas horas de trabajo manual, artesanos altamente especializados y un porcentaje significativo de rechazo durante el proceso.

Hay más información en Blancpain.com.
