El terremoto Audemars Piguet x Swatch, en vídeo
Otro gran éxito para Swatch
El lanzamiento del Bioceramic Royal Pop, es decir, el Royal Oak de Swatch, que es como lo llama todo el mundo, ha vuelto a ser un terremoto de marketing y, desafortunadamente, de distribución también.

Ha hecho escribir y, sobre todo, hablar muchísimo antes del lanzamiento, así que el reloj se puede considerar un éxito antes de haber llegado a las tiendas. Es decir, una situación soñada por cualquier empresa comercial del mundo.

Pero ¿es de verdad un buen producto, es beneficioso para Audemars Piguet como es también para Swatch, será duradero o es una decepción en toda regla? Vamos a hablar un poco sobre ello.
En primer lugar, los hechos básicos para centrar bien el tiro:
Los Audemars Piguet x Swatch, Ap X Swatch Collab, Colección bioceramic Royal Pop o colección Royal Pop, que de las cuatro formas la llama Swatch, se compone de 8 relojes de bolsillo. Cada uno tiene un nombre que hace referencia a su color:

Orenji Hachi → japonés
Blaue Acht → alemán
Huit Blanc → francés
Ocho Negro → español
Lan Ba → mandarín
OTG Roz → romanche
Green Eight → inglés
Huit Blanc → francés
Otto Rosso → italiano
Seis de ellos son sólo de horas y minutos y tienen la corona a las 12 (lo que en relojería y en referencia a los relojes de bolsillo se llama lepine) y dos que tienen pequeño segundero y corona a las tres, o savonette. Todos vienen con un cordón de piel que se puede elegir entre tres medidas distintas y una caja que permite convertirlo en reloj de mesa.

Por supuesto, el que sean 8 modelos distintos hace referencia a los 8 lados del bisel del Royal Oak de Audemars Piguet y a sus 8 tornillos, pero además el 8 es el número de la suerte en las culturas asiáticas, un mercado que nadie puede obviar (no es de extrañar, por tanto, que Longines tenga un movimiento al que llama L 888).

Los relojes tienen una medida de 40 mm de diámetro y de 8,4 mm, lo que se asemeja mucho a las medidas del Royal Oak (41 mm de diámetro y casi 11 de altura).

Comparten el movimiento Sistem 51, pero en este caso es manual, no automático. En los relojes manuales es fundamental saber cuánta reserva de marcha le queda al reloj para que no se nos pare sin darnos cuenta. Pues bien, esta derivada del Sistem 51 tiene un barrilete que, cuando está a plena carga se ve en dorado y, cuando se va agotando se puede ver el muelle real.

Es una forma novedosa y estéticamente agradable de tener un indicador de reserva de marcha distinto y efectivo.

La reserva es de 90 horas, una cantidad nada desdeñable para un calibre que, como sabemos, está hecho de manera automatizada.
Por último, la espiral es de nivachrom, un desarrollo de Swatch con precisamente Audemars Piguet que es resistente a los cambios magnéticos y las fluctuaciones de temperatura.

En total, el calibre tiene 15 patentes activas. Nada mal para un calibre tan barato, ¿verdad?

Hay que señalar también que el reloj tiene sus dos cristales de zafiro, algo ciertamente inesperado, y que la decoración de la esfera, como no podía ser de otra forma, reproduce la “Petit Tapisserie” o pequeña tapicería. Además, índices y manecillas están tratados con Super-LumiNova.

¿POR QUÉ SURGE ESTE RELOJ?
En contra de lo que se pueda pensar, esta no fue una idea de Swatch, sino de AP. En concreto, del anterior Director general, François-Henry Bennahmias, que al parecer siempre fue muy fan del Moonswatch.
Lo que no se sabe es cuánta influencia tuvo él en el diseño final y cuánta su sustituta, Ilaria Resta (que llegó a la dirección de AP en enero de 2024). Lo digo porque una de sus afirmaciones fue que consideraba muy importante llegar a los jóvenes porque se estaba perdiendo el contacto con ellos y, particularmente, a las mujeres, que quiere que pasen del 20% actual al 45% en 2030. Sin duda un objetivo muy ambicioso.

Pero AP no podía lanzar simplemente “un Royal Oak de plástico”. Uno de los modelos más deseados e icónicos de la relojería no podía ser reproducido sin más, con la bendición de la propia marca. ¿Qué pensarían aquellos que han tenido que esperar mucho tiempo para conseguir su Royal Oak y seguramente también han tenido que comprar otros relojes de AP para ascender puestos en la lista de espera, si de repente le llega alguien y le dice “yo tengo mi Royal Oak en este color, que mira qué chulo es”? Y cuando le dijese “Sí, pero no es el de verdad”, podría responder: “Sí que lo es, lo pone en el nombre”.

Eso es algo que no cuadraría muy bien con la idea de exclusividad y de trato personal que siempre ha mimado AP.
Además, imagino que hay un problema técnico añadido: hacer un brazalete como el del Royal Oak y que quede bien y sea duradero debe ser extraordinariamente difícil. Aparte de que ese es otro de los elementos identitarios del Royal Oak y AP no se puede permitir devaluarlo.

Otro factor para tener en cuenta: para su desdicha, AP ha perdido los casos en los que había intentado proteger con copyright la forma octogonal del bisel y la tapicería de la esfera. Los tribunales han determinado que esos elementos por sí solos no hacen que la gente compre el Royal Oak. Que lo compran si van acompañados del nombre de la marca.
Eso significa que podríamos ver oleadas de relojes chinos con esos mismos atributos sin que AP pueda hacer nada al respecto. Por eso, este AP Swatch es una respuesta magistral: la gente va a querer el original de la casa, no imitaciones tristes que vienen a costar lo mismo y llegan a un mercado que tiene ya numerosos modelos con brazalete integrado.

Además, no quiero ni pensar cuánto se tendría que gastar AP en promoción para conseguir el nivel de atención que le proporciona la colaboración con Swatch.
UN RELOJ AUTÉNTICO
Cuando hice mi propia predicción sobre qué sería la colaboración, dije que la legitimidad histórica era uno de los activos más importantes de un reloj. Y esta colaboración la tiene.
Del lado de AP, hay que recordar que en 1980 se lanzó por primera vez un Royal Oak de bolsillo y, precisamente en 2026 y para celebrar su 150 aniversario, la manufactura ha lanzado un reloj de bolsillo ultracomplicado.

Así que no es en absoluto algo extraño en la casa.
Y fue en los años 80, en 1986 para ser exactos, cuando apareció el Swatch Pop, un reloj que se podía sujetar mediante un pin a la ropa o se le podía poner una correa de tela para llevarlo en la muñeca, o llevarlo como reloj de bolsillo.

Así que por ambas partes el reloj tiene todo el sentido.
Es también muy relojero que se haya usado un calibre manual. Lo de dar cuerda a un reloj es un placer para los que nos gusta la relojería. Lo más fácil, y lo más vendible, hubiera sido mantener el Sistem 51 automático, así que felicidades por ese detalle.
Ilaria Resta ha dicho que esto va a ser una colaboración única, lo que parece indicar que no va a haber 30 modelos como hay del Moonswatch. Eso añade exclusividad al producto, algo muy de AP y que van a agradecer aquellos que lo tengan.

Por último, AP va a dedicar el 100% de lo que reciba por la venta a la formación de nuevos relojeros. Algo que, una vez más, casa perfectamente con el pasado, el presente y el futuro de la manufactura.
¿Va a tener éxito?
A la vista del jaleo que se ha montado al salir a la venta, es obvio que sí. Una vez más, Swatch rompe el mercado con sus propuestas.

Además, la idea que proponen las dos marcas es que el reloj se lleve de maneras distintas a como se lleva un reloj normal, en la muñeca. Eso casa muy bien con la idea de atraer gente, sobre todo joven, que no lleva reloj. Si lo llevas como accesorio, estás consiguiendo: primero que se venda, y segundo que la gente se acostumbre a tenerlo cerca, de manera que en el futuro no le parezca descabellado llevarlo siempre, no sólo cuando lleve el bolso o se monte en el coche.

Sin duda es un producto unisex, pero la forma de usarlo cuadra más con el gusto femenino que con el masculino, que es lo que busca Audemars Piguet.

Cierto es que AP no necesita vender más porque lo tiene ya vendido para años, y que alguien de el salto de un reloj de 400 euros a uno que empieza en 30.000 raya en el acto de fe.

Pero no voy a ser yo el que le diga a una casa que lleva 150 años en el culmen de la relojería.
Ya veremos.
Los precios son de 385 euros para los modelos lepine y 400 euros para los savonnette.

¿Hay algo que no me gusta?
Sin duda: la forma en que se vende. Todos hemos visto las peleas en la entrada de las tiendas, provocadas sin duda por los que buscan el reloj para revenderlo y, en España, por alguna u otra influencer descerebrada.
No ha pasado nada, pero imagínate que pasa algo, que algún herido (por no pensar en algo más grave). ¿Qué pasaría entonces? La ola de negatividad sería brutal y perjudicaría terriblemente a las dos marcas.

Por eso, yo creo que Swatch debería pensar en otra forma de asignar los relojes: sorteos o algo así.
Dicho lo cual: no hemos visto ningún incidente en Asia. A lo mejor nosotros, que presumimos de occidentalidad, deberíamos revisar nuestra educación.

Y me gustaría acabar diciendo otra cosa: en el Gran Premio de la Relojería de Ginebra hay un premio para los relojes por debajo de 4.000 euros. Pues que alguien me diga si este Royal Pop no el candidato ideal.
Hay más información en Swatch.com.
