En la manufactura Patek Philippe

¡Un viaje soñado!

VISITA A LA MANUFACTURA PATEK PHILIPPE EN PLAN LES OUATES

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Yo no sé si está hecho así adrede, pero el minibús que nos llevó hasta la manufactura Patek Philippe fue recorriendo la calle paralela al edificio (ahora casi tapado por las obras de las nuevas infraestructuras), entró en el recinto y aparcó de tal manera que al bajarte te quedabas salía cara a la calle, de manera que te das la vuelta… y ¡bum! allí está: regia, majestuosa, serena. La entrada a la sede de Plan Les Ouates, con una escultura a la entrada que es un espiral gigante. En el vestíbulo interior una de las paredes es un altísimo homenaje a la esencia de la relojería, y por tanto de la casa: el calibre.

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Después de enfundarnos las preceptivas batas nos dirigimos a uno de los edificios laterales, donde está la producción más, digamos, metalúrgica. Todas las partes que componen un reloj deben ser fabricadas partiendo de metales en bruto, y para ello donde antes se hacía todo a mano ahora se utilizan máquinas numéricas (aunque no en todas partes, como ya veremos).

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Pero sí quiero señalar la gran presencia femenina. Siempre se ha hablado de la «mano relojera femenina», porque su paciencia y meticulosidad es perfecta para el oficio. De hecho uno de los tres únicos maestros relojeros que montan el GrandMaster Chime es una mujer. En una pequeña habitación había cuatro mujeres puliendo piezas, canteando ruedas, lustrando piñones, todos de tamaños extraordinariamente reducidos. Y recordemos que en la manufactura Patek Philippe absolutamente TODAS las las piezas se decoran por ambos lados, tanto si son visibles como si no.

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Esas labores las hacían con unas máquinas equipadas con discos de madera de boj -porque el metal sería demasiado agresivo para piezas tan pequeñas-. Pues bien, esos discos se los diseñan y cortan las propias operarias, que saben qué grosor deben tener. Más aún, saben cuando el trabajo está hecho sólo con el tacto y oído. Es decir, según dicen ellas el roce entre la madera y el metal llega un momento en que se siente de manera distinta, y ahí paran. Es increíble cómo en una pequeña habitación de unas enormes instalaciones estas mujeres están replicando el puro arte relojero. Lo maravilloso es cotidiano para ellas.

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A lo largo del recorrido fuimos pasando por las distintas secciones encargadas del ensamblaje de los relojes, de los más sencillos a los más complicados. En un mundo ideal uno se pasaría días en cada sección, pero el hecho es que los relojeros realizan su trabajo en estancias cerradas por las que pasas de largo entre suspiros y gestos de admiración. Sin embargo sí pudimos visitar una interesantísima sección: la de restauración.

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Y es que en la manufactura Patek Philippe se tiene el orgullo de que pueden reparar cualquier reloj propio, sea de la época que sea. Aunque el reloj esté documentado en planos, muchas veces el estado de deterioro es tal que obliga a fabricar piezas nuevas, o al desmontar piezas viejas se rompen, o hay que romperlas obligatoriamente por la forma en que fueron creadas y ensambladas (o pegadas, como era habitual). Patek conserva un ingente número de piezas antiguas, muchas de ellas en sus envoltorios originales, de manera que cuando las ves estás viendo historia relojera pura.

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Pero cuando la pieza no existe o no está documentada hay que crearla de nuevo. Es el momento de conocer a Frank Pernet, una de las estrellas del laboratorio de restauración. O LA estrella, diría yo, por su maestría en el uso del arco para manejar el torno y así pulir piezas «de dos en dos micras», como se le oye decir en el vídeo.

Una técnica casi desaparecida en relojería: el uso del arco para manejar el torno y pulir una pieza. En #patekphilippe, por supuesto.

Publicada por Horas y Minutos en Viernes, 29 de julio de 2016

 

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Su caso es el mismo que el de las mujeres que veíamos antes: «Cuando estoy agujereando pivotes sobre el torno todos mis sentidos están atentos. Escucho el metal, oigo cómo cambia el sonido con cada micra, y son mis oídos los que me dicen cuándo está bien, cuando hay que parar». Son oficios en serio peligro de desaparición, algo a lo que Patek Philippe se niega furibundamente. Por ello es que defiende tanto los oficios artesanos, promocionándolos de manera continuada. «Cuando yo llegué, hace 22 años, había dos generaciones. Ahora ya sólo queda una y actualmente estoy formando ¡a dos nuevos torneros!» -dice orgulloso. Aunque su trabajo es de una paciencia y concentración digna del mejor monje hindú, Frank es muy dicharachero y explica con voz queda pero apasionada todo lo relacionado con su trabajo mientras nos enseña todas las fichas de piezas que ha tenido que crear de la nada y que ha ido reuniendo a lo largo de los años.

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Si te paras a pensar, qué cantidad de horas dedicadas a mundos casi -o sin casi- microscópicos para que alguien en algún sitio del ancho mundo vuelva a disfrutar de una pequeña obra maestra mecánica. Hay trabajos y trabajos, y el de Frank, si bien imagino que muy estresante, ha de ser también enormemente satisfactorio. Porque, ¿qué mejor trabajo que volver a dar vida a la belleza?

Como premio final a nuestra visita a esta zona única de la manufactura Patek Philippe pudimos ver los primeros calibres creados por Patek, Czapek & Cie. No cabía mejor fin de fiesta.

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Por cierto que desde la ventana se podían ver los trabajos de construcción de las nuevas instalaciones, que comenzaron el pasado 15 de octubre (como ya reseñamos en este artículo).

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La manufactura Patek Philippe tiene otras instalaciones que ojalá visite algún día, porque de lo que se siente pasión siempre quiere más. Pero en sí este viaje ha sido una de las cumbres en mi vida de aficionado a la relojería. En realidad eso está mal dicho, porque no es mi vida relojera, sino mi vida sin más. Porque las pasiones forman parte de uno mismo y todas las vivencias, con independencia del motivo que las origina, conforman quien tú eres. Sea como fuere no me queda sino agradecer a Patek Philippe su cortesía por invitarme, y particularmente a Virginie Tibau -la voz comunicadora de la casa- que nos acompañó, cuidó, instruyó y guió, siempre con esa sonrisa franca que enmarca sus ojos serenos. ¡Qué privilegio de viaje! Más información en Patek.es.

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